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Red Internacional

Diario de viaje. De Jordania a Palestina, un viaje a Medio Oriente

La Izquierda Diario viaja por Medio Oriente de la mano de Santiago Montag, militante y periodista especializado en esa región de la sección internacional de nuestro diario. Santiago llegó a Jordania cuando comenzaba la invasión rusa a Ucrania. En esta primera crónica cuenta lo que vivió esos días, y relata algunas joyas de su historia y cultura milenarias.

Santiago Montag@SalvadorSoler10

Martes 8 de marzo | 17:38

Hace tiempo planeaba mi visita a al-Mashriq, término correcto para lo que el eurocentrismo llama Medio Oriente. Centralmente con la idea de conocer desde cerca la realidad actual de esta región, además de historia antigua y reciente. Al ser muy vasta la región elegí recortar un poco y apunté al conflicto más popular pero complejo, el palestino. Este proceso es un parteaguas a escala mundial e histórica a nivel geopolítico y entre quienes estamos del lado de los oprimidos.

Cuando compré los pasajes a Jordania allá por octubre, el Estado de Israel aún mantenía las fronteras cerradas por el coronavirus. Saqué los pasajes con los ojos cerrados apostando a que en febrero vuelvan a abrirlas. Apenas comenzó enero Israel lo anunció y sentí gran alivio. Durante aquellos meses además de seguir esta región me dediqué a rastrear las tensiones en Ucrania. Por supuesto en esos meses la prensa internacional pro-occidental o pro-rusa emitían sus visiones exageradas sobre la cuestión mientras que los analistas más centrados sostenían que no habría tal invasión. Todos creímos y quisimos pensar eso. Sin embargo, a dos días de mi llegada a Jordania, la profecía auto-cumplida del establishment norteamericano se cumplió: Rusia puso sus botas en Ucrania. Desde entonces ha avanzando rápidamente hacia la capital, Kiev, y se encuentra rodeando las principales ciudades.

Por supuesto, ante tal hecho histórico nadie puede mantenerse al margen, menos hoy cuando la información llega más rápido (aunque muchas veces son “fake news”) por redes sociales que vía los grandes medios de comunicación. Las calles de Jordania y Palestina hablan, se escucha por todos lados “Ukranía”, “Rusía”, “Harb” (guerra en árabe). Sin embargo, intenté concentrarme un poco en el viaje a pesar de tener la cabeza partida en al menos dos partes geográficas.

La primera parada fue Ammán, la capital del Reino Hachemita de Jordania, hogar de unas 3,5 millones de personas, entre ellos palestinos viviendo en campos de refugiados. La ciudad es enorme, abundan los mercados de productos tradicionales como las kufiyas beduinas, alfombras, telas; así como de alimentos y especias. También hay muchísimas mezquitas. Tres o cinco veces por día la ciudad vibra por la adhan u oración islámica que inunda la ciudad a través de altoparlantes.

La ciudad fue fundada allá en el año 1300 a.C. por los amonitas que la llamaron Rabat Ammon. Luego fue conquistada en el 985 a.C. por el rey David, seguido por los griegos. Un dato curioso es que en el siglo III a.C. la ciudad fue llamada "Filadelfia" en honor del gobernante heleno Ptolomeo II Philadelphos. Así que puedo decir que estuve en la Filadelfia de Medio Oriente.

Tras pasar por manos seléucidas y nabateas, en el 30 a.C. fue conquistada por Herodes el Grande, un gran aliado de Roma. Filadelfia era la más meridional de las ciudades de la confederación de la Decápolis. Consiguió un gran desarrollo gracias a su posición estratégica en la ruta de caravanas comerciales entre Bosra (Siria) y Aila (Aqaba). En el 106 d.C. pasó a formar parte de la provincia romana de Arabia Petrae, en lugar de la de Siria. Su máximo esplendor lo consiguió durante los siglos II y III d.C. En el 614 d.C. cayó en poder de los persas sasánidas, dejando atrás la tutela bizantina, y tiempo después, en el año 635 fue conquistada por los musulmanes. Durante más de mil años perdió importancia hasta que vuelve a aparecer en el mapa de la historia hacia el siglo XIX.

Allí han quedado interesantes huellas de la época amonita, griega, nabatea, romana e islámica que hay que escarbar entre la moderna ciudad. Por ejemplo el antiguo teatro romano en el valle del Wadi Ammán. Tenía capacidad para seis mil espectadores, construido en el siglo II dC, durante el principado de Antonino Pío (138-161 dC). El anfiteatro paso de tener una capacidad de unos 1000 espectadores en la época amonita a casi 5000 en su máximo esplendor con los romanos.

La acustica es impactante, podes escuchar lo que hablan en cualquier parte del lugar. Pero hay un punto específico en el centro de la arena donde el hablante consigue un alcance espectacular sin necesidad de elevar la voz. Al costado se puede entrar al Odeon, una especie de parlamento donde solo accedía la aristocracia, mientras que a lo lejos se puede ver el Templo de Hércules.

El territorio se termina de formar luego de la Gran Guerra tras el reparto entre Gran Bretaña y Francia de la región, cuyo pacto secreto fue revelado por los Bolcheviques tras la revolución, el conocido y ultra citados Sykes Picot. Tras las guerras árabes contra el Estado de Israel concluye la partición del Reino de Transjordania que generó millones de refugiados palestinos.

Mientras la guerra se aproximaba en Ucrania, andaba caminando por Wadi Musa, una pequeña ciudad que está pegada a Petra, la séptima maravilla del mundo. Paso frente a un shisha bar y de repente escucho:

  •  “Hola amigo!” en un español perfecto.
  •  “Marhaban Habibi!” - Contesté lo mismo pero en árabe.
  •  ¿Hablas árabe? - dice sorprendido.
  •  Laa (no), sólo unas palabras.
  •  Bueno, aslam wasaslam (bienvenido), siéntate con nosotros, qué quieres tomar?” - Una pregunta ajustada a la tradición beduina cuando sos recibido en un hogar, las opciones son té o café árabe, ambas son deliciosas, aunque me inclino por la segunda.
  •  Café árabe – respondí.
  •  Muy buena opción, ¿de dónde eres?- pregunta el hispanohablante.
  •  Argentina.
  •  Ah! Maradona, Messi - se ríen - Pero Maradona always.

    Ahí conocí a Rashid un niño yemení que trabajaba de mozo, apenas pude conversar con él pues no hablaba una palabra de inglés. Morochón, con un gesto alegre en el rostro, pero preocupado por mantener a los clientes a gusto. Aunque me volcó el café, tiró el carbón del shisha encendido, y se le cayó la bandeja, le ponía ganas. Por eso Bakr, el dueño del bar, lo mantenía "contratado".

    Gracias a la traducción de sus amigos pude preguntarle algunas cosas. Me contó que vivió la guerra y la pobreza en Yemen, concretamente en Saná, la capital del país controlada por los hutíes, donde vivían con sus papás, y donde su hermano había sido convocado al Ejército. Era muy pequeño, calculo que 11 años. Quizás lo que fue la caída del presidente Ali Abdalá Saleh durante la Primavera Árabe en 2011 sea apenas un cuento para él, y las posteriores consecuencias una forma de vida. De allí escaparon. Sobre Ucrania decía "espero que no haya guerra en Europa pues es muy triste ver como se destruye tu hogar".

    Al otro día fui a conocer la séptima maravilla del mundo nombrada por los griegos Petra, aunque sus otros nombres son Arabia Petrae, al-Batra en árabe o solo Piedra en español. Fue construida por los nabateos, una tribu árabe beduina originaria de la región, cuyo nombre original fue Raqmu Alcanzó un gran esplendor convirtiéndose en capital del Imperio Nabateo. No hay una fecha exacta de su fundación pero se conoce que allá por el siglo 3 a.C., funcionó como un gran centro político y económico de los nabateos.

    Era un nexo comercial entre varias ciudades de la región y punto clave de los caravaneros. Los edificios están curiosamente tallados en la piedra rosa. Algunos de estos frentes son realmente gigantes como el El Monasterio Ad Deir. Varios de estos edificios son templos, tumbas de la élite o aristocracia, también hay acueductos, o anfiteatros. El potencial económico de la ciudad llamó la atención de los griegos. Atacaron la ciudad durante dos siglos, sin embargo fue conquistada por los romananos en el 106 d.C. para luego pasar a manos bizantinas.

    Las conquistas de los distintos imperios fue dando distintas formas a la ciudad, por eso hay distintos tipos de edificaciones a su alrededor como los teatros o parlamentos. Se dice que a partir del siglo VII fue abandona por completo y perdida en la Historia. Según se cuenta fue re-descubierta por un francés explorador (lease espía o un Indiana Jones) disfrazado de beduino en el siglo XIX durante un período en el que los países europeos emergían como estados nación y luego imperialismos tras la firma del Tratado de Westfalia en 1648 y la revolución francesa en 1789.

    El avance del capitalismo, y con él la competencia imperial, llevó a los europeos a explorar nuevas tierras buscando espacios de acumulación capitalista y puntos geoestratégicos. Esta región a manos del Imperio Otomano fue investigada durante todo el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial por los europeos. Occidente la trató como exótica e incivilizada creando diversos estereotipos y construcciones subjetivas de la realidad en aquella región. Aparecieron nuevos sitios arqueológicos y muchas antigüedades fueron robadas por el imperialismo francés e inglés con la excusa de "cuidarlas de los bárbaros". Petra fue parte de ello, hoy está en manos del Reino Hachemita y controlada por los beduinos (los verdaderos pobladores originarios). Ellos intentan sobrevivir vendiendo souvenirs o tours. Varios de ellos son nómadas y viven en tiendas allí. Como la de Ali, el chico que me invito un té, una tradición hermosa.

    Me despedí de Wadi Musa temprano para dirigirme al desierto de Wadi Rum donde vive una enorme comunidad de beduinos devotos a Lawrence de Arabia (vean la película que a pesar de los orientalismos es un joya del cine). Allí las familias me comentaban que la pandemia destruyó la economía ya que la gran mayoría de los jordanos vive del turismo, algo parecido sucedió en Wadi Musa, la principal entrada de dólares al país es por las bellezas de Petra, las ruinas riegas y romanas, y el jugoso aporte de Estados Unidos al Ejército.

    Al dejar el desierto haciendo dedo, ya que coincidió con un viernes día santo para los musulmanes, fui hasta Aqaba. La ciudad se encuentra sobre las costas del golfo con el mismo nombre que desemboca en el Mar Rojo arábigo. Los cortos 26 kilómetros de costa que tiene el país de salida al mar, de los cuales la mayoría están privatizados o se utilizan para puertos comerciales o militares, son un destino popular para las familias de todo el país que se acercan a disfrutar del aire fresco y los bellísimos corales.

    Aqaba fue la primer ciudad en ser conquistada por los británicos durante la Primera Guerra Mundial y pieza fundamental para la campaña contra el Imperio Otomano, que se encontraba en una irrecuperable caída. Allí me encontraba en un hostal esperando que pasen dos días para que se abran las fronteras entre el Estado de Israel y Jordania. Ahí estuve conversando con tres viajeros: un chileno, un tunesino y un jordano mientra mirábamos Al Jazeera que no paraba de transmitir sobre la guerra en Ucrania. Ellos opinaban que ninguno de los bandos está en lo correcto. Pero uno de ellos remarcarba que Estados Unidos es el gran responsable de la situación, y que a Rusia va a sucederle los mismo que a los yankis en Irak en 2003 con respecto a la insurgencia y el rechazo de la población. También responsabilizan a Israel y sobre todo a los norteamericanos por la situación económica en Jordania y todo Medio Oriente que se viene agravando desde el 2001. El tunesino opinaba que Rusia debe respetar la soberanía ucraniana le guste o no y que la OTAN debe actuar con mayor énfasis en el asunto.

    Al otro día tomé mis cosas muy temprano en la mañana para dirigirme al paso de Wadi Araba – Yitzhak Rabin para entrar a Palestina ocupada por el Estado de Israel.


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