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Red Internacional

Pese a que el fiscal Calonje, basándose en una pericia trucha de la Policía Federal, liberó a los cinco efectivos más complicados en el crimen, un informe final de autopsia realizado por peritos de la Corte bonaerense descartó evidencias de ahorcamiento. Además detectó rastros de autodefensa en el cuerpo de la joven de Laprida. Los procesados Núñez, Zelaya, Di Bin, Núñez y Furh nunca debieron ser liberados. El encubrimiento al desnudo. Todos los detalles.

Daniel Satur@saturnetroc

Valeria Jasper@ValeriaMachluk

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Lunes 29 de agosto | 00:03
Imagen Martín Cossarini | Enfoque Rojo

Que un hecho no tenga la cobertura que se merece por parte de las empresas periodístico-mediáticas no significa que no exista. Mucho menos que no sea trascendente. Es lo que sucede con el crimen de Daiana Abregú, ocurrido el 5 de junio en la comisaría de Laprida (al sur de la provincia de Buenos Aires) y al que el Gobierno de Axel Kicillof (con ayuda de funcionarios nacionales) y parte del Poder Judicial quieren hacer pasar como un “suicidio”.

El caso preocupa sobremanera a la gestión provincial del Frente de Todos. Pero no para llegar a la verdad y la justicia, precisamente. De hecho el lunes 22 en varios despachos de la Gobernación y, sobre todo, del Ministerio de Seguridad, se festejó como un logro propio la decisión del fiscal de Azul Juan Ignacio Calonje de liberar (tras un mes detenidos) a la oficial imaginaria Vanesa Núñez, a la sargento Juliana Zelaya, al oficial Leandro Furh, a la oficial subayudante Pamela Di Bin y al oficial inspector Adrián Núñez.

Como se relató en detalle en otra crónica de La Izquierda Diario , el plan de encubrimiento no escatima gastos ni recursos. Desde el ofrecimiento de pagarle el velorio a la familia (así Daiana terminaba lo más rápido posible en el cementerio) hasta la intromisión ilegal de un expolicía y abogado en pericias truchas que el fiscal da por ciertas, los engaños y maniobras de comisarios y funcionarios exceden la capacidad de relato en estas líneas.

Sí podemos hablar acá de la incomodidad de Sergio Berni, del nuevo informe pericial que pone en jaque la coartada del “suicidio” y de cómo una primera autopsia mal hecha y mentirosa su quiso usar como arma de impunidad.

La familia de Daiana Abregú marchó el viernes en La Plata junto a otros familiares de víctimas del gatillo fácil y la violencia estatal | Foto Enfoque Rojo
La familia de Daiana Abregú marchó el viernes en La Plata junto a otros familiares de víctimas del gatillo fácil y la violencia estatal | Foto Enfoque Rojo

Las peleas del ministro

“En este momento tan delicado, nos convoca la injusticia que estamos viviendo los argentinos”, escribió el último jueves, por Twitter, Sergio Berni. No se refería al caso de Daiana Abregú, sino a la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner, quien hasta hace minutos había sido su jefa política por más de tres décadas.

Dos días antes sí había hablado de Daiana. Fue en medio de una entrevista con Luis Novaresio en LN+. Allí, sin que el periodista se lo preguntara, el ministro sacó el tema con especial interés de dejar en claro su posición.

“Mire lo que nos pasó, lamentablemente en Laprida un día amaneció en una celda una chica ahorcada, se hizo las pericias (sic), se determinó que había sido un suicidio, vino la Comisión de la Memoria, presionó, presionó, presionó y la Justicia puso presos a cinco policías acusados de homicidio, de manera totalmente injusta”, relató con ojos vidriosos.

Agregó que en una segunda autopsia “se omitió poner datos para avalar la postura del fiscal”. Se refería a la reautopsia ordenada por el fiscal Calonje tras el pedido de la Comisión Provincial por la Memoria (querellante en la causa junto a la familia Abregú). Ese análisis estuvo a cargo de peritos de la Asesoría Pericial de La Plata, dependiente de la Corte Suprema de Justicia provincial. Y su informe desautorizó de plano las conclusiones de la primera autopsia, realizada por la propia Bonaerense.

Como se relató en detalle en otra nota de este diario, el lunes 22 el mismo fiscal que había detenido a los cinco policías terminó liberándolos tras recibir un informe de la Policía Federal (que él había encargado). Calonje quería un cotejo de ambas autopsias a fin de determinar cuál estaba en lo cierto. Sólo ante la exigencia de las querellas, aceptó que peritos de parte pudieran participar de esa pericia. Pero el informe final no lleva sus firmas. Dándoles la espalda a los peritos de las partes, la Federal sacó conclusiones distorsionadas, con “evidencias” no científicas y acordes al relato de la Bonaerense. Obviamente, dijeron “suicidio”.

Berni le dijo a Novaresio que “después de mucho pelear, esos cinco policías salieron en libertad. En la Argentina la Justicia no tiene que joder a nadie”. Sin proponérselo quizás, el ministro confesó aquello que este diario viene denunciando: que tiene una pelea común con los sospechozos de un crimen atroz, contra la familia de una joven muerta en una comisaría. Y también contra organismos de derechos humanos.

Ministros de Seguridad Aníbal Fernández y Sergio Berni | Foto Gobierno de la provincia de Buenos Aires
Ministros de Seguridad Aníbal Fernández y Sergio Berni | Foto Gobierno de la provincia de Buenos Aires

¿Un acuerdo con Aníbal Fernández?

Tal como lo hizo en otros casos, el ministro recurre a cuanto contacto (institucional o clandestino) tiene en el Estado y otros ámbitos para intentar torcer determinados hechos (o al menos las interpretaciones sobre ellos). De allí que probablemente supiera con varios días de anticipación los resultados finales de la reautopsia hecha en La Plata, que incluye diversos estudios complementarios. Seguro también sabría que el informe de la Asesoría Pericial de la Corte con esos resultados estaba al caer en la Fiscalía de Calonje, lo que efectivamente sucedió este viernes.

¿Será por eso que la Policía Federal, en un hecho irregular, engañoso y hasta violando los códigos procesales penales de la nación y la provincia, a principios de la semana le mandó al fiscal su propio “informe final” del cotejo de las dos autopsias? ¿Las erráticas conclusiones científicas de la Federal, funcionales al relato policial bonaerense, son producto de la improvisación a contrarreloj?

En efecto, el jueves 25 el cuerpo de peritos de la Corte Suprema envió a la Unidad Fiscal Especializada en Violencia Institucional de Azul, a cargo de Calonje, su informe final de la reautopsia. Con las firmas de María Andrea Noms, Rubén Neme y Claudia Becerras, sus resultados son lapidarios para la coartada de los funcionarios con y sin uniforme.

La familia de Daiana Abregú marchó el viernes en La Plata junto a otros familiares de víctimas del gatillo fácil y la violencia estatal | Foto Enfoque Rojo
La familia de Daiana Abregú marchó el viernes en La Plata junto a otros familiares de víctimas del gatillo fácil y la violencia estatal | Foto Enfoque Rojo

Asfixia por sufocación

Según se afirma en el propio informe final (al que este diario tuvo acceso), la reautopsia se realizó bajo los preceptos del Protocolo de Minnesota (sugerido a nivel internacional en casos de violencia por parte de las fuerzas del Estado). Algo que, previsiblemente, no se hizo en la primera autopsia a cargo de la médica Claudia Ochoteco de la Asesoría Pericial de Azul.

Tras diversos estudios (radiografías, informes radiológico, histopatológico, químico y odontológico, fotografías de la reautopsia e imágenes digitalizadas), los peritos concluyeron en que la muerte de Daiana Abregú se produjo “a consecuencia de un edema hemorrágico pulmonar a partir de un síndrome general asfíctico provocado por una asfixia mecánica por sofocación”. El supuesto ahorcamiento, descartado.

Para llegar a esa conclusión se hicieron diversos análisis y estudios. En prácticamente todos los ítems las conclusiones fueron opuestas a las de la primera autopsia.

Cuello indemne y sin surco

Una de las principales confirmaciones es que al momento de la muerte el cuerpo se encontraba extendido en el suelo, boca arriba y con la cabeza inclinada hacia la izquierda. Una posición muy diferente a la que dice haberla encontrado la oficial Vanesa Núñez, colgada de la reja del calabozo. En la primera autopsia se dijo que, al momento de morir, el cuerpo estaba suspendido.

Se confirmó que en la primera autopsia no se estudió como se debía el cuello de Daiana. Sólo se extrajo una pequeña muestra de tejido para ser analizada. Siendo la zona central de análisis de acuerdo a la hipótesis sugerida, no se hicieron pericias básicas. Sin embargo, se afirmó sin más que había surco de ahorcadura.

De haber estudiado el cuello en todas sus partes, en la primera autopsia se habría corroborado que, tal como dice la segunda, la laringe, la faringe, los músculos esternocleidomastoideos, los paquetes vásculo-nervioso y el plano pre y paravertebral estaban intactos. Que en el hueso hioides no había lesiones óseas y que, al igual que los otros cartílagos laríngeos, estaba indemne. Que la vía aérea superior estaba limpia y la lengua intacta.

Ni siquiera el surco de ahorcadura existe. “No se observa ningún surco o marca en el cuello”, definen los peritos de La Plata. En cambio “sí se observan escoriaciones, algunas sangrantes, en la zona del cuello, que podrían ser compatibles con lesiones de defensa”. Y recuerdan que esas escoriaciones (invisibilizadas en la primera autopsia) también fueron descritas por Omar Baquini, el primer médico que vio el cadáver después de que desde la comisaría llamaran al Hospital Muncipal diciendo que una detenida “se había ahorcado”.

Al analizar el tejido del cuello, la autopsia policial dijo que la “impronta con cambios morfológicos” hallada en la piel es compatible con un surco de ahorcadura. Para los peritos de la Corte, según escriben en su informe final, una “impronta sería una marca superficial en este caso, no un surco ya que no hay aplastamiento de las capas de la piel”.

La campera

Según el relato de los policías Daiana se ahorcó con su propia campera de jean atándola a los barrotes de no más de un metro de altura del calabozo. Pero no hay registros ni documentación que certifiquen que el cuerpo realmente estuvo colgando de esa prenda. El informe final de la Asesoría Pericial de La Plata despeja dudas. La campera, que sólo aparece fotografiada sobre el cuerpo de Daiana en el piso, está extendida y “sin aspecto de haber sido nunca un dogal”.

Para los peritos de la Corte, si se usa “ropa, géneros o elementos de tela, con superficies amplias” con fines de ahorcamiento, “por lo general deben ser plegados o enrollados sobre sí, en su totalidad, abarcando amplias áreas cutáneas del cuello para conformar un dogal con un sistema de ajuste y deslizamiento si se pretende una ahorcadura, ya que de lo contrario no hay presión sobre el cuello. La tela de jean como la de esta campera dejan en las compresiones marcas apergaminadas que dibujan la trama de la tela. Hecho que no ocurrió en este caso”.

La campera de Daiana Abregú "peritada" por la Policía Federal
La campera de Daiana Abregú "peritada" por la Policía Federal

Autopsia mal hecha

Para terminar de confirmar que la primera autopsia, además de lanzar conclusiones equivocadas, estuvo mal hecha, los peritos de La Plata detallan que en Azul “los huesos de base de cráneo no fueron examinados”. Tampoco el corazón. Es decir que se omitieron análisis centrales. Y a la vez se ningunearon evidencias como los moretones en la mano izquierda y en la espalda de Daiana, incompatibles con un ahorcamiento suicida.

Hay un detalle no menor, sobre el que hubo dudas desde el principio y el informe final se los peritos de la Corte hace definiciones. Se trata de la presencia de alcohol y sustancias en la sangre de Daiana. La joven fue detenida al amanecer, cuando salía de un boliche de Laprida. No era extraño hallar en su cuerpo restos de lo que consumió. La primera autopsia marcó que había 1,09 gramos de alcohol por litro de sangre. La segunda marcó 1,10. A su vez se encontraron restos de un anticonvulsivo que, si se mezcla con alcohol, puede provocar somnolencia, letargia y alteraciones respiratorias.

En el informe manipulado de la Policía Federal (que usó el fiscal para liberar a los policías) se dijo que “los resultados de análisis toxicológicos no demuestran, en principio (además de pruebas testimoniales y médicas) que la víctima se hallara bajo los efectos de intoxicación etílica al punto de afectar el nivel de conciencia”. El dato les sirve para fundamentar la idea de que Daiana se suicidó tomando una decisión consciente y sin titubeos.

Pero desde la querella tienen una visión diferente. Para la perita de la familia de Daiana, Virginia Créimer, el nivel de alcohol en sangre que tenía el cuerpo de Daiana configura “un cuadro etílico”, teniendo en cuenta que era una mujer de estructura pequeña. Y que ese cuadro prácticamente convierte en imposible “la motricidad fina como para realizar los presuntos nudos con su campera de jean sobre la reja”.

En su informe pericial, que aportó en las últimas horas a la causa, Créimer considera indispensable la realización de una “autopsia psicológica” de Daiana para evaluar cómo era su vida, sobre todo en el último período. Con esos “antecedentes vitales” se puede determinar si había o no trastornos, estrés u otras afecciones de su salud mental. “El uso de esta herramienta resulta fundamental para desarrollar el perfil criminológico en un caso como éste”, afirma la doctora Créimer.

Deben volver a estar presos

Con los informes de Créimer y de Ariel Rossi (perito de la Comisión por la Memoria) y habiendo conocido el informe final de la Asesoría Pericial de La Plata, las querellas le exigieron formalmente al fiscal Calonje que declare “nulo” el informe de la Policía Federal, no sólo por sus conclusiones “científicas” insostenibles sino “por la extralimitación en la labor de los peritos” de esa fuerza nacional, “que se apartaron de lo requerido” y boicotearon la tarea de los peritos de parte.

Caída la coartada orquestada por quienes defienden a los policías, ¿qué va a hacer ahora el fiscal Calonje? ¿Va a retrotraer su decisión de liberar a los cinco máximos sospechosos de haber cometido uno de los crímenes más atroces y que tienen la mayor condena de la jurisprudencia internacional, tal como lo es el asesinato de personas indefensas, en lugares de encierro y por parte de agentes estatales? ¿Qué otros artilugios les quedan a los abogados del Ministerio de Seguridad y a sus colegas Rubén Adrián Fernández y César García, defensores de la banda de policías?

En una reciente entrevista para el sitio Infobae, Sergio Berni se jactó de sus éxitos en casi tres años de gestión en el Ministerio de Seguridad. Y tiró fruta disfrazada de estadística. “Casi el 95 % de los homicidios que se producen en la provincia de Buenos Aires los resolvemos en las primeras 72 horas, algo prácticamente inédito”, sentenció. ¿En el 5 % restante contará a Daiana Abregú? ¿Cuántas víctimas más de la violencia estatal, con responsables materiales y políticos impunes, integran ese conjunto de homicidios no “resueltos”?

Berni, de mínima, debería ser citado a declarar en la causa para explicar muchas de las acciones llevadas a cabo por jerarcas de su ministerio, comisarios y oficiales. También debería declarar en las causas de Facundo Astudillo Castro, de Brandon Romero, de Tehuel de la Torre, de Alejandro Martínez, de Lucas Verón, de Alan Maidana, de Francisco Cruz y de tantas otras víctimas del accionar de su Policía. En algunas debería dar declaración testimonial. En otras, sin dudas, indagatoria.




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