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Red Internacional

El 6 de diciembre de 1914, las tropas de Francisco Villa, rancheros, trabajadores y peones de la División del Norte, y los campesinos del Ejército Libertador del Sur de Zapata, desfilaron por las calles de la capital.

Lunes 6 de diciembre de 2021 | 21:51

Zapata había escrito meses antes:

La revolución de fuera, la revolución campesina, está ya en sus umbrales; toca a sus puertas y pronto hará estremecer sus edificios y sus pavimentos con el resonar de los corceles y el grito de guerra de los libertadores.
—"A los Habitantes de la Ciudad de México", 24 de junio de 1914.

Sanborns es una cadena de restaurantes hoy propiedad de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos de México. Fundada por los hermanos Walter y Frank Sanborn, tenía por objetivo traer el concepto del diner estadounidense a México. Sus precios son poco accesibles a las y los trabajadores y el apodo de "Sangrons" no cae tampoco del cielo.

Sin embargo, poca gente ha reparado en el hecho de que en sus menúes enmicados, así como en varias de sus paredes en las sucursales que hay por toda la capital del país, estaban adornados de fotografías que retrataban una escena muy peculiar: campesinos de piel morena tostada por el sol, con grandes sombreros de fibra, bigotes relucientes y vestimentas empolvadas por la tierra y los rastros de pólvora y metralla siendo atendidos por meseras de delantales blancos y planchados, disfrutando del bufet de un restaurante. Una escena que no sería retratada sino hasta 1936 del otro lado del Atlántico, en Barcelona, en los hoteles lujosos ocupados por obreros de overol azul de la CNT.

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La peculiar escena corresponde al 6 de diciembre de 1914, cuando las tropas de Francisco Villa, organizadas de la División del Norte, provenientes de Chihuahua, Durango, Zacatecas, Coahuila, Sonora y Sinaloa, desfilaron por las calles de la capital junto a los campesinos del Ejército Libertador del Sur, provenientes en su mayoría de los poblados de Morelos y dirigidos por Emiliano Zapata. Campesinos provenientes de Yautepec, Yecapixtla, Tlayacapan, Oaxtepec, Cuautla, Tepoztlán, Juchitán, así como del cercano Xochimilco.

La comida fue servida en el que había sido por mucho tiempo un símbolo de las clases acomodadas de México: el Palacio Azul de los Condes del Valle de Orizaba, popularmente conocida como la "casa de los azulejos" por la fachada tan particular que tiene. Hasta hacía poco había sido sede del Jockey Club de México.

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El impacto de la escena dejaba patente la irrupción del "México bronco y profundo" y su victoria contra la dictadura de las clases acomodadas, dependientes del capital extranjero, que primero habían sostenido a Porfirio Díaz y después habían orquestado el golpe de Estado de la "decena trágica" contra Madero. Tras cinco horas de desfile, entre vivas y vítores a los generales convencionalistas, quedaba claro que el país en realidad estaba en manos de quienes, como decía Zapata, trabajaban la tierra con sus manos.

La toma de la Ciudad de México, por diversas causas tanto objetivas como subjetivas no significó la eliminación de la opresión y explotación capitalista, pero esas fotografías deberían ser motivo de orgullo para los trabajadores y campesinos del México actual, porque demuestran que es posible vencer al enemigo, para que el día de mañana todos, obreros, campesinos, indígenas, amas de casa, jóvenes, y el resto del pueblo quienes movemos el país, podamos disfrutar los manjares que en su momento eran exclusivos de los porfiristas, cuyos herederos degustan hoy en las calles de Polanco y demás colonias fastuosas de la capital.

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