Géneros y Sexualidades

FEMINISMOS

Cuando se rebela "el sexo débil"

A propósito de las mujeres que protagonizan la lucha por tierra para vivir y el papel del feminismo de Estado.

Andrea D'Atri

@andreadatri

Martes 3 de noviembre de 2020 | 18:03

Foto: J. Linero (Enfoque Rojo)

Ustedes eran muy chicos, pero hubo una época en la que periodistas y poetas se referían a las mujeres como "el sexo débil". Hace tiempo que no se dice ni se escribe; muchísimo menos se imagina siquiera desde que las mujeres -mayoritariamente, aunque no solo- ocuparon las calles contra la violencia machista y los femicidios para que no haya Ni Una Menos o las pintaron de verde para que el aborto sea legal.

Las mujeres también supieron auto-organizarse con sus vecinas y vecinos y tomar las tierras baldías de aquí y allá para garantizarse el derecho a la vivienda que les niega el Estado. Y también fueron primera línea cuando hubo que resistir la feroz represión de ese Estado que se presenta en comprimidos orales de falsas promesas y en dosis inyectables de ejércitos policiales de ocupación.

Y he aquí que el feminismo de Estado -incluso hasta el que repudia a su caricaturesco ministro militar- cumple un pequeño pero no menos importante papel en la (re)construcción de ese viejo estereotipo de que las mujeres son "el sexo débil": para las políticas "de género", las mujeres del pueblo pobre son base clientelar, beneficiarias pasivas, víctimas predestinadas a ser salvadas por el Estado. Pero no sujetos que toman su destino en sus propias manos.

Es que mostrar su coraje, su valentía y su abnegación en la lucha por sus derechos representa una contradicción para el Estado, porque esa lucha -tarde o temprano- es contra él. Cuando esto ya es inocultable, el Estado con sus amigos de la prensa adicta (¡y a veces, hasta el feminismo institucional) pasa a acusar a las "víctimas" de ser politizadas. Demasiado politizadas, demasiado.

Quizas sea necesario mostrar, permanentemente, a las mujeres como clientas, beneficiarias y víctimas, para que el feminismo que antes fue "popular" hoy pueda justificar su integración a las instituciones del Estado y dormir con la conciencia tranquila.

para las políticas ’de género’, las mujeres del pueblo pobre son base clientelar, beneficiarias pasivas, víctimas predestinadas a ser salvadas por el Estado. Pero no sujetos que toman su destino en sus propias manos

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De este otro lado, la solidaridad con las mujeres del pueblo pobre que luchan por sus derechos junto a sus pares, empieza por, se apoya en y colabora con el fortalecimiento de los aspectos más combativos y subversivos (sí, subversivos porque dan vuelta las cosas) de las mujeres en su lucha. Porque si no fuera así, en vez de solidaridad sería caridad, dádiva, beneficio para apaciguar la rebeldía. Y de eso se encargan el Estado y las instituciones que necesitan mantener el statu quo de esta sociedad capitalista.

Las organizaciones sociales y políticas que estamos de este lado, junto a las mujeres que despliegan su enorme fuerza en la lucha por sus derechos, nos negamos a reproducir el paternalismo del Estado. Lo repudiamos incluso cuando se viste de feminismo. Mejor dejamos las metáforas de rebaños, corderos y pastores para los opresores de siempre.







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