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Crisis sanitaria.Covax envía 864.000 vacunas, de las que pagó el Gobierno a Astrazeneca no llegó ninguna

El vuelo llegará desde Ámsterdam, Holanda, el próximo domingo. Este miércoles se registraron 368 muertes en 24 horas, el número más alto desde enero. Un debate necesario: ¿cuántas vidas salvaría la liberalización de las patentes de las vacunas?

Luján CalderaroTrabajadora Social - Becaria UBA | @tete_calderaro

Jueves 15 de abril | 12:59

La crisis por los bajos índices de vacunación en Argentina está en boca de todos. En la noche del miércoles, Alberto Fernández dijo en conferencia de prensa que "el mundo no ofrece las vacunas que el mundo necesita". En los grandes medios y desde distintos medios se preguntan "¿por qué no llegan las vacunas?".

En la conferencia de prensa del día miércoles, la ministra de Salud Carla Vizzotti ya se había excusado con respecto a este tema alegando que se trata de "una crisis a nivel mundial". Y tiene razón. La escasez de vacunas atraviesa a la mayoría de los países del mundo. Pero lo hace de una manera extremadamente desigual: según un informe de la BBC, hasta febrero de 2021, el 75 % de las dosis de vacunas fueron a parar a solo diez países. En medio de una pandemia que se lleva miles de vidas todos los días, los países ricos monopolizan la mayor cantidad de dosis y los países pobres cuentan los días que faltan para un posible colapso sanitario.

Resulta paradójico hablar de "escasez de vacunas" cuando Argentina ya produjo el principio activo para el equivalente a 40 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca en los laboratorios mAbxience, pertenecientes al Grupo Insud y a Hugo Sigman (un empresario que acumula una fortuna de 2000 millones de dólares, según la revista Forbes). Los millones de dosis fueron exportadas a México, donde las recibe el magnate Carlos Slim para su fraccionamiento y envasado. Nuestro país todavía no recibió ni una sola dosis de esa producción. ¿Cuántas muertes se podrían haber evitado con esas vacunas?

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El principio activo para las dosis se produce acá y se envasa allá, y no por limitaciones "técnicas": Argentina cuenta con tres plantas públicas con capacidad de envasar productos biológicos: el Laboratorio de Hemoderivados de la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto Biológico Tomás Perón de La Plata y el Instituto Maiztegui, ubicado en la ciudad de Pergamino. También hay establecimientos privados con la misma potencialidad (de hecho un sector importante de la industria se dedica específicamente a esa etapa).

El problema no es nacional (incluso las vacunas que se envasan en México, luego se venden a otros países), es regional e internacional: por un lado, la producción de vacunas sin restricciones, permitiría abastecer a toda la región (que concentra los países más pobres) y a todo país que lo necesite; por otro, ningún país va a estar seguro hasta que todos lo estén, dado que el virus circula y evoluciona hacia nuevas variantes, afectando la capacidad de inmunización de las vacunas.

La economía le ganó a la salud

El miércoles también nos enteramos que llegarán 864 000 vacunas este domingo desde Europa, una partida del fondo Covax, iniciativa de la Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI), la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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El anuncio resulta fundamental en un contexto de emergencia sanitaria, cuando el nivel de ocupación de camas traspasó el 70 % en el AMBA y la cantidad de población vacunada continúa siendo ínfima (solo 750 438 personas recibieron dos dosis). Pero resulta que, si bien esas vacunas pertenecen a los laboratorios AstraZeneca, no se trata de dosis producidas en Argentina por Hugo Sigman. AstraZeneca continúa incumpliendo un contrato con el gobierno nacional, que ya pagó el 60% de lo que cuestan las 22,4 millones de dosis, según admitió ante la Comisión de Salud de Diputados el subsecretario de Gestión Administrativa del Ministerio, Mauricio Monsalvo.

En un comunicado emitido el miércoles, la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio aprovechó para presentarse como vocero de la situación crítica que atraviesa el país y declaró: "la sociedad merece saber por qué no tenemos más vacunas". Pero entonces, ¿hay escasez? ¿Por qué los países ricos vacunan y los pobres no? ¿Por qué producimos millones de dosis y nos cansamos de escuchar que "no hay vacunas"?

Laboratorios de muchos países del mundo o instituciones estatales podrían producir masivamente la vacuna: ya lo dijimos, Argentina produjo el principio activo para 40 millones de dosis que volaron a México. Los laboratorios no pueden producir estas vacunas para el país porque no tienen las patentes, es decir, la propiedad intelectual de las fórmulas. Las patentes tienen la función de "proteger" a un producto para que no pueda copiarse legalmente. Así, las patentes permiten que un puñado de laboratorios monopolicen la producción de las vacunas, y, -sin esto las patentes no tendrían ningún sentido- concentren la venta de las mismas, dando lugar a un negocio redondo. Redondo y a costa de millones de vidas.

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Pero además, y para que no queden dudas sobre el carácter antidemocrático en la producción y distribución de vacunas, al menos el 97 % de los recursos para desarrollar la fórmula de la vacuna de Oxford/AstraZeneca provino de fondos públicos de Reino Unido y solo el 2 % de fondos privados, según una investigación difundida este jueves por The Guardian. Boris Johnson, primer ministro de Reino Unido había dicho que "El éxito con la vacuna es gracias al capitalismo y la avaricia", una idea que pregonan hasta el hartazgo -oh casualidad- los laboratorios. Quedó claro lo contrario. En realidad, décadas de investigación sostenidas con becas financiadas con recursos estatales, son apropiadas sistemáticamente por laboratorios por medio de las patentes.

Deberíamos dejar de hablar de una "distribución" de vacunas -como si se tratara de un procedimiento con algún tinte democrático- y pasar a nombrar lo que sucede con nombre propio, aunque la realidad duela: en medio de una emergencia sanitaria internacional, las patentes matan.

Desde los grandes medios y las conferencias de prensa del gobierno nacional, no se desecha ocasión para alentar el "auto-cuidado" en la población, insistiendo en la "responsabilidad individual", como una de las medidas más importantes para enfrentar la pandemia. Frente a esta cuestión, Laura Cano, médica generalista del Hospital Cestino de Ensenada y miembro del Consejo Directivo Provincial por la minoría en Cicop, responde: "no podemos simplemente pedir mayor responsabilidad a la ciudadanía. El Estado debe tomar de manera urgente medidas de fondo".

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En la misma línea, ¿por qué no se apunta a la "responsabilidad social" de quienes monopolizan las vacunas? La mayoría de los Estados a nivel internacional, incluyendo al nuestro (y a sus fuerzas opositoras), no hacen más que defender la propiedad intelectual de las vacunas, y así, los negocios multimillonarios de los laboratorios. Entre la economía y la salud, queda claro qué elección tomaron. Pero existen cuestionamientos a esta realidad que se nos vende como única opción posible.

  •  Más de 200 organizaciones y personalidades, muchas de ellas vinculadas a la salud como la Federación Sindical de Profesionales de la Salud y organizaciones de derechos humanos, exigen el cese de la exportación de la vacuna AstraZeneca y reclaman que la producción nacional sea envasada en Argentina.
  •  El Frente de Izquierda Unidad presentó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados para que se declare de utilidad pública el laboratorio mAbxience, junto con el uso de toda la capacidad técnica-científica del país y la inversión que sea necesaria en los laboratorios públicos.
  •  La historia nos da el ejemplo: hace 65 años Jonas Salk y Albert Sabin, renunciaron a las patentes de sus descubrimientos y el 12 de abril de 1955 liberaron la patente de la vacuna contra la poliomielitis. Salvó la vida de millones.
  •  Y el reclamo traspasa fronteras: la Internacional de Servicios Públicos exige vacunas para todos y el quiebre de las patentes de la industria farmacéutica.
  •  En febrero de este año, la OMS apeló a la buena voluntad de las empresas y las convocó a "compartir sus datos y su tecnología para garantizar un acceso equitativo a las vacunas a nivel mundial".
  •  El representante de Médicos sin Fronteras Dimitri Eynikel volvió a reclamar la liberalización de forma temporal de las patentes para garantizar el acceso de países pobres, así como para descentralizar la producción de Occidente.
  •  La crisis sanitaria alcanzó tal magnitud, y la posibilidad de democratizar el acceso a las vacunas es tan real, que el reclamo por liberar las patentes de las vacunas (Pfizer, Moderna y Johnson & Johnson) llegó hasta la Casa Blanca.
  •  La respuesta de Estados Unidos se conoció cuando votó en contra de la liberalización de vacunas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) tras una petición de Sudáfrica e India. En el voto le siguieron la Unión Europea y Reino Unido.
  •  Alberto Fernández, como admitió ayer en conferencia de prensa, se limita a "negociar con proveedores". Si bien Argentina planteó un voto favorable a la moción que hicieron India y Sudáfrica, no ha hecho ningún planteo a nivel internacional, ni a los países de América Latina en particular, sobre este tema.

    Estar vacunado o no estarlo, en muchos casos se torna en una cuestión de vida o muerte. Los Estados de todo el mundo podrían tomar la decisión más responsable para responder a la crisis sanitaria abierta por la pandemia: hacer de las vacunas un recurso accesible para todos y todas, sin distinción de la riqueza que posea un país. Para que el acceso a las vacunas sea democrático, es necesario liberar las patentes. Hacerlo, es optar por la salud y la vida. Hasta ahora, la vida de millones parece valer menos que los negocios de unos pocos laboratorios. ¿Cuánto falta para que demos vuelta el tablero?




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