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Red Internacional

En estas líneas buscamos aportar una idea a la clase trabajadora. ¿Por qué los socialistas peleamos por instalar el “control obrero’’ en la obra pública? ¿Por qué decimos que esta medida apunta a terminar con los negociados y la corrupción para ponerla en beneficio de la mayoría de la sociedad?

Juan OcampoCorresponsal LID - Zona Oeste

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Jueves 22 de septiembre | 09:37
Foto Diario Perfil

Mientras Massa y Alberto Fernández son felicitados por el FMI y la ONU por el plan de ajuste que recorta el presupuesto para vivienda, escuelas y hospitales, este lunes 19 fue el primer día de alegatos de la defensa de la vicepresidenta CFK por la “causa vialidad” sobre la obra pública. El Juez Luciani no pudo demostrar que existan relaciones directas de la ex presidenta con el entramado, pero Cristina Fernández tampoco pudo negar en su mensaje de defensa al pedido de encarcelamiento la existencia de corrupción en la obra pública durante sus mandatos.

“En el mismo lodo, todos manoseaos”

Si hablamos de negociados y fraude al Estado, empecemos por la familia Macri, que son parte de los iniciadores de la “patria contratista” durante la dictadura pasando durante el periodo de la dictadura militar genocida ´76 - ´83 de 7 a 47 empresas. En enero de ese año, Franco Macri presentó en sociedad a la firma Socma, beneficiada con las licitaciones de obras públicas importantísimas como la represa Yacyretá o la construcción del puente Misiones-Encarnación, entre otros.

Así también los escándalos de corrupción en la obra pública durante los gobiernos kirchneristas siguen siendo viejos conocidos. “Nadie puede explicar la enorme riqueza acumulada por Lázaro Báez. - explica Myriam Bregman- En su exposición Cristina Fernández no pudo negar que bajo su gobierno hubo graves hechos de corrupción en la obra pública, pero no dijo palabra acerca de su responsabilidad política en los mismos, como la de haber tenido a José López como su secretario de obras públicas los ocho años de su gobierno y antes con Néstor.”

Menos queda hablar de Milei que propone la privatización de absolutamente todo, pero eso merece nota aparte.

Ante este estado de cosas cabe preguntarse: ¿Qué pasaría si los trabajadores tomamos el control?

Sin duda todo comienza con un beneficio exclusivo que tiene la clase capitalista dominante. El “secreto comercial” que rige en este sistema es clave para ocultar a los trabajadores y el pueblo los entramados de corrupción. Quiere decir que todo el dinero que circula por determinada empresa o rama, las ganancias que obtienen en determinado periodo, el capital que se utiliza para la compra de materias primas, hasta los descubrimientos técnicos que benefician a tal o cual empresa, son guardados bajo 7 llaves a espaldas al pueblo.

Para empezar los socialistas decimos: Hay que acabar con el secreto comercial de las grandes empresas (en este caso grandes constructoras como el grupo Techint, Odebrecht o Iecsa) y que los movimientos contables sean públicos.

¿Por qué los trabajadores no pueden conocer los balances de gastos e inversiones de las empresas que se vinculan con la obra pública? ¿Acaso no son planes de obra a corto, mediano y largo plazo de los que todos deberíamos ser beneficiarios? ¿Acaso los trabajadores no deberían tener decisión sobre las licitaciones y poder pensar la planificación de la obra pública prestando especial atención en el cuidado del medio ambiente?

Todo esto que hoy manejan los empresarios y gobiernos de turno decimos que debe ser controlado democráticamente por los trabajadores del sector junto a cuerpos de ingenieros, técnicos de las universidades públicas y sectores populares involucrados. Poner el conocimiento científico de las universidades al servicio de las necesidades sociales es una de las tareas del control que proponemos. Como lo hace Zanon.

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El control obrero de estas empresas vinculadas a la obra pública tendría como objetivo que los trabajadores tengan poder de decisión para llevar adelante un gran plan de obras públicas financiadas en base al NO pago al FMI.

También esta medida podría evitar el cierre de empresas que muchas veces "atraídas" por otros negocios dejan cientos o miles de familias en la calle. O mantener un control estricto sobre la modalidad de contratación eliminando el trabajo informal.

En este camino, los socialistas luchamos por imponer una jornada laboral de 6 hs 5 días que instalándose en las principales 12 mil empresas del país, sin reducción salarial o con un salario igual a la canasta familiar, podría dar trabajo a más de un millón de personas.

Control obrero en el capitalismo y lucha por el socialismo.

El control obrero de la obra pública, los servicios y la producción es posible bajo el régimen capitalista y puede mostrar al conjunto del pueblo los beneficios de organizar la economía democráticamente favoreciendo a las mayorías populares y no la ganancia privada de unos pocos. Esto depende de la fuerza que conquisten los trabajadores a su favor en la lucha contra la clase empresarial. Los grandes empresarios dueños de las riquezas no querrán que los trabajadores los controlen y pondrán sus jueces policías y matones a su servicio. Supone un momento donde los trabajadores y el pueblo entran a la ofensiva contra los capitalistas y sus planes de hambre. En este sentido podríamos decir: Son ellos o nosotros, el control obrero podría crear un "doble poder" que los empresarios no tolerarán, pues dicho control tendería a cuestionar cada vez más la ganancia privada y en esta pelea entre clases "el control" solo seria un tránsito a la gestión directa de empresas o ramas, es decir a la expropiación de ciertos grupos capitalistas.

El revolucionario Leon Trotsky planteaba lo siguiente acerca del control obrero en los años 30 para la Alemania que opinamos muy importante retomar:

“¿Qué régimen estatal corresponde al control obrero de la producción? Es obvio
que el poder no está todavía en manos de los trabajadores, pues de otro modo no
tendríamos el control obrero de la producción, sino el control de la producción por el
estado obrero como introducción a un régimen de producción estatal basado en la
nacionalización. De lo que estamos hablando es del control obrero bajo el régimen
capitalista, bajo el poder de la burguesía. En cualquier caso, una burguesía que se sienta
firmemente asentada en el poder nunca tolerará la dualidad de poder en sus empresas. El control obrero, en consecuencia, solamente puede ser logrado en las condiciones de un
cambio brusco en la correlación de fuerzas desfavorable a la burguesía por la fuerza, por
un proletariado que va camino de arrancarle el poder, y por tanto también la propiedad
de los medios de producción. Así pues, el régimen de control obrero, un régimen
provisional y transitorio por su misma esencia, sólo puede corresponder al período de
las convulsiones del Estado burgués, de la ofensiva proletaria y el retroceso de la
burguesía, es decir, al período de la revolución proletaria en el sentido más completo del término"

Hoy peleamos porque los trabajadores tomen el control en los sectores clave de la economía, como en la industria de la alimentación o los servicios públicos en el camino de terminar con el capitalismo y pelear por una sociedad socialista. Esta sociedad podrá construirse bajo el mando de la clase trabajadora porque es la productora de todas las riquezas sociales. Es esta clase la que por su papel en la economía mundial puede unir a todos los oprimidos y desposeídos por este sistema capitalista ofreciendo a la sociedad todo lo que necesita para vivir y más.

El desarrollo de un gran partido revolucionario de la clase trabajadora que pueda ajustar cuentas con los patrones y sus gobiernos es una tarea central para avanzar hacia esta perspectiva.




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