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JOHNSON VS. JEFFRIES

Cuando el racismo perdió por nocaut

Cuatro de julio de 1910, Nevada. El primer campeón mundial negro de peso pesado se enfrenta a quien la prensa proclama “la gran esperanza blanca”. Las tensiones sociales rompen las cuerdas y se apoderan del país. El evento pasaría a la historia como “El combate del siglo”.

Martes 26 de enero de 2016 | Edición del día

Esquinas opuestas

“En ninguna guerra, en ningún lugar se ha congregado nunca tal número de escritores e ilustradores”, advertía Jack London, enviado por el New York Herald a Reno (Nevada) para cubrir el acontecimiento deportivo más importante hasta ese momento. Como todos los 4 de julio, en Estados Unidos se conmemoraba el Día de la Independencia pero pocos parecían recordarlo. El “orgullo nacional” se disputaba en el ring. Ni Adams ni Washington ni Jefferson. Ese día, sólo dos nombres ocupaban el imaginario social: Jack Johnson (“el gigante de Galveston”) y James Jeffries (“la gran esperanza blanca“).

Los entretelones de la pelea

En el cuadrilátero no se enfrentaban sólo dos púgiles. Las leyes Jim Crow, que instauraban la segregación racial en espacios públicos, encontraban su contracara en la “barrera de color” que reinaba en la disciplina, y obligaba a los negros a competir en una liga propia.

Esta tradición, impuesta por el primer campeón mundial moderno de la categoría, Jack Sullivan, y continuada por sus sucesores, sería interrumpida recién en 1908. Fue entonces cuando, mediante una feroz campaña, un boxeador negro obligó al campeón blanco del momento, Tommy Burns, a defender su título. Éste hombre fue John Arthur “Jack” Johnson, quien luego de 14 rounds logró una victoria aplastante, que ni la intervención de la policía pudo impedir.

Las tensiones raciales no demoraron. Durante dos años diversos boxeadores blancos contendieron a Johnson sólo para ser abatidos. Aquel sureño pobre de Galveston (Texas), hijo de esclavos, demostraba una y otra vez ser el mayor experto en su arte.

Fue entonces cuando los empresarios del deporte y la prensa volcaron sus ilusiones en James Jackson Jeffries.

El “Gigante de Galveston” contra “La esperanza blanca”

James Jeffries se había consagrado campeón de los pesos pesados en 1899. A pesar de haber sido desafiado por Johnson reiteradas veces, Jeffries había sabido evitar la disputa. “Mientras haya hombres blancos contra los que luchar defenderé mi título; de otro modo, me retiraré” afirmó poco antes de dejar los cuadriláteros en 1905 y dedicarse a la vida de granjero.

Años más tarde, frente a los éxitos del “Gigante de Galveston”, la opinión pública comenzó a presionar al viejo campeón para que retornara al deporte. Inicialmente se negó, apelando a la ya aludida “barrera” pero haciendo alarde de su supuesta superioridad racial. Entonces, Johnson decidió provocarlo. “Cuando un campeón abandona el cuadrilátero es un ex campeón. Bueno, si Jeffries quiere intentar recuperar el título, estoy dispuesto a hacerle frente”, declaró en 1909, e incluso envió a su abogado con una oferta formal.

Luego de que James Corbett, un ex campeón de 42 años –y racista recalcitrante- se propusiera él mismo para “defender a la raza blanca” –lo cual hubiera derivado en un espectáculo humillante-, y acordada una suma millonaria, la “esperanza blanca” cedió.
Aunque Jeffries había pasado cinco años cosechando alfalfa y sin entrenar –por lo que había aumentado 50 kilos-, luego de un breve período de recuperación se mostraba extremadamente confiado y lideraba las apuesta, 7 a 1. El propio Jack London había puesto su dinero en él y no dudaba en explicitar sus inclinaciones. Aunque destacaba las dotes de su contrincante, advertía: “Jim Jeffries, [es] un hombre aún más extraordinario, un gigante pardo, enorme y rudo, de un tipo que seguro era más común en lo días en que el mundo era joven. (…) La suya es una perfección simétrica, fruto del mayor desarrollo orgánico”.

El cronista sí estaba en lo cierto cuando manifestaba que ninguna pelea había sido tan esperada en la historia: “No se ha necesitado una generación, sino dos razas para que exista”, escribió.

15 rounds y van…

“El combate del siglo” –en lo que al ring concierne- duró 15 rounds. Desde el primero, la superioridad de Johnson se hizo evidente. El hecho de que, al decir de London, “jugara y combatiera contra un hombre blanco en un país blanco y ante una multitud de blancos”, no aminoró el impacto del Gigante. Por el contrario, cada grito de desesperación del público, atizaba su fuego. Era más veloz, más fuerte y tenía mejores reflejos que su oponente.

Luego de haber tropezado en repetidas ocasiones, desde la esquina de Jeffries debieron tirar la toalla.

El orgullo negro da la pelea

La esperanza blanca se había desvanecido. Jeffries, otrora pedante y altivo, admitía por lo bajo que nunca había tenido chances reales. Pero las consecuencias de la pelea sobrepasaron, por mucho, al ex campeón.

En menos de dos días, asociaciones pastorales, abogados y gobernadores se unieron para prohibir la transmisión de la pelea en los cines -como era costumbre-, principalmente en los estados del sur como Texas (hogar de Johnson), Virginia, Georgia y Carolina del Sur. Los grandes diarios apelaban a la moral de los niños y a todo tipo de argumentos racistas para sumarse a esta campaña, que contó hasta con el apoyo del ex presidente Roosevelt.

De todas formas, no hubo editorial ni disposición legal que pudiera frenar la ola de disturbios que siguió al “combate del siglo”. Las iglesias de la comunidad negra se volvieron centros de festejo, que fueron atacadas en más de una oportunidad. Diarios como el New York Tribune hablan de mujeres arrestadas por “celebrar excesivamente”; negros linchados en Tennessee, Chicago y Nueva York; otros asesinados sin otro motivo que el resentimiento causado por la pelea. El Washington Herald cuenta el caso de Ellis Washigton, un escritor negro de New Orleans al que un grupo de hombres blancos golpearon hasta la muerte al verlo caminar por la calle. Los casos se repetían en todo el país.

Dos años después, en 1912, se llegó a enjuiciar al propio campeón, Jack Johnson. Se lo acusaba de violar la llamada Mann Act: es decir, de trata de blancas. Nunca se encontraron evidencias. El único cargo del que era culpable Johnson, fue cuestionar la supremacía blanca en un deporte que era el espejo de la sociedad norteamericana.

El combate de todos los siglos

Para 1910 la esclavitud había sido formalmente abolida pero la discriminación persistía en todos los planos: legal, social, político y económico. Tuvieron que pasar más de cincuenta años y la enorme lucha por los derechos civiles para que se derogaran las leyes segregacionistas. Pero aún hoy, no dejan de ser los negros pobres los que se llevan la peor tajada de un capitalismo norteamericano que tiene al racismo como uno de sus pilares. Van muchos rounds en la historia de resistencia contra la explotación y la opresión, que han dado millones de trabajadores y activistas a lo largo de la historia. Todavía está pendiente esa pelea conjunta capaz de dar el golpe de nocaut.







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