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Red Internacional

Córdoba. Crónica más allá o más acá del mundial: los trabajadores tenemos todo por ganar

Compartimos una crónica sobre el diálogo entre trabajadores de una fábrica alimenticia de Córdoba durante el partido de Argentina y México: "¿Y si no todo es perder, si nosotros triunfamos alguna vez?"

Miércoles 4 de enero | 22:05

Sábado 26 de noviembre del año 2022, Mundial. Argentina se enfrenta a México. Tengo entendido que es un partido decisivo, aunque mis conocimientos sobre el fútbol son vagos o casi nulos. Pero no importa, estoy expectante, ansiosa, por no decir nerviosa. Organizamos en casa una juntada, como decimos en Córdoba, para compartir en equipo la transmisión del partido. Vienen a casa compañeros de la fábrica donde trabaja mi hermano. Como dijeron: "Estamos probando cábalas, ya que la primera no funcionó…". No nos podemos olvidar que el primer partido, con Arabia Saudita, Argentina perdió.

Todos cabuleros, aceptaron la propuesta de mi hermano de juntarse en territorio neutral. En mi casa no hay cábalas, y queda a una distancia relativamente cerca de los cinco compañeros. Estamos todos cerca.

Fue la primera vez que veía a los trabajadores de esta fábrica. Por cierto, trabajan en una empresa alimenticia muy grande de Córdoba. Y yo me preguntaba ¿Qué opinan de Córdoba, de la realidad, de la crisis, estos trabajadores?

¿Qué opinan de esta Córdoba? Definida casi como un paraíso europeo por los medios hegemónicos, silenciada por discursos progresistas, obras públicas bochornosas, mediatizada, amarillista. Sin embargo, esta provincia tiene uno de los índices de pobreza más altos de Argentina, salarios mínimos cada día más mínimos, y mucha precarización laboral, que roza la explotación laboral.

Trabajadores en dependencia, autónomos, independientes, desocupados, precarizados (el nuevo tipo que inventaron empresarios y las burocracias sindicales para agrupar en el monotributo social, o sea, hacer aportar), tenemos una experiencia común que nos atraviesa por igual. A todos los que habitamos esta Córdoba. Salvo, y gran salvedad si la hay, que seas sojero, empresario industrial, alimenticio, etc. o tengas la impunidad de González para que las consecuencias del sistema no te alcancen.

Pero vuelvo al partido, a Argentina vs. México. Rápidamente entré en confianza con la muchachada: tuvimos un ida y vuelta sobre el partido, con mates y pan dulce de por medio. Un poco más tarde de la seis llegó el final: gritos y risas. Ganó Argentina, 2 a 0 con goles de Messi y Enzo Fernández.

A tu hermano hace once años que lo conozco ¿Vos de qué trabajabas? me preguntó el más grande de todos, y comenzó a hablar. Juan es el mayor del grupo, tiene 28 años de antigüedad y maneja el área de envasado. Fue con quien más charlamos. A pesar de la alegría por el partido, lo vi descreído sobre que las cosas mejoren: "Nada va a cambiar, los mismos de siempre se la llevan toda, y después tenemos que agradecer que nos den migajas".

Francisco, el más joven del grupo, hace mantenimiento de máquinas. Está en la fábrica hace cinco años. No piensa muy distinto a Juan, pero es más inquieto para cuestionar al patrón. Entre ambos comenzó un diálogo, y contaron anécdotas entre risas. Se acordaron del día que cambiaron las máquinas, ninguno las sabía usar. Para “solucionarlo”, el hijo del dueño tuvo una idea: formar a los más jóvenes en el uso de las máquinas, y a los más veteranos los mandó a otra área (detrás de las instalaciones de la fábrica) para que sigan trabajando con las máquinas viejas hasta reubicarlos. Pero esa solución no fue ninguna solución para los trabajadores más antiguos.

¿A dónde estuvo la trampa? Hicieron renunciar e indemnizaron a tres empleados, entre ellos Juan, con la promesa de reubicarlos en otra empresa. Finalmente, los reubicaron en la misma empresa pero les hicieron perder la antigüedad. Quedaron en calidad de operarios.

"El asesor del sindicato come asado con el patrón los sábados en el quincho de la fábrica" contó Juan. Mientras los escuchaba, no dejé de pensar en la impotencia y bronca acumulada qué tienen. Sus ojos hablaban más que sus palabras. "Vi cambiar seis veces o más la camioneta a mi jefe, y yo sigo con la misma bicicleta con la que entré" dijo Pablo. "Encima va a la fábrica y lo cuenta" agregó Lucas con bronca.

Les pregunté si estaban de acuerdo con el cierre de paritarias del 12% a partir de enero, aunque la respuesta ya la sabía: no. Juan explicó porqué no: "Desde 2020, en plena pandemia, no tenemos aumentos ¿Sabés cuánto nos dieron ahora de aumento? $600…".

"Si te cuento lo que fue la pandemia… -dijo Francisco- Nunca cerramos, trabajamos con compañeros con COVID, y ni un solo corte. Si no ibas, te descontaban. Yo no fui porque me lo agarre y me descontaron…". “No nos quisieron pagar el aumento de las asignaciones por $100” (risas), dijo Lucas. “Nosotros cobramos $135 y era hasta $130 mil el acuerdo decretado por Massa”.

Así, fui escuchando muchas demandas. Me contaron cosas terribles sobre la pandemia. Y ellos, al igual que muchos trabajadores, como los médicos y enfermeros, fueron esenciales. Pero pocos lo tienen presente. Entre mates e intercambios, después de escuchar, me animé a preguntar, a interpelarlos: “¿Por qué no luchan? Organícense, no dejen que se quede en las palabras, Háganlo realidad. Tomen las demandas en sus manos".

“No tenemos un Tosco, ya perdimos" tiró Juan. Pero acto seguido hablé de la lucha que dio el Sindicato del Neumático. No quise dejar pasar la oportunidad porque observé y sentí que había ganas de contar lo que estaba pasando en la fábrica. A tal punto, que aquel partido Argentina vs. México quedó en segundo plano por un rato.

“Miren, no voy a hablar. Me gustaría que escuchemos, si me dejan” dije. Y busqué por Youtube una entrevista a Ariel Godoy en la TV Pública, un video del Chipi Castillo en Crónica, la conferencia de prensa que dieron los trabajadores del SUTNA en respuesta a Sergio Massa cuando amenazó con abrir las importaciones.

Les hablé de las 100 asambleas del PTS en todo el país, en particular de la asamblea de Córdoba. Que allí estuvieron las mujeres de la lucha de limpieza que hoy conforman y se organizan en la Asamblea por Trabajo y Vivienda.

Apelé a que me escuchen. No fue fácil, por el nivel de escepticismo, pero creo que algo cambió en esos trabajadores. Aquella tardecita de sábado, con el triunfo de la selección y los ejemplos de triunfos obreros, una duda se empezó a gestar: ¿Y si no todo es perder, si nosotros triunfamos alguna vez?

Sin organización no hay cambio posible. Juan, Francisco, Pablo, Dani, Lucas y Rubén: cada historia que contaron me atravesó como propia. Porque vivenciamos lo mismo, en cualquier lugar del mundo –Argentina, México, Qatar, donde sea- algún trabajador/trabajadora seguro contará algo similar. Y nos dolerá y nos dará bronca.

Pero ¿cuándo haremos la diferencia? Este sistema capitalista no se cae solo, lo tenemos que tirar. Y sólo lo lograremos si lo derrumbamos con nuestras propias manos. Somos quienes movemos la pelota. Sin nosotros no hay nada. Entonces, para terminar: ¿Si no somos nosotros los responsables de destruir este sistema que fabrica más pobres y genera ricos más ricos, quienes lo harán? ¡Tenemos todos los partidos por ganar!


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