Géneros y Sexualidades

MUJER TRABAJADORA

Cuando las obreras enfrentamos a la prepotencia patronal

Haciendo un poco de historia reciente, durante el período que se conoció como “sindicalismo de base” se expresaron distintos reclamos y luchas donde las mujeres jugamos un rol destacado. El año pasado se cumplieron diez años de la huelga que me cambió la vida.

Pamela Bulacio

Trabajadora de Kraft- Mondelez Agrupación Bordó - Leonardo Norniella de la alimentación

Miércoles 4 de marzo | 15:28

La participación en la vida política y sindical por los derechos de la mujeres trabajadoras, con nuestros métodos de lucha, puede entenderse como antesala de un proceso más amplio y extensivo del conjunto de las mujeres en la Argentina. Las mujeres fuimos parte de ese proceso llamado “sindicalismo de base”. Teníamos reclamos específicos, reclamos para conquistar derechos de las mujeres trabajadoras.

Por aquellos tiempos, en Kraft, hoy Mondelez, las mujeres fuimos la mecha de un conflicto que duró varios meses. La huelga superó los 30 días. Arrancó con nosotras al frente. Eran los tiempos de la epidemia de la Gripe A. Con asambleas permanentes en cada turno, discusiones tácticas y estratégicas para enfrentarse a esa patronal multinacional, al gobierno de turno que era peronista, al Ministerio de Trabajo, a la embajada yanqui y a todos aquellos que todo el tiempo apostaban a que la huelga terminase lo más rápido posible. Ese proceso significó un despertar a la vida política y sindical para una generación de trabajadores y trabajadoras, que no estaba dispuesta a resignarse y a dejar pasar los 160 despidos. Esa fábrica, que por momentos su composición femenina superaba a la masculina, tiene una historia de lucha donde siempre las mujeres fuimos un actor principal.

Este proceso que fue tan maravilloso que me convenció que la clase obrera puede llevar adelante gestas de lucha y organización que te pasan por arriba y te despeinan. Fue también la antesala de otros procesos significativos en la Zona Norte donde las mujeres marcaron su impronta. Me estoy refiriendo a la Comisión de Mujeres de MadyGraf (antes Donnelley) que supieron organizarse y ayudar a que otras mujeres se organicen; a las obreras de Kromberg que un día coparon la Panamericana con sus delantales lilas. Esa lucha puso en evidencia lo “conflictivas” que podemos ser las trabajadoras cuando nos cansamos de que nos exploten, rompan nuestros cuerpos con trabajos repetitivos y agobiantes, que nos paguen sueldos miserables y muchos etcéteras más. Estas obreras mucho más jóvenes que nosotras pero tan unidas nos demostraron también que la clase obrera se planta cuando no tiene mucho que perder, que sale a las calles cuando se da cuenta que nos está sola, que la acompañan cientos de trabajadores más, cuando ve posibilidades de conquistar derechos y sobre todo porque disfruta de transmitir esa insolencia que la patronal no hubiera sospechado que tenían.

Las mujeres fuimos parte de ese proceso llamado “sindicalismo de base” y fue así que en Kraft la presencia de mujeres en la Comisión Interna permitió dar batallas contra el acoso, algo muy recurrente en fábricas, donde el poder lo tienen los jefes varones. Esto fue posible porque nuestros compañeros se pusieron en nuestros zapatos y comprendieron rápidamente el lugar de desventaja que tenemos nosotras. Con estos hechos pudimos demostrar que las mujeres tenemos la fuerza suficiente para plantarnos frente a quien sea y dar pelea de que la lucha y la organización es el único camino para conquistar nuestros derechos. A su vez, esta situación nos demostró que esta fuerza femenina necesita de la alianza con nuestros compas varones.

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No podemos dejar de mencionar las peleas que dimos las mujeres trabajadoras de la alimentación por recuperar nuestro sindicato de las manos del burócrata de Rodolfo Daer, junto a Katy Balaguer, obrera de PepsiCo, que se convirtió junto con otras compañeras en una referente importante de la pelea por los derechos de las mujeres trabajadoras.

Esta participación en la vida política y sindical por los derechos de la mujeres trabajadoras con nuestros métodos de lucha, puede entenderse como la antesala de esta movimiento de la Marea Verde, que salió a las calles en sus inicios para reclamar bajo la consigna de Ni Una Menos, contra los femicidios y que luego fue avanzando en vestirse de verde, por el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Un movimiento ya lleva varios años, cada vez tiene más adhesión y del cual las mujeres trabajadoras somos una parte fundamental y fundacional.

Este movimiento que traspasó las fronteras nacionales, que así como surgía en Argentina se empezó a desplegar en otras partes del mundo que jamás hubiéramos imaginado. Sin el levantamiento de la población chilena en contra el régimen político de Piñera, donde las mujeres tienen también un rol protagónico denunciando la represión y las violaciones físicas y a los derechos humanos, este movimiento no se hubiera hecho tan internacional. Hoy cientos de miles de mujeres somos parte activa de este nuevo despertar internacionalista.

Algunas por una sensibilidad y otras somos parte de él de manera más consciente. Las mujeres trabajadoras que nos reivindicamos socialistas participamos de este gran movimiento para conquistar derechos democráticos que tienen que ver con decidir sobre nuestros propios cuerpos, pero también lo hacemos porque de estos movimientos tan progresivos van a salir aquellas mujeres que no se van a conformar con las migajas que tiene este sistema para ofrecer, sino que van a ir por todo, por terminar con la opresión y la explotación, por tirar abajo este sistema que nos condena a ser cada vez más pobres, más desiguales, que nos convierte en material descartable.

Las mujeres organizadas de manera consciente, entendiendo quién es el enemigo, cuáles son sus cómplices y en alianza con aquellas mujeres trabajadoras que no tienen nada que perder junto con nuestros compañeros varones somos quienes vamos a tirar abajo el patriarcado y el capitalismo en Argentina y en todo el mundo.







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