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Crecen las protestas en Italia contra fuertes restricciones por segunda ola de covid-19

Las protestas en Italia van en aumento en rechazo a las nuevas medidas del Gobierno que impone restricciones: en particular una especie de toque de queda para los comercios a partir de las 18.00 horas. Organizaciones de extrema derecha y anticuarentena se montaron en algunas ciudades a la bronca legítima de miles de personas, que ven cómo el Gobierno vuelve a los confinamientos sin haber tomado medidas para fortalecer el deteriorado sistema de salud.

Miércoles 28 de octubre | 11:36

Toques de queda, estados de alarma, nuevos confinamientos. Estas medidas empiezan a sonar cada vez más fuerte de parte de varios gobiernos europeos, en particular en Italia, Francia y el Estado español. Y es Italia la que hace tres días (y noches) ocupa las noticias con fuertes protestas callejeras y represión policial tras los últimos anuncios del Gobierno.

Desde el lunes 26 el Gobierno italiano anunció nuevas medidas restrictivas por el aumento de casos de coronavirus que implican una suerte de toque de queda y cierres de diferentes actividades como gastronomía, restauración, cultura, gimnasios y taxis.

El último decreto establece desde el lunes y hasta el 24 de noviembre el cierre de cines, teatros, salas de concierto, congresos, piscinas o gimnasios, así como la prohibición de abrir más tarde de las 18.00 horas a bares y restaurantes, entre otras cosas.

Protestas en todo el país

La reacción fue inmediata. En Nápoles (sur), capital de una de las regiones más afectadas por esta segunda oleada, un centenar de taxistas entraron con sus vehículos en la plaza del Plebiscito para protestar contra el cierre de los bares y restaurantes, que ciertamente les afecta.

En Roma también se han manifestado los trabajadores de gimnasios frente al Panteón de Agripa y reprocharon a Conte que les haya considerado "actividades superfluas que pueden generar riesgos".

Los dueños de restaurantes han protestado también por todo el país, especialmente en Milán (norte), la ciudad más afectada por el virus, y ayer se congregaron ante la delegación del Gobierno para exigir ayudas inmediatas que salven sus negocios de la quiebra.

A estas protestas se sumaron manifestaciones por las noches que fueron fuertemente reprimidas por la Policía. En algunos casos, la bronca expresada en los barrios y por la juventud que ha perdido el empleo y ahora debe volver a un confinamiento parcial, organizaciones de extrema derecha o grupos neofascistas aprovecharon la situación para pretender montarse sobre las protestas. Sin embargo, los protagonistas siguen siendo los jóvenes y los sectores más afectados por las nuevas medidas.

Es en varias ciudades, en particular en Nápoles donde comenzaron las protestas, pero también en Milán, Turín, Catania, donde se han lanzado varias iniciativas por las redes sociales, los llamados provenían de los pequeños restauradores y pequeñas empresas, y los jóvenes, en particular de los barrios populares.

Son estos los sectores que salieron a las calles, casi a diario en las distintas ciudades, primero a través de manifestaciones más tradicionales y luego, ante la represión policial, con protestas más duras y enfrentamientos con la Policía. En Milán, la policía utilizó gases lacrimógenos para evitar que los manifestantes, en su mayoría jóvenes, llegaran al Palacio de la Región. De esta manifestación hubo 15 detenciones luego de su disolución. En Roma, el primer ministro Giuseppe Conte salió a las calles para hablar con los manifestantes, quienes lo abuchearon, luego de que prometió que se pagaría una compensación a los restauradores.

Volver al confinamiento después de ocho meses de pandemia

La idea de volver a mayores restricciones o toques de queda tras ocho meses de pandemia ha generado un malestar generalizado. Los sectores que se movilizan hoy denuncian las consecuencias que esto tiene para estas pequeñas empresas, en particular los dueños de restaurantes. Además, al igual que Francia, donde el contagio está aumentando nuevamente, a niveles incluso mucho más altos de los que se vieron en marzo, el Gobierno italiano no está anunciando ninguna medida adicional para los hospitales públicos, solo un endurecimiento de medidas represivas, con un discurso que apunta a la responsabilidad de cada individuo por la circulación del virus.

En estos ocho meses, ninguno de los gobiernos ha realizado una inversión en el sector de la salud, diezmado por años de ajustes neoliberales, al nivel de la crisis histórica que implica la actual pandemia. Sin excepción, todos los gobiernos desembolsaron rescates multimillonarios para salvar a las grandes empresas y al sector financiero, mientras que los pequeños comerciantes tuvieron que cerrar sus puertas, millones de trabajadores quedaron sin empleo y dependiendo de subsidios, los trabajadores llamados esenciales no contaron con elementos básicos de protección personal, y los migrantes directamente fueron arrastrados a situaciones desesperantes luchando contra el virus, el racismo y la xenofobia.

Italia siguió al pie de la letra esta receta generalizada. El sistema de salud sigue desbordad, médicos y enfermeras arriesgan su vida cada día sin que el Gobierno haya destinado recursos suficientes para enfrentar esta segunda ola. Por el contrario los profesionales de la salud son humillados con salarios de pobreza y la no renovación del convenio colectivo nacional, en medio de la pandemia.

Los empresarios, empezando por la principal cámara patronal (Confindustria), impusieron en marzo, con la complicidad del Gobierno, que miles de fábricas sigan abiertas a pesar de no ser esenciales en medio del primer pico de covid-19. Esto provocó un desastre sanitario entre miles de trabajadores en particular en Lombardía, una de las regiones más industrializadas.

Hoy el escenario puede ser aún más trágico ya que el sur del país los centros de salud están en peores condiciones que durante la primera ola.

Giuseppe Conte y la coalición de gobierno entre el Partido Demócrata y el movimiento 5 Estrellas han mantenido el curso de ofensivas racistas, represivas de los decretos de seguridad que había establecido el exvicepresidente de extrema derecha Matteo Salvini, al que solo le hicieron algunas reformas cosméticas. Pero particularmente guían su política según las necesidades de la Confindustria.

Es por esto que está previsto que se destine la mayor parte de los nuevos fondos del plan de rescate a la reestructuración productiva necesaria para que los grandes empresarios contrarresten la crisis que azota desde 2008, o que directamente vaya en los bolsillos de los empresarios en forma de rebajas impositivas.

Los trabajadores también en la calle

El 27 de septiembre, cientos de delegados obreros y militantes de diferentes sectores se reunieron en Bolonia con el objetivo de esbozar una plataforma de lucha y movilización capaz de oponerse a los planes de los grandes empresarios y el Gobierno. El 24 de octubre, esta asamblea convocó a tomar las calles en varias ciudades italianas frente a las oficinas de Confindustria. En Roma, Milán y Bolonia, las protestas fueron muy concurridas, mientras que en Nápoles, debido a las continuas provocaciones de la policía, se produjeron enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas represivas. También se realizaron manifestaciones en Brescia, Turín, Piacenza, Palermo y otras ciudades de norte a sur.
Esta jornada se sumó a un paro nacional en el sector de la logística el 23 de octubre.

En estas manifestaciones señalaron como responsables a las grandes empresas y las políticas del Gobierno, que en todos estos meses han privilegiado sus ganancias por sobre la salud de millones de trabajadores. Esta segunda ola, y la respuesta represiva del Gobierno, solo deja en evidencia la continuidad de esta política.







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