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Coronavirus: trabajar en un supermercado “se siente como una zona de guerra”

Indicado como un servicio esencial a nivel global, los supermercados se mantuvieron abiertos en medio de la pandemia. Cada vez son más los países en los que las y los trabajadores reclaman por la falta de condiciones de seguridad básicas y la multiplicación de los contagios. Los empresarios en todo el mundo privilegian sus ganancias por sobre las vidas de sus empleados.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 16 de abril | 12:20

Si escribimos en algún buscador las palabras coronavirus y supermercados aparecen desde recomendaciones para evitar un contagio por realizar las compras hasta cómo “se mueve” el virus alarmando sobre el peligro potencial de enfermarse. En la mayoría de los relatos periodísticos hay una pregunta sin respuesta: ¿Qué pasa con los trabajadores de esos lugares?

Indicado como un servicio esencial a nivel global, las tiendas se mantuvieron abiertas sin importar si en el país, provincia o ciudad se había declarado cuarentena obligatoria o no. Muchos servicios se podían detener pero millones aún necesitan comprar algo, aunque más no sea para comer.

Se señala que los sectores más expuestos a contagios generalmente se centran en las enfermeras, los médicos, los paramédicos y otros empleados de la salud. Pero los trabajadores de supermercados también entran en contacto cercano con grandes grupos de personas y en general desprovistos del equipo de protección necesario.

Esto se termina transformando en hechos que se repiten en uno y otro país: trabajadores contagiados y, cada vez más seguido, la muerte de ellos a consecuencia del coronavirus.

“Se siente como una zona de guerra” titula el Washington Post una nota donde describe la situación que viven los trabajadores de las grandes cadenas de supermercados en Estados Unidos. En el país que se transformó en el epicentro actual de la crisis las cifras sobre trabajadores enfermos encienden la alarma, y ya más de 40 trabajadores murieron tras contagiarse en el trabajo, algo que se podría haber evitado.

Walmart, Whole Food (la cadena de venta de alimentos orgánicos propiedad de Amazon) y otras grandes cadenas quedaron expuestas por no brindar a sus empleados los productos necesarios para poder cuidar su salud. En todos los casos las empresas responden negando lo evidente, que las precarias condiciones laborales, las largas jornadas y la falta de equipamiento expone a sus trabajadores y las personas que compran en los supermercados.

Un empleado de Whole Food relata, al diario inglés The Guardian, que la empresa “quiere que nos quedemos para limpiar hasta las 11 de la noche, sin capacitarnos para la tarea y sin darnos máscaras ni nada”.

La cantidad de compradores creció tanto que esas compañías tienen que contratar más empleados, para poder garantizar más ventas y no para alivianar la carga de los actuales trabajadores. Para esas empresas, los trabajadores pasan a ser simplemente un producto más a reemplazar en caso de enfermedad.

Un trabajador de Whole Food cuenta que luego de tener síntomas similares al Coronavirus “hablé con el departamento de Recursos Humanos, me dijeron que tendría que tomarme un permiso de dos semanas, pero que a menos que me dé positivo por Covid 19, no califico para que la empresa me de dos semanas libres pagadas”.

Mientras los trabajadores se enfrentan a tener que decidir entre la posibilidad de contagiarse, y poner en peligro a su familia, o perder el trabajo y engrosar la lista de millones de desocupados, la contracara son los empresarios que no paran de facturar millones. Las acciones de Walmart subieron en las últimas semanas. El dueño de Amazon, Jeff Bezos, es el hombre más rico del mundo pero le pide a los trabajadores de Whole Food que “donen” sus días de vacaciones para que un compañero enfermo pueda tomarse unos días y cobren su sueldo.

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Pero esta crisis no se reduce al país más rico del mundo, es algo que se repite en cada continente. En Francia la alarma se encendió entre los trabajadores de la multinacional Carrefour luego de la muerte de Aïcha Issadounène, una cajera que trabajaba en una tienda de Seine-Saint-Denis, a las afueras de París.

El ausentismo entre los trabajadores de supermercados en Francia creció en las últimas semanas. Según la agencia Reuters entre un 10 y 15 por ciento de los empleados faltó a su trabajo, llegando en algunos casos al 40%, la mayoría de los casos por estar enfermos o simplemente tener miedo a contagiarse producto de la falta de equipamiento para proteger su salud.

En Bélgica empleados, también de Carrefour, reclamaron porque la empresa no informó de que varios de sus compañeros se habían contagiado de coronavirus y de esa forma evitar que las tiendas se cerraran para proteger la salud de los trabajadores.

Una situación similar se vive en Argentina donde en varios supermercados se reportaron casos de contagios, desde la multinacional Carrefour hasta la cadena del empresario argentino Coto. Una práctica se repite, la falta de información, la presión para que los empleados sigan trabajando y la ausencia de condiciones laborales seguras.

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Se puede seguir poniendo ejemplos de uno u otro país en la mayoría de los continentes, siempre con un denominador común: la precarización en las condiciones de trabajo, la ausencia de protección para los trabajadores y el intento por ocultar los contagios, todo con un solo objetivo por parte de los empresarios, seguir aumentando sus ganancias a costa de la salud de los trabajadores.

También se repite la ausencia de respuesta por parte de los gobiernos. Si Estados Unidos es el caso más brutal por el negacionismo del presidente Donald Trump a tomar medidas contra la pandemia, los gobiernos que han decretado cuarentenas tampoco dan respuestas de fondo. La ausencia de testeos masivos, la falta de medidas para proteger a los trabajadores esenciales y la libertad para que los empresarios impongan las reglas, es un denominador común.

Ante la falta de respuesta a sus reclamos los trabajadores comienzan a hacerse escuchar. En Estados Unidos los empleados de Whole Food preparan una nueva jornada de protestas para el próximo 1° de mayo.

En distintos países de Europa también comienzan a surgir protestas contra las condiciones laborales. En Perú los gremios empiezan a manifestar su rechazo a las medidas económicas aprobadas hace poco por el Gobierno a pedido de los empresarios, las cuales abren las puertas para despidos masivos y recortes salariales.

Los trabajadores de los grandes supermercados como los de otros servicios esenciales, son llamados “héroes” en los medios, pero ni los empresarios ni los gobiernos garantizan que sus vidas estén a salvo. Los millonarios están escondidos en sus mansiones y los trabajadores garantizan que todo siga funcionando, dejando en evidencia quienes son los “parásitos” que sacan provecho de la crisis a costa de los que son verdaderamente los imprescindibles.







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