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Escritura creativa.Cuento: "Nunca había opinado sobre dietas para encajar"

Entrar a un nuevo trabajo, puede ser entrar en un nuevo mundo. Historia de una secretaria desde adentro del mundo corporativo.

Soledad FloresPeriodista y escritora

Viernes 2 de abril | 16:08

Una vez le dijo a una compañera que el trabajo para ella es algo que le permite hacer otras cosas. No le importa mucho de qué cosa trabajar, siempre y cuando sea en buenas condiciones y tenga tiempo para dedicarse a lo que realmente quiere. Elisa, la otra secretaria, frunció las cejas.

  •  Nori cumplió diez años de antigüedad. Si en diez años yo sigo sentada en este escritorio, mátenme - le contestó.

    Elisa trabaja para pagarse la carrera en una universidad privada y vive con sus papás. A quien no le ha tocado girar de trabajo en trabajo, atornillarse al escritorio de una oficina puede parecer una perdición. Para quien tuvo 15 trabajos en 10 años, como Noelia, 10 años de antigüedad en el mismo puesto, es algo que no cabe en la imaginación.

    ***

  •  ¿Y cuáles son tus miedos? Algún miedo tiene que haber ¿Qué te asusta del mundo corporativo?

    La psicóloga del preocupacional hurgaba desde hacía 40 minutos para tratar de encontrar el hilo que desata la máscara. Ya la había sometido a varias preguntas con la puntería afinada, directo hacia aquellos aspectos del CV que daban cuenta de alguna consistencia: ¿Por qué no ejerciste nunca el periodismo? ¿Por qué no terminaste la carrera? ¿Por qué renunciaste al empleo anterior? ¿Por qué te viniste a Capital sin trabajo? ¿Por qué no publicás lo que escribís?

    Noelia había respondido todo con demasiada seguridad. Había practicado muchas veces. Quería dejar de mulear en comercios de cuarta, fregar en cocinas inmundas o satisfacer caprichos como "no te olvides de pasarle la aspiradora al zócalo". Ya había pasado dos entrevistas previas, con la de recursos humanos y con su futuro jefe. No la podía cagar con la psicóloga.

  •  Tengo miedo de no encajar - fue la única respuesta que le dio y que no tuvo que pensar.

    ***

    Noelia piensa con la taza de café en la mano. Siente que la falta de sueño se le nota en la cara. Elisa acaba de pasar por su escritorio a saludarla. Son las 9 de la mañana. Noelia le dijo que pasó una mala noche, que no pudo pegar un ojo. Sabe que pasará las próximas 9 horas con ganas de despatarrarse arriba del escritorio.

    Para la hora del almuerzo ya había ido tres veces hasta la máquina de café. No le gusta hablar mucho con sus compañeras, pero cada tanto se acerca a comer con ellas. Ya eran más de las 13.

  •  Los palmitos provienen del cogollo de la palmera - leyó en Google y evacuó la duda surgida en la conversación del almuerzo.

    El tópico del día: dietas. Uno de los más frecuentes junto con “ropa” y “viajes”. Era lunes, estaba ahí, trató de ponerle onda. Cuando develó el dilema del origen del palmito se encontró con esa incomodidad, de no poder decir que para ella, hasta ese momento, cogollo había uno solo.

  •  Yo sé que se le llama cogollo a la marihuana- acotó una secretaria.
  •  No sé, ni idea, no conozco muchos fumancheros - le respondió otra.

    La palabra fumancheros en boca de su compañera la indigesta.

  •  Ay, me agarró una modorra... - suelta y se levanta para retirarse con el último bocado.

    Se va a lavar el tupper. No se imagina qué pasaría si les contara que la noche anterior, con Matías, se fumaron las últimas flores que le quedaban.

    Se da cuenta de que le duelen las piernas y recuerda la voz de Matías, en su departamento de Once.

  •  Bien cogida… - le dijo cuando eran más de las tres de la madrugada y llevaban varias horas de acción. En ese momento, el clímax de la noche, pensó en lo que iba a pasar:
  •  Bien cogida y mal dormida voy a estar mañana en la oficina - le respondió y estallaron de risa los dos.

    Ya son cerca de las 17. No tiene mucho que hacer en el escritorio, más que esperar la hora de irse. Una abogada de larga trayectoria en el estudio y su secretaria ya no tienen mucho que hacer tampoco y conversan a sus espaldas.

  •  ¿Cómo vienen los preparativos? - pregunta la jefa.
  •  Re bien, ayer terminamos de ponernos de acuerdo en el diseño de las invitaciones. Con el trabajo que me dio esto, no sé cómo voy a hacer para elegir el vestido te digo…
  •  Bueno pero tenés tiempo para terminar de definir todo… lo importante es que ese día todo tiene que ser como lo proyectes vos.

    Recién después de 15 minutos más de charla sobre ideas para la decoración del salón, el servicio de catering, el DJ y las damas de honor, la conversación ganó profundidad.

  •  Pensar que antes los matrimonios se arreglaban entre las familias…. Te mostraban una foto y te decían "con este te casás".
  •  Sí, por suerte las cosas han cambiado. A mi marido lo elegí yo.

    ***

    Ahora tiene que trabajar con tacos y maquillada. Para zafar hasta cobrar el primer sueldo, sus amigas le regalaron sandalias y dos camisas.

    El primer día trató de “usted” a un jefe por primera vez en la vida. El segundo día demoró 20 minutos en planchar una camisa. Puteó ni bien llegó al ascensor del edificio y vio nuevas arrugas en el espejo.

    Nunca había sentido vergüenza por no saber inglés. Nunca había lamentado no tener el título universitario. Nunca había deseado que no le gustara nadie del trabajo. Nunca había confiado menos en la simpatía de la gente. Nunca había opinado sobre dietas para encajar. Nunca creyó que en su primer trabajo en blanco se sentiría más incómoda que cuando la precarizaban.

    ***




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