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TRAS LA RENUNCIA DEL GOBIERNO

¿Cuáles son las perspectivas del levantamiento popular en Líbano?

Este lunes el gobierno libanés dimitió por la presión de la movilización popular que tomó varios ministerios durante el fin de semana. Macron y las grandes potencias tratan de salvar al régimen con millones de euros.

Jueves 13 de agosto | 00:01

La explosión que asoló la capital libanesa el martes 4 de agosto dejó cerca de 200 muertos y 6.000 heridos según los últimos datos oficiales. Dejó reducido a escombros el puerto de Beirut, donde transita el 70% de las importaciones -planteando un riesgo de escasez de alimentos en el país- y dañó o destruyó más de 8.000 edificios, dejando a más de 300.000 personas en la calle. Si bien abundan los rumores sobre su origen, es bastante claro que están involucradas las 2.750 toneladas de nitrato de amonio almacenadas en el puerto de Beirut.

Originalmente transportado por un buque de carga de basura que hizo escala en Beirut en 2013, este producto, que se utiliza para fabricar fertilizantes y explosivos, fue incautado por la aduana y permaneció almacenado en el puerto desde entonces, a pesar de su peligrosidad.

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Si bien el uso de este producto sin atender a los riesgos que implica, es en sí mismo criminal, su almacenamiento en el puerto durante tanto tiempo sin "medidas de seguridad", lo que fue admitido por el Primer Ministro, Hassan Diab, provocó la ira de la población. Esta es la razón por la que el presidente de la República Libanesa, Michel Aoun, mencionó por primera vez la hipótesis de "un misil o una bomba", para liberar a las autoridades gubernamentales de sus responsabilidades en la tragedia.

"Si el presidente Aoun dice eso, seguro que es mentira"

Estas palabras de un joven manifestante, reflejan la magnitud de la crisis política que atraviesa el país. El sábado, los manifestantes salieron a la calle para que rindan cuentas por la explosión, irrumpiendo dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Medio Ambiente y el de Energía, así como la Asociación de Bancos, símbolo de la corrupción y saqueo del país. The Middle East Eye informó los datos la Cruz Roja Libanesa por la represión: "63 heridos hospitalizados y 117 encarcelados". Bajo la presión de estas manifestaciones masivas cuatro ministros renunciaron el fin de semana, así como una docena de parlamentarios, antes de que el primer ministro anunciara la renuncia del gobierno el lunes con la propuesta de elecciones anticipadas en dos meses.

Es un intento del régimen por salvarse ante la desconfianza generalizada hacia el gobierno, que se expresa en las calles con la certeza de que las instituciones son incapaces de brindar la verdad sobre los responsables de esta tragedia. Las masas suelen confundirse, como lo demuestra el apoyo de parte de la población a la visita de Emmanuel Macron a Beirut tras la explosión, asegurando tener más confianza en el presidente francés y las instituciones internacionales para investigar la situación que en el gobierno libanés. Incluso más de 50.000 personas han firmado una petición pidiendo la vuelta al Mandato Francés del Líbano, o sea una dependencia colonial directa.

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Sin embargo, el voluntarismo mostrado por Emmanuel Macron para recaudar fondos internacionales a través de la conferencia internacional de apoyo celebrada el domingo, oculta bastante mal el verdadero objetivo. Al exigir "cambios profundos" antes del 1 de septiembre, fecha en la que regresará a Beirut", el presidente francés condicionó la ayuda internacional a la realización de "reformas" del sector energético, aduanas y mercados públicos, así como del banco central libanés.

Con el pretexto de luchar contra "un sistema preso de la corrupción organizada", Emmanuel Macron está mirando los pozos de petróleo recientemente explotados frente al Líbano, así como el sector de producción eléctrica, que todavía es estatal y nunca pudo reconstruir la infraestructura destruida durante la guerra civil, al punto que algunos habitantes de Beirut apenas tienen media hora de electricidad por día. Éste es el objetivo del imperialismo. En manos de las grandes potencias mundiales, la lucha contra su corrupción y su negligencia se convierten en el "caballo de Troya" del imperialismo para imponer reformas neoliberales a las clases populares y saquear los recursos del país.

Las divisiones confesionales ya no sirven para salvar al régimen

Desde octubre, las masas populares libanesas se han levantado contra el régimen. El detonante fue el proyecto de ley del gobierno que cargó de impuestos a la mensajería instantánea de Whatsapp y otras aplicaciones similares, que se utiliza para llamadas al exterior –recordemos que la cantidad de libaneses en el extranjero supera cómodamente la población del país-. Con el lema ¡Todos, significa todos!, los manifestantes expresaron el rechazo a toda la clase política corrupta, independientemente de su afiliación religiosa; antes de que dimita Hassan Diab, ya habían presionado al ex primer ministro Saad Hariri para que renunciara en 2019.

Sin embargo, el desafío fue considerable en un país gobernado por un sistema confesional donde los puestos de poder se distribuyen constitucionalmente según la filiación religiosa: el presidente de la república es un cristiano maronita, el primer ministro musulmán sunita y el presidente del parlamento chiíta. Los clanes en el poder derivan su legitimidad de su afiliación religiosa y pasan la antorcha de padres a hijos, como si fueran dinastías reales. Un régimen confesional producido a partir del período colonial, cuando el Líbano estuvo bajo mandato francés desde 1920 a 1943, y los acuerdos de Taëf de 1989 para poner fin a la guerra civil que desgarró el país y dejó al menos 150.000 muertos entre 1975 y 1990.

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La renta, extraída del sector bancario y de los servicios en plena expansión antes y después de la guerra civil, se repartió entre los líderes comunitarios. Las migajas (trabajo, vivienda, asistencia social …) se repartieron a los sectores populares vía redes clientelares a cambio de votos en las elecciones. Un sistema en el que la caridad comunitaria de los notables aliviaba la miseria, al crear un vínculo de dependencia de los asistidos hacia sus "benefactores", que los animaba a ser fieles a ellos y reforzaba la hegemonía del poder en el lugar. Es, por tanto, el estrecho vínculo entre la organización confesional del Estado y el sistema de corrupción clientelista el que proporcionó la base social del régimen y que ahora parece haberse roto.

El cóctel entre la crisis financiera de 2008, las tensiones con el estado colonialista israelí, cuya última agresión contra el sur del Líbano data de 2006, y especialmente la situación de guerra civil en Siria tras la revuelta de 2011, provocó una gran crisis económica, dificultando la capacidad de redistribuir la renta, y debilitando las fuerzas políticas presentes. Incluso Hezbolá, que hasta entonces había gozado de cierto reconocimiento, en relación con su papel en la resistencia contra la agresión militar israelí en 2006, ha demostrado ser un enemigo de los pueblos de la región por su complicidad con el régimen criminal de Bashar Al-Assad que masacró a su propio pueblo.

Macron y el imperialismo saquean al pueblo libanés y son cómplices de la represión

Frente a la crisis, en un Líbano aislado, accesible sólo por mar o por aire, considerado "improductivo", la clase dominante ha seguido una política de emisión de letras del Tesoro con altas tasas de interés, que ha llevado al país a contraer una deuda de más de 80 mil millones de dólares, un 160% del PIB. Los imperialistas se apresuraron a explotar esta ventana para obligar al gobierno a implementar planes de austeridad, privatizar los remanentes del sector público y destruir los derechos sociales de las capas populares. Como la Conferencia CEDRE 2018 celebrada en París, donde los donantes internacionales se comprometieron a pagar $ 11 mil millones de dólares en ayuda al Líbano, a cambio de reformas presupuestarias liberales con consecuencias desastrosas para las masas populares.

Una situación que la pandemia de coronavirus ha profundizado. No sólo desde el punto de vista de la desconfianza de la población hacia el gobierno, dada la debilidad del sistema de salud pública y, en consecuencia, de la gestión de la crisis sanitaria. De hecho, Líbano está experimentando actualmente un pico en la epidemia que evoluciona a un ritmo que duplica el promedio mundial, con 6.517 casos confirmados de coronavirus y 78 muertes hasta la fecha. Pero también desde el punto de vista económico, ya que con la histórica crisis mundial, la deuda pública estaba en el 250% del PIB en vísperas de la explosión, mientras que la libra libanesa había perdido el 80% de su valor, mientras que la mitad de los libaneses ya vivían en la pobreza.

Así, los 252 millones de euros recaudados este domingo por la conferencia internacional de apoyo que preside Emmanuel Macron, son una forma de chantaje del imperialismo para exigir aún más austeridad al pueblo libanés. Sin embargo, a pesar de los anuncios del presidente francés, ni Rusia ni Irán participaron en estas consultas. Lo que explicó el portavoz de la cancillería iraní al afirmar que "la explosión no debe utilizarse como excusa para fines políticos" y que "si Estados Unidos es honesto sobre su oferta de asistencia al Líbano, debería levantar las sanciones”, en referencia a la ley César promulgada por Estados Unidos para sancionar al régimen sirio y a cualquier persona o empresa que mantenga relaciones con él. Tal como Líbano que mantiene relaciones comerciales con Damasco. Estas tensiones entre las grandes potencias revelan la crisis del multilateralismo y la codicia del imperialismo.

Así que no es casualidad que Emmanuel Macron reaccionara tan rápidamente ante el riesgo de perder influencia en el Líbano, que constituye una puerta histórica al Medio Oriente para el imperialismo francés. Además, si condiciona su ayuda al Líbano, es para sacarle un mayor provecho más adelante, en particular asegurándose de poder beneficiarse de los contratos públicos para la reconstrucción del puerto por parte de las grandes constructoras francesas. Los países imperialistas, por tanto, no pueden ser una alternativa para las masas populares, se trata de combatirlos.

¿Qué perspectiva para derribar al régimen?

En este contexto, la renuncia del gobierno y la propuesta del primer ministro Hassan Diab de mantenerse en el cargo mientras se organizan elecciones anticipadas, muestra la debilidad del régimen mientras que al mismo tiempo es una máscara para salvarlo. Estas elecciones seguirían regidas por la constitución actual y mantendrían las divisiones sectarias en las que se basan la corrupción y las desigualdades sociales. Por el contrario, el establecimiento de una asamblea constituyente libre y soberana encargada de hacer realidad las aspiraciones sociales y democráticas del pueblo libanés debe poder unificar a todas las masas populares, la juventud y los trabajadores a la cabeza, mediante la abolición de lo confesional, así como el estatus de “semiciudadano” al que están vinculadas las mujeres y el sistema “kafala” que impone una situación de semiesclavitud a los trabajadores migrantes, no pagar la deuda, nacionalizar el sistema bancario y los recursos del país contra el imperialismo, y garantizar el derecho a la educación, salud, trabajo digno y vivienda para todos.

Por otro lado, la exigencia del pueblo libanés de obtener la verdad sobre la explosión del puerto de Beirut es legítima y debe ser satisfecha mediante el establecimiento de una comisión de investigación independiente del régimen y de las instituciones internacionales imperialistas.

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Finalmente, la lucha por la autodeterminación del pueblo libanés contra la injerencia extranjera disfrazada de ayuda o deuda internacional debe permitir a las masas populares tomar las riendas de su destino, construyendo una organización que represente sus intereses y que permite frustrar las maniobras del régimen y del imperialismo. Si bien, las elecciones anticipadas son un intento del régimen por mantenerse, es poco capaz de frenar la movilización, esto que refuerza la necesidad de construir una dirección revolucionaria del movimiento capaz de afrontar los desafíos que enfrentará. confrontado con. Con esta condición, el levantamiento puede servir de ejemplo a los pueblos oprimidos de la región y del mundo entero para construir el mundo futuro, libre de explotación y opresión.

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