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¿Cuáles fueron las luchas obreras durante el menemismo?

El genocidio a la vanguardia obrera de los 70, se combinó en los 80 y 90 con fuertes ataques económicos, que tuvieron sus puntos fuertes en la hiperinflación, la flexibilización laboral, la privatización y los cierres de fábricas. ¿Qué pasó en los '90?

Martes 15 de diciembre de 2020 | Edición del día

✊🏾 HISTORIA | Luchas obreras bajo el menemismo: TARTAGAL Y CUTRAL CÓ - YouTube

La ofensiva menemista desde la década del 90, se apoyó en un proceso iniciado por la dictadura militar, que tenía el objetivo de aplicar los planes neoliberales en Argentina, infringiendo una fuerte derrota a la clase trabajadora. El genocidio a la vanguardia obrera de los 70, se combinó en los 80 y 90 con fuertes ataques económicos, que tuvieron sus puntos fuertes en la hiperinflación, la flexibilización laboral, la privatización y los cierres de fábricas. Esta ofensiva, a su vez, fue acompañada por un ariete ideológico que aseguraba que la clase obrera como sujeto social, y sobre todo de transformación social, había dejado de existir. Se le decía “adiós” al proletariado, con la consecuente conclusión de que no había alternativa al capitalismo.

Sin embargo, ya desde fines de los 80 y comienzos de los 90, contra esta idea, se desarrolla una importante serie de luchas contra la primera oleada de privatizaciones y regulaciones impuestas por el menemismo, destacándose el sector de telefónicos, ferroviarios, docentes, y algunos importantes conflictos en empresas como Acindar, Somisa, Aerolineas Argentinas, y las fuertes resistencias contra la privatización en el Astillero Rio Santiago y también en Yacimientos de Rio Turbio, que venían de experiencias de organización en los 70.

Sin embargo, quienes desconocieron la acción de la clase trabajadora durante este periodo, se apoyaron en disminuir otro conjunto de “repertorios de lucha” que fueron surgiendo en esta etapa, sobre todo frente a la traición de las burocracias sindicales, el aumento de la desocupación y la articulación de luchas regionales contra los gobiernos locales. Nos referimos al origen de las llamadas luchas “piqueteras” o del movimiento de desocupados, que son parte fundamental de la clase trabajadora en este periodo, destacándose entre otras el “Santiagueñazo” de 1993, y las luchas de Cotral-Co, Mosconi y Tartagal a mediados de la década.

El Santiagazo constituyó el punto más alto de una serie de revueltas (o motines) contra los gobiernos provinciales que pretendían aplicar fuertes planes de ajuste (en particular allí se acumulaba bronca contra la dinastía Juárez que concentraba el poder político y económico en Santiago desde su llegada a la gobernación en 1949). El 16 de diciembre, más de 5.000 empleados públicos salen a la calle desde muy temprano exigiendo la renuncia del gobernador y de otros funcionarios. Allí fueron ocupados e incendiados la casa de gobierno, la legislatura y la sede del poder judicial mientras la policía provincial retrocedía a sus cuarteles y comisarías, el centro de las acciones estuvo protagonizada por los trabajadores estatales que venían realizando varios meses de huelga parciales y generales. La rebelión duró hasta el otro día, cuando el gobierno nacional decide intervenir la provincia, luego de conocer la renuncia del gobernador, y designa como gobernador interventor a Juan Schiaretti, el actual gobernador de Córdoba. Esta acción, pese a sus límites organizativos, fue el puntapié de otros importantes procesos.

Una segunda experiencia estuvo dada por los levantamientos de los trabajadores desocupados en 1996 y 1997 en reclamo de “trabajo genuino”. El primero de ellos tuvo lugar entre el 20 y 26 de junio de 1996 en Plaza Huincul y Cutral Có, y fue la primera gran respuesta dada al aumento exponencial de la desocupación debido al impacto sufrido en la economía local por la crisis del “tequila” y por los procesos de privatización de YPF precedida por la implementación de políticas de jubilaciones anticipadas, retiros “voluntarios” y despidos de trabajadores de la empresa, pese a que la empresa aumentó su producción en ese periodo. Ambas ciudades eran totalmente dependientes del petróleo y por lo tanto la desocupación paso en solo 4 años del 3 al 32%. Frente a esta situación comenzaron a improvisarse los entonces novedosos “piquetes” en la ruta que paralizaban el ingreso a la ciudad. El piquete se fue transformando en una verdadera pueblada a la que el gobierno de Sapag buscó reprimir ferozmente. Ante esto miles de vecinos se congregan sobre la ruta 22. El pueblo resiste con piedras y gomeras el avance de gendarmería, que es sorprendida por la masividad de la concentración, y debe detener su avance. La jueza, presente en el lugar anunciaba que se declara incompetente para llevar adelante el desalojo. Este primer victoria dio lugar a una serie de promesas por parte del gobernador, que las incumplió dando lugar al segundo cutralcazo.

Poco después la acción se trasladaba al norte del país, a Tartagal y Mosconi provincia de Salta, donde a principios de mayo se corta la ruta 34 con el masivo apoyo de la población que se moviliza y también pone en pie una Asamblea Popular. Al mismo tiempo, en Tartagal se da el segundo levantamiento de desocupados junto a despedidos de una empresa de transporte que, con un pliego unificado de reclamos, ocupan las rutas en Salta. Uno de los manifestantes, Aníbal Verón, es baleado por la policía. El hecho se convierte, en una pequeña comunidad del noroeste del país, radicaliza las protestas y las extiende al resto del país, obligando a las centrales sindicales a convocar una huelga de 36hs: se hace retroceder a la gendarmería y a la policía provincial, se ocupan las comisarías, y se toman de rehenes a los policías a los que se le requisan las armas. “La demostración callejera no fue cegetista, sino setentista” decían algunas editoriales de la prensa. En aquellas jornadas se contabilizaban entre 150 y 200 mil a los ‘piqueteros’.

En las “jornadas revolucionarias” del 19 y 20 de diciembre de 2001, y en hechos ocurrido durante los días previos, se expresaron concentradas muchas de las experiencias protagonizadas en los años anteriores. Estas acciones “no cayeron del cielo”.

Algunas reflexiones sobre esto que charlamos: estas rebeliones se desarrollaron en un momento de fuerte retroceso de la clase obrera a nivel internacional con el neoliberalismo. Fueron sobre todo luchas defensivas. Si bien en muchos casos la bronca y enorme combatividad de los manifestantes logró dejar al desnudo a un sistema político corrupto a más no poder; estuvieron muy atravesados por la espontaneidad y la traición de las burocracias sindicales, que se jugaron siempre a dividir a los sectores ocupados y desocupados. Pese a esto, el inicial movimiento piquetero dejo importantes tradiciones de lucha, el “piquete” y corte de ruta como método de protesta, el reclamo de “trabajo para todos” frente al crecimiento de la desocupación (en oposición a lo que luego sería el reclamo únicamente por subsidios), la alianza de distintos sectores sociales (contra la división de las filas obreras) con ejemplos destacados como la lucha común en la fábrica Zanón en 2001, y los incipientes métodos de auto organización que se desarrollaron en esa época.






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