Cultura

CRÓNICAS DE UNA PANDEMIA

De Las Toninas a Disney, la imaginación en tiempos virales

Segunda entrega de una serie de crónicas sobre les intelectuales del mundo y la reflexión del presente.

Lunes 6 de abril | 21:09

En este otoño gris y mediocre como su estación lo indica, la reflexión parece que tiene que salir de la cabeza y quedar registrada. Aquí vamos.

Me resulta muchas veces inconcebible esta realidad que parece ficción, cuando no hay horarios para el trabajo, pero sí mucho más trabajo, mucho más precario y por otro lado, muchos que no tienen trabajo. Cuando no tengo que tomarme los cuatro bondis que me tomo por día, y ya no sé donde dejé la sube. Y en esa subrealidad, donde todo es extraño, no puedo concebir cómo en Estados Unidos, la salud pública sigue siendo ficción. Es la ficción de la ficción.

Yankilandia es para mí algo muy lejano pero cercano a la vez. Será que somos muchos los que no fuimos en los noventa a Disney porque íbamos a Las Toninas, y bue, en el 2000 también; pero no por eso estamos exentos de su universo cultural que consumimos compulsivamente. Miles de cosas cotidianamente me hacen pensar en ese lugar, pelis, sonidos, formas, etc. Leyendo sobre esta situación, encontré el texto que Butler escribió a mediados de mes “El capitalismo tiene sus límites”. La profesora de la Universidad de California en el análisis que hace de la realidad, entre otras cosas plantea que a partir de la crisis sanitaria a nivel internacional, la propuesta de salud universal y pública revitalizó el imaginario socialista.

Y si de imaginación hablamos, o escribimos; no puedo más que pensar en los y las revolucionarias, es nuestro´modus operandi´. La imaginación de ver más allá de lo que da la propia realidad, de ver su potencialidad.

La profunda convicción de que este sistema de explotación no merece salvación, y que un mundo de mierda puede ser otra cosa. En el 34 Trotsky escribió un texto donde ensayaba posibles escenarios si Norteamérica se hiciera comunista. El viejo decía algo así como que los soviets garantizarían el poderío de la clase obrera en su esplendor, primaría la libertad personal y la abundancia compartida, una planificación científica, la economía planificada, la industria nacionalizada, aceleramiento de los ritmos de la producción cultural. La satisfacción más plena de las necesidades de todos y todas, el disfrute de la naturaleza y los mejores avances de la tecnología. Incluso imagina el revolucionario ruso, si en una situación así podríamos enviar a los millonarios a una isla para que hagan lo que quieran (…), sin chistar y sin cortar cabezas.

Butler también se pregunta e imagina posibles escenarios ante la producción y comercialización de una vacuna contra el COVI-19. Entre la xenofobia de Trump o la Unión Europea y la política de los demócratas, pareciera que imaginar un mundo regido por el deseo colectivo de igualdad radical, sin que importen las fronteras nacionales es una opción viable para muchos hoy día. Sin embargo, plantean que hay que esperar, tal vez a las elecciones, tal vez a que todos tengan el mismo deseo, no se sabe.

Pero en momentos de crisis, la imaginación se vuelve más palpable. Por eso, no podemos esperar. Esos supuestos límites que sorprenden a demócratas convenientemente y sólo llevan agua para su molino. La ampliación de derechos, como lo es el derecho a la salud universal y pública y otros, como por ejemplo la inclusión de las agendas feministas en las democracias capitalistas no son suficientes.

A algunos no nos alcanza con la ficción, queremos todo y queremos más.

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