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Red Internacional

Biología, información y cultura.¿Cuál es el origen del concepto de “meme”?

Todos sabemos qué es un meme y pasamos mucho tiempo compartiendolos en redes, pero poco se sabe sobre los orígenes del concepto. Un breve recorrido sobre su origen y su trasfondo teórico y social.

Juan DuarteRedacción Ciencia y Tecnología | tw: @elzahir2006

Miércoles 1ro de septiembre | 12:21

Hoy vamos a tratar un tema un poco más distendido, y de algo que todas y todos conocemos, compartimos e incluso a veces creamos: sí, vamos a hablar de nuestros queridos memes.

Nos hacen reír mucho y pueden ser muy críticos y mordaces. Bueno, a todos nos encantan los memes, pero poco se conoce sobre el origen del concepto de meme. Y un poco porque es un tema que me interesa hace bastante, otro porque me encontré en twitter con un video que ahora les voy a mostrar, y otro porque condensa una serie de problemas muy actuales en la ciencia, se me ocurrió contar de dónde viene.

Bueno, el concepto lo planteó un biólogo y divulgador científico inglés llamado Richard Dawkins (1941), en su libro El gen egoísta, publicado en 1976. ¿Qué plantea este libro? "La hipótesis básica del presente libro plantea que las máquinas de supervivencia, en general, están guiadas por genes egoístas, y que no se puede esperar de ellos, ciertamente, que vean el futuro, ni que tengan presente en su corazón el bienestar de toda la especie."

En otras palabras, que los seres humanos seríamos como robots andantes motivados por nuestros genes. Y que nuestros genes son “egoístas”, o sea que solo buscan reproducirse. Es un ejemplo clásico de la sociobiología, la determinación de lo social por lo biológico. La subjetividad –o agencia– ya no sería un atributo de los seres humanos, sino de nuestros genes, y todo se resolvería por la evolución biológica de “entidades replicadoras”.

Y Dawkins habla de “memes” para plantear una analogía entre evolución genética y cultural, ambas biológicas y por selección natural. Los memes serían “replicadores culturales”, unidades de imitación que sólo buscan reproducirse. Gene, meme. “Ejemplos de memes son: tonadas o sones, ideas, consignas, modas en cuanto a vestimenta, formas de fabricar vasijas o de construir arcos”, dice Dawkins. Y “se propagan en el acervo de memes al saltar de un cerebro a otro mediante un proceso [...] de imitación”. Entonces la clave es la búsqueda del éxito reproductivo, o replicación. De ahí su “egoísmo”: solo buscan eso.

Bueno, Dawkins es una figura muy conocida, muy crítico de la religión, muy buen escritor y creativo para plantear sus ideas. Este es el video que les decía que vi en twitter.

A su vez, entiende que los memes son seres “vivientes” y que “Las computadoras en las cuales viven los memes son los cerebros humanos”. Ejemplos de memes son para el biólogo y divulgador la idea de Dios, o el “fuego eterno”.

Por supuesto, cuando hablamos de meme no le damos el mismo sentido científico que le da Dawkins, sino una definición quizá más descriptiva, que es lo que pasa cuando un concepto científico se populariza, y tiene un uso espontáneo o cotidiano. Pero, si bien el uso cotidiano no implica ese trasfondo conceptual propio del autor, sí hay una trama cultural que hoy tiene mucho peso en ciencia e incluso en la cultura popular que incluye el concepto de información, por un lado, y la del reduccionismo biológico y el determinismo genético por otro.

Para empezar por lo segundo, el reduccionismo biológico y el determinismo genético tiene que ver con reducir la complejidad del ser humano a la pura biología, y en particular a los genes como si pudieran explicar absolutamente todos los fenómenos humanos, desde la religión hasta las preferencias estéticas; y, por otro, el concepto de información, que empieza a tener mucho peso a partir del desarrollo de la cibernética durante y después de la segunda guerra mundial, y da lugar a la idea de que la mente funciona como un procesador de información, como una computadora. Justamente, el desarrollo de la cibernética y la supercomputadoras impulsó a la genómica, que dio lugar al Proyecto Genoma Humano y la secuenciación del ADN.

Ejemplos autóctonos de este tipo de reduccionismo lo podemos ver en Facundo Manes o Diego Golombek, que escribió Las neuronas de Dios, donde plantea entre otras cosas que la capacidad religiosa puede haber sido seleccionada evolutivamente.

En psicología, la metafora de lo mental como procesamiento de información es central para la psicología cognitiva y en la corriente mayoritaria de las neurociencias (hay un sector, minoritario, que intenta no caer en el reduccionismo, con una perspectiva dialéctica, como es el caso de Steven Rose, Suparna Choudoury o Jan Slaby).

Y también está dando vueltas todo el tiempo respecto al tema del transhumanismo, y aparece reflejada en series como Black Mirror (“San Junípero”) o Years and years, que dan vueltas sobre la posibilidad del transhumanismo. En ambas aparece la idea de que la mente humana puede reducirse al procesamiento de información, y la metáfora de la computadora detrás (aunque en Years and years está mejor planteado para mi gusto, de forma más crítica).

Y, por supuesto, desde el planteo de Dawkins, los memes en redes efectivamente se mueven en redes diseñadas para la circulación de información y para vender productos, lo cual no quita que no sean un ámbito de disputas de significados y sentidos culturales.

Críticas desde perspectivas dialécticas

Desde la tradición marxista en ciencia se hicieron críticas muy precisas sobre el trasfondo muy reduccionista y por ende socialmente reaccionario al planteo de la sociobiología de Dawkins y por ende a su concepto de meme. Autores como Steven Rose, Richard Lewontin o Richard Levins pusieron el ojo en estas ideas como parte de la pelea por una ciencia emancipadora y socialmente crítica del capitalismo, una “ciencia para el pueblo” liberada de sus utilización para justificar la explotación y la opresión y generar ganancias.

Un libro clásico en este sentido es No está en los genes, de Lewontin, Rose y Kamin (1984; Crítica, 2009), que se refiere a una “nueva derecha” (neoliberal) apoyada en un “viejo determinismo”, y critican la sociobiología de Dawkins y su teoría de los memes por suponer el desarrollo cultural en términos de evolución de unidades discretas de desarrollo aisladas del entorno social y cultural, como si las ideas, la de Dios, para tomar un ejemplo que Dawkins pone de meme, se impusieran por sí mismas por su “capacidad reproductiva” por fuera de relaciones sociales. Planteos como los de Dawkins en El gen egoísta, señalan, "recurren explícitamente al dogma central de la biología molecular [ADN codifica ARN y éste proteínas] para definir su compromiso con la afirmación de que el gen es ontológicamente previo al individuo y el individuo a la sociedad; y recurren de modo igualmente explícito a un conjunto de conceptos transferidos de la economía desarrollados en la administración de las cada vez más complejas sociedades capitalistas de los años 60s y 70s: conceptos como análisis costo-beneficio, costo de la oportunidad de inversión, teoría del juego, ingeniería de sistemas y comunicación son transferidos descaradamente al mundo natural." [1]. Y al contrario del planteo dualista cartesiano de los "memes" que Dawkins utiliza para intentar salir del determinismo genético, proponen que "la propiedad de ser una mente debe ser considerada como la actividad del cerebro como un todo, producto de las interrelaciones de todos sus procesos celulares con el mundo exterior." Comprender que "poseemos mente y cerebro, somos al mismo sociales y biológicos, es superar estas falsas dicotomías y señalar el camino hacia una comprensión integradora" [2].

Otra obra clave en este sentido es el libro Genes, células y cerebros (2015), editado por Ediciones IPS, de Hilary y Steven Rose, que recorre los orígenes del determinismo genético y de las neurociencias, con su enfoque determinista del legado darwiniano y un concepto de información que contribuyó a la visión reduccionista de la genética y la biología, en beneficio de promesas “prometeicas” de solucionar con biotecnociencias problemáticas sociales, en beneficio del lucro (hay que plantear siempre la pregunta por “quién se beneficia”, señalan siguiendo a Marx).

Tapa de Genes, células y cerebros, de Steven y Hilary Rose, editado por Ediciones IPS.

“En la modernidad, –señalan Rose y Rose– las ciencias de la vida son las que detentan la autoridad para definir la “naturaleza humana” (si bien, dentro de esta universalidad, la biología tiene una historia larga y deplorable de inscribir diferencias jerárquicas en el cuerpo y el cerebro). Desde Darwin, la ciencia como cultura ha intentado explicar nuestro sentido de identidad. [...]. Así, con impulso de la genética, “pronto surgieron genes para explicar todo, desde la criminalidad hasta la compra compulsiva.”

Señalan que el Proyecto Genoma Humano, puntal de este determinismo genético, “en tanto se apoya en una visión intensamente reduccionista de los organismos vivos, lleva incrustada en su propia concepción una visión molecular e informática de la naturaleza de la vida. Los seres humanos, como otras criaturas, deben entenderse reduciendolos a sus constituyentes moleculares. Estos constituyentes, sobre todo el ADN, son descritos como macromoléculas informativas. Simultáneamente con el crecimiento de la biología molecular, el desarrollo de la computación, con las exigencias que plantea a la informática, no solo ha proporcionado la instrumentación técnica y la potencia computacional. También ha proporcionado las metáforas dentro de las cuales se analizan los datos y se crean las teorías. Como suele ser el caso, es Richard Dawkins quien lo expresa con mayor claridad: la vida, insiste, es digital, no analógica. Crick puede haber acuñado la metáfora informática, pero es Dawkins quien la ha llevado a su conclusión lógica.”

Rose y Rose hacen un recorrido crítico sobre las corrientes transhumanistas que se apoyan en las promesas “prometeicas” de la biología (que buscan “mejorar” la especie dentro del sistema capitalista). Sobre Dawkins, por ejemplo, muestran las contradicciones e inconsistencias del determinismo biológico, que plantea teóricamente un determinismo absoluto pero que siempre dejan una puerta de escape, algo que Dawkins plantea sin más fundamento en su libro.

A nivel psicológico, la sociobiología tuvo una prima hermana en la Psicología Evolucionista, que comparte el planteo reduccionista de fondo de Dawkins. La metáfora de la información fue muy criticada por autores como Jerome Bruner: la mente produce significados de forma creativa, y reducirla a procesamiento de información es perder su característica principal, plantea en su clásico Actos de significado (Alianza, 1991).

Desde una perspectiva dialéctica, hay que partir, al contrario del autor de El gen egoísta, de la base de que en el ser humano es una unidad dialéctica de procesos biológicos y culturales entrelazados y determinados a su vez históricamente, y sus producciones mentales y culturales producen sentidos e implican una subjetividad y singularidad que no podemos reducir a la biología. Esta es la posición desarrollada por el marxista soviético Lev Vygotski y su escuela. Los procesos mentales implican instrumentos culturales, tienen sus dinámicas propias y están determinados históricamente (social, económica y políticamente). Siguiendo el planteo de Engels en “El papel del trabajo en la transición del mono al hombre”, que forma parte de su manuscrito Dialéctica de la naturaleza, Vygotski plantea que la mente humana tiene raíces históricas, implica procesos de interiorización de instrumentos culturales de origen social y es irreductible a la pura biología. No somos meros vehículos de tendencias biológicas ni la cultura se comporta por mera evolución biológica: la posibilidad de conciencia y voluntad implica la creación y disputa de sentidos e interpretaciones culturales. También en los memes.

Bueno, ahora que ya sabemos de dónde viene el concepto, podemos seguir haciendo y compartiendo y mirando memes. Parafraseando al filósofo de fiorito, más allá de los orígenes del concepto, el meme no se mancha.


[1Lewontin, Rose y Kamín, No está en los genes, Barcelona, Crítica, 2009. P.89

[2Ídem., p.391





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