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Covid-19: ¿de qué nos protegen las vacunas?

En tiempos donde ya han comenzado las campañas de vacunación, también se ve con preocupación la velocidad de la segunda ola en todo el mundo. En este escenario es necesario problematizar en qué sentido nos protegen las vacunas.

Maty Zeta

Estudiante de Ciencias Matemáticas y docente auxiliar en la UBA

Jueves 14 de enero | 21:14

Desde fines del 2020, se recibió con muchas expectativas las noticias que informaban la aprobación de distintas vacunas para comenzar con su aplicación, noticia que los gobiernos de todo el mundo esperaban como si fuera lo único posible que hacer frente a la pandemia. Sin embargo, como dice The Lancet en una editorial "será importante comunicar a los responsables políticos y al público en general que las vacunas de primera generación son solo una herramienta en la respuesta general de salud pública al COVID-19 y es poco probable que sean la solución definitiva que muchos esperan”.

Es importante aclarar que poseer vacunas que logren reducir la mortalidad y la gravedad de la enfermedad es algo muy positivo, pero de lo que se trata en este artículo es de problematizar los riesgos de depositar todas las esperanzas en la vacuna.

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¿De qué nos protegen las vacunas?
Los estudios y datos preliminares sólo dan información acerca de la eficiencia respecto a prevenir el desarrollo de la enfermedad, lo que se conoce como inmunidad efectiva a la enfermedad. Sin embargo, todavía no hay conclusiones acerca de si previenen la infección asintomática y la posibilidad de transmisión del virus.

Este tipo de inmunidad, la cual sería deseable alcanzar, es lo que se conoce como inmunidad esterilizante. Aunque no se descarta que se pueda alcanzar, aún no hay evidencia de que las vacunas del covid aprobadas la consigan. De hecho, The Lancet informa que según los estudios en primates las vacunas desarrolladas hasta el momento no alcanzaron esta inmunidad.

Por otro lado, según el análisis del científico biotecnólogo Dale Harrison sobre los estudios preliminares de la vacuna de AstraZeneca, hay evidencia de que ésta a lo sumo la da parcialmente. Incluso hay información que sugiere que es posible la reinfección con el virus. Esto tiene como consecuencia la imposibilidad de alcanzar la inmunidad de rebaño, ya que si bien pueden disminuir el riesgo de contraer la enfermedad, no impide la circulación asintomática del virus dentro de la sociedad. Según Harrison, si se abandonan los esfuerzos de mitigación y aumenta la diseminación del virus, podría darse la paradoja de que ocurriese un incremento en el número de muertes, aun cuando avancen las campañas de vacunación.

Además, mientras que aun no hay análisis concluyentes sobre el tema, se suma que las dosis para vacunar a la población se producen a un ritmo más lento del necesario, lo que llevó a algunos gobiernos a evaluar la posibilidad de demorar los plazos entre las dosis correspondientes sin evidencia científica de respaldo. Ya sobre esto Paul Bieniasz, virólogo de la Universidad Rockefeller, advierte que “permitir que el virus circule de manera descontrolada, acumulando diversidad genética, y luego proteger de manera incompleta a la población con las vacunas es lo que uno haría para generar mutantes resistentes a las vacunas”.

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Esto muestra, como se decía al principio, que la vacuna es una herramienta muy valiosa para enfrentar a la pandemia, pero no alcanza. Sino que hay tomar medidas que sean parte de un plan integral.







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