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Red Internacional

El relato del hijo de un trabajador despedido de Techint, cuenta cómo se vive en carne propia los despidos y lo que padecen las familias trabajadoras. Pensando soluciones de salida a la crisis a favor de la inmensa mayoría.

Viernes 3 de abril de 2020 | 17:16

En medio de una noche de cuarentena la ansiedad y la angustia del encierro se incrementó, al enterarme de la noticia que despidieron a 1450 trabajadores de Techint. Era algo que temía que comenzara a pasar con la pandemia, no pensé que sería tan pronto y me pegaría tan de cerca. Mi viejo es trabajador de Techint hace ya más de 8 años. Todavía me acuerdo cuando lo despidieron de su anterior laburo, la incertidumbre de saber que ya no teníamos garantizado un ingreso fijo, en ese momento era el único. Yo todavía no conseguía un laburo estable. También me acuerdo la alegría de mi familia cuando lo contrataron en Techint, después de meses de buscar laburo. Y si, no iba a ser de otra forma, el alma vuelve al cuerpo para las familias trabajadoras, que dependen del mísero sueldo que les da el patrón.

Ese miedo volvió a aparecer con la noticia de los despidos. Mi viejo estaba sentado en la compu viendo fotos familiares con mi vieja, cuando le pregunté si estaba enterado de algo, me dijo que no sabía nada, asombrado. Mi vieja me miró con cara de preocupación, la incertidumbre creció y mi bronca también, se sumó a lo que ya sentía al saber que las calles de los barrios estaban colmadas de policías y gendarmes, como si se tratara de un Estado de Sitio.

Los días pasaron y la incertidumbre quedó. A los pocos días mi viejo me contó que a sus compañeros de laburo les empezaban a llegar los telegramas de despidos y que al sector donde despedirían sería el de ellos. Me parece una locura que en medio de una pandemia, donde se tendría que priorizar la inversión en la salud y la vivienda, se eche a laburantes dejándolos en la calle. Pero ellos no son los únicos vulnerables, también pienso en los que viven sin techo o los que viven hacinados en villas, en habitaciones con sus familias. A ellos, ¿quién les garantiza la cuarentena?, ¿en qué casa se quedan?

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Directamente no tiene sentido, no me entra en la cabeza, pero parece que para algunos sí; para los que se creen dueños de nuestras vidas, para aquellos que viven a costa de nuestro trabajo y esfuerzo. Aquellos que tienen millonadas a costa de nuestra explotación, que disponen de nuestro tiempo y nuestra vida. Me pregunto ¿qué crisis puede estar pasando con una fortuna de 8.000 millones de dólares Paolo Rocca? dueño de Techint, el empresario más rico de Argentina.

Finalmente, lo que ya casi había asumido como un hecho, se concretó. Llegó el telegrama para mi viejo. Toda esa incertidumbre se transformó en bronca, se potenció aún más por vivirlo en carne propia. Qué fácil y sencillo lo resolvió Techint, descartó a quienes hoy considera “prescindibles”, los que fueron parte de generar la riqueza que amasó todos estos años. El presidente de Techint, Carlos Bacher quiso justificar los despidos, en una entrevista con Radio Mitre dijo “el impacto del aislamiento en nuestra empresa es tremendo, a tal punto que la facturación de Abril va a ser cero. Para nosotros esto significa estar parados totalmente”. Se olvidó de nombrar algo importante, que los trabajadores que despidió, más que “en cero”, estarán en rojo con las deudas que se acumulan. Y que a diferencia de Techint, los trabajadores no poseen una fortuna de dólares, porque su sueldo ni siquiera les garantiza una mínima capacidad de ahorro, ya que toda su vida se dedicaron a vender su fuerza de trabajo.

Leyes diseñadas para los patrones.

En el medio de la pandemia, los empresarios no solo tienen la legalidad de despedir sin justa causa, sino que también tienen el beneficio de no indemnizarlos por despido. Mi viejo y sus compañeros de laburo, no van a cobrar indemnización. Sólo recibirán el fondo de desempleo de la UOCRA, que ellos mismos se acumularon con sus últimos meses de trabajo, es decir, que se auto pagan su “indemnización”.

Los despidos de Techint no son los únicos en la pandemia, se suman a los miles de precarizados que trabajan en la informalidad o con contratos basura. Como a los aeronáuticos de GPS, tercerizados de Aerolíneas Argentinas que los echaron por exigir medidas básicas de higiene. El Grupo Mirgor de Nicolás Caputo, se dio el lujo de despedir a 700 trabajadores esta semana, después de endeudarnos con el bono a 100 años.

Con el gran rechazo a los despidos en las redes sociales, principalmente en twitter con el hashtag #ProhibiciónDeDespidos, Alberto Fernández por medio de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), tuvo que salir a declarar la prohibición de despidos. Pero esta medida no engloba a los miles de despidos de Techint, ya que solo anula los despidos que se realizaron a partir del 31 de Marzo. Tampoco abarca a quienes se encuentran trabajando en la informalidad, siendo más del 45% de la inmensa clase trabajadora, que en su mayoría son jóvenes.

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Por una salida de los trabajadores:

Ante la situación vemos que los trabajadores, incluyendo desocupados, somos quienes nos llevamos la peor parte. Para que la crisis, no la paguen nuestros viejos, ni nosotros, con nuestra salud y trabajo. Se debe afectar la ganancia de los que más tienen, los grandes terratenientes y empresarios millonarios, como Paolo Rocca, Alfredo Coto; o los que lucran con los medicamentos los Bagó, Roemmers, Hugo Sigman, etc.

Con tan sólo un impuesto del 3% sobre la ganancia de quienes se beneficiaron todos estos años con los gobiernos de turno. Se podría recaudar 6.923 millones de dólares, financiando un salario de cuarentena para 7 millones de trabajadores precarios, de 30.000 pesos para abril y mayo. Además, se podría aumentar 10 veces el presupuesto a la salud. Dando la posibilidad de obtener mayor cantidad de tests, para la detección temprana del virus y 20.000 respiradores artificiales. La salida a la crisis en favor de las grandes mayorías, conlleva a medidas de emergencia sanitaria y económica.

Si Techint se encontrara en crisis como para querer prescindir de quienes producen que lo demuestre, por ejemplo abriendo sus libros contables. Es inadmisible el cierre de fábricas y los despidos, es necesario estatizarlas bajo el control de sus trabajadores. Como lo hicieron trabajadores de Madygraf (ex Donnelley), que hoy ponen sus medios de produccion para enfrentar la pandemia produciendo sanitizante de alcohol a precios populares y donando una parte a los sectores mas vulnerables y hospitales.

Con toda la capacidad productiva y el alto nivel de tecnificación que dispone una empresa como Techint ¿por qué se pone en función de la ganancia de unos pocos? Los empresarios y los gerentes cobran sueldos millonarios sin mover un dedo. ¿Qué pasaría si todo eso se pusiera a disposición de las necesidades de la inmensa mayoría? ¿Se imaginan a la constructora más grande del país dando solución a los problemas habitacionales? Los recursos están, sólo los trabajadores somos los imprescindibles para poner en marcha la producción y llevar a cabo estas tareas.




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