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Red Internacional

ESCRITURA CREATIVA.Cuento: "Espejito, espejito, decime ¿quién está ahí adentro?"

Combatir la opresión, para las mujeres, es muchas veces una batalla con la propia memoria.

Soledad FloresPeriodista y escritora

Viernes 12 de marzo | 09:44

Entraba y salía del chorro de agua, frenéticamente, a veces encarando con el pecho y otras con la espalda. Se llenaba de agua caliente la boca y la largaba sucesivamente, mientras se fregaba con la esponja. Iba promediando la ducha. Hasta el momento no había parado de pensar en la vecina de abajo y en la furia que le generó la última vez que tocó el timbre.

  •  Hola, ¿les puedo pedir que dejen de zapatear en el suelo, o sea en el techo de mi habitación?

    Debajo de la ducha en la que quería relajarse, un diálogo imaginario con la vecina, en una hipotética próxima vez que vuelva a tocar el timbre, se llevó buena parte del momento. A la siguiente parte del momento se la llevó Aguirre. Cuando tomó nota de su furia interna con la vecina, decidió cambiar de tema. Eligió pensar en él, mezclando lo bueno con lo malo, lo que la hirió y lo que lo extraña.

    Salió de la ducha. Llevó a cabo todos sus rituales. Crema para la cara, otra crema para el cuerpo y crema para el pelo. Se vistió y recordó que tenía para estrenar crema de cannabis. Se sentó y se la pasó por las partes más contracturadas del cuello y la espalda a las que pudo llegar.

    Había fumado mucho porro y había puesto rap para escuchar mientras se vestía. Ritmo y poesía. Letras milimétricamente calculadas. Cuando terminó de peinarse se puso a elongar.

    No sabe por qué caminos de la mente pasó de la furia por el recuerdo de la vecina, a la tristeza por la situación con Aguirre y de esa tristeza a un recuerdo de la adolescencia.

    Una noche, cuando se rescató, tenía un flaco encima y le decía "pará, pará". Estaba totalmente borracha. Dio tantas vueltas sin poder discernir si daba o no lo que estaba haciendo, que el flaco eyaculó afuera y se metió rajando al baño. Salió y volvió a acostarse al lado suyo.

  •  Me hiciste esperar mucho…

    Ella sintió que tenía que enmendar un error y se la empezó a chupar. No se le volvió a parar. Menos, después de que la abuela dueña de esa casa, abriera la puerta del lavadero en el que habían tirado el colchón después de la fiesta. La señora la vio desnuda y en cuatro chupándole el miembro flácido.

    Terminó de elongar bien espalda y piernas. Se sentó en la silla frente al espejo del tocador del cuarto. Durante minutos estuvo con los ojos cerrados, la espalda derecha y apoyada en el respaldo. Apoyó las palmas de las manos en los muslos. Sintió en cada parte del cuerpo una especie de hormigueo suave que la recorría. Creyó sentir su circulación.

    Las historias de los raperos salían del parlante. "Yo sé que usted me quiere pero sigo enamorado de la calle". Se concentró en la voz grave del chico que rapeaba su miseria y los bum bum bap de la pista, jugaron en su cerebro el papel del tic tac de un reloj.

    Cíclicamente empezó a pensar en Aguirre, en la tristeza de la discusión y en muchas escenas sobre las que nunca había reflexionado, más que para sentir asco y vergüenza de sí, en una época no tan lejana en el tiempo.

    Abrió los párpados. Se vio en el espejo. Se miró fijo a los ojos chinos. Empezó a verlos borrosos, muy negros y dilatados. Se veía la mirada transfigurada. Y a la vez sentía que ella misma, desde adentro de la cabeza, se separaba de esa mirada.

  •  ¿Vos querés descubrir algo?

    La voz interna -o la chica de ojos transfigurados en el reflejo- la paralizó con la pregunta. Parpadeó, se levantó de la silla y evitó durante varias horas los espejos.




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