Cultura

TEATRO

Terrenal, cuando la exposición de la lucha de clases se vuelve obra de arte

El 13 de diciembre cierra el año de funciones la pieza teatral “Terrenal”, tal vez una de las obras más desafiantes de los últimos años de la cartelera porteña. En Terrenal, Mauricio Kartun logra volcar las tensiones inherentes de una sociedad primigenia, donde las bambalinas de un viejo teatro de varieté se confunden con algún tipo de comunidad primitiva al mejor estilo descriptivo de Engels.

Victoria Darling

UNILA Universidad Federal de Integración Latinoamericana

Sábado 28 de noviembre de 2015 | Edición del día

Fotografía: Fernando Lendoiro

Los hermanos Caín (Claudio Martínez Bel) y Abel (Claudio Da Passano) son los personajes centrales, quienes luego de conversaciones que derivan en un relato acerca de su trayectoria y presente familiar, se ven interpelados por sorpresa, de repente, por la figura paterna. Tatita (Claudio Rissi), por décadas ausente, relata afanosamente las cualidades del modo en que sus hijos sin saberlo, se apropiaron de la tierra en que viven. Usucapión, de retórica exótica y cualidades liberalmente cuestionables, es el modo de adquirir el derecho a la propiedad que por ocupación o invasión, el Estado reconoce luego de décadas. La usucapión marca el inicio de una de las tensiones más importantes de la obra que no se exime de emitir juicios acerca de lo socialmente correcto, y lo inmoralmente válido.

Así como la usucapión tiene carácter retroactivo, la autoridad de Tatita sobre la vida de los hermanos, también. Caín y Abel se lanzan a la competencia por el afecto y el buen juicio de un dios atípico, tan estricto como popularmente querible, tan justo como libre y por tanto, sujeto al error.

En Terrenal se confunden el origen de los tiempos y el presente, los discursos ensayados y la libre espontaneidad de un árbitro enfiestado. La acumulación y el afán de lucro se vuelven eufemismos, tanto como la ira de un poder que se ríe y, al mismo tiempo, llora por la mediocre ignorancia humana.

La obra es precisa argumentalmente, abigarrada en el lenguaje y quirúrgicamente orientada a la provocación del espectador.

En tiempos de PRO, de debates insanos acerca del porvenir y los rumbos del capital sobre el que montamos, nada mejor que una dosis de mística artística. Quedan tres semanas, el 13 de diciembre es la última función. Se exhibe en el Teatro del Pueblo y las entradas pueden adquirirse con anticipación en Alternativa Teatral.







Temas relacionados

Teatro   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO