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Coronavirus, Leviatán y hegemonía: primeros apuntes

Coerción, consenso, hegemonía y crisis orgánica en tiempos de pandemia.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 17 de marzo | 00:00

La respuesta al coronavirus está confiriendo poderes sin precedentes a los gobiernos y a las gigantescas corporaciones a las que sirven y se mezclan con ellos. Los poderes de un Leviatán para evitar que, con una tos, el hombre sea un lobo para el hombre, están acumulando fuerzas que sólo se pueden ver en tiempos de guerra. Los cuerpos pueden ser examinados, confinados, testeados para obtener patentes y ganancias. Los seres pueden ser controlados por geolocalización, en tiempo real y sin autorización. Y si se solicitara un permiso, posiblemente se le concedería. Es necesario examinar la relación actual entre la coerción y el consenso para comprenderla, cuestionarla y transformarla.

Los cuestionamientos son necesarios para salvar vidas ante la tragedia que se está construyendo: un nuevo germen para el que no hay anticuerpos se enfrenta a sistemas de salud y atención precarios por el recorte de fondos, por la privatización y por cuerpos debilitados diariamente por el aire y el agua podrida en un planeta radicalmente transformado para generar mayores ganancias, por humanos que necesitan trabajar hasta la vejez, trabajando dos, tres días, por capacidades inmunológicas debilitadas por el propio capitalismo, que intenta con sus armas y métodos contener los demonios que él mismo ha liberado.

La imagen del Estado gigante, el Leviatán, evitando que el hombre sea el lobo de otro hombre con una tos parece más viva que nunca. Pero, ¿hasta dónde puede llegar este contrato -no firmado- de confianza, a través del cual los gobiernos capitalistas y las empresas multimillonarias nos salvarán? ¿Puede este momento de unidad nacional contra un enemigo invisible generar una "nueva normalidad" autoritaria y hegemónica, de un capitalismo cada vez más decadente pero que refuerza su lado coercitivo al mismo tiempo que obtiene un mayor consenso? ¿O puede la pandemia desatar el pandemonio más temido de Wall Street, la lucha de clases?

La violenta oscilación de las respuestas de los gobiernos más distinguidos muestra que la situación les ofrece oportunidades, pero también dificultades.

Cuerpos prisioneros

A 824 km de la superficie terrestre, el satélite Sentinel-5 capta una drástica reducción del dióxido de nitrógeno en China, Italia y gradualmente en todo el mundo, como resultado de la reducción de la actividad industrial y la quema de combustibles fósiles. La misma humanidad que produjo este precioso instrumento que brilla en el espacio es incapaz de salvar vidas ante un virus de gripe sin precedentes. Las distopías cinematográficas parecen cobrar vida. Las ciudades, símbolo del potencial humano de la capacidad creativa, colectiva y social, se transforman en aglomerados de jaulas individuales.

A las especificidades de un virus inédito se añaden las debilidades inmunológicas de los humanos debilitadas por el capitalismo. Las imágenes de las ciudades como montones de jaulas se suceden una tras otra. Los seres humanos confinados por el miedo, pero también por el temor a las amenazas policiales y a la vigilancia panóptica de las aplicaciones, como ya han hecho Uber y 99 en Brasil, advirtiendo a sus usuarios que quien tenga COVID-19 (¿cómo sabrá este ser digital omnisciente y omnipresente?) se desconectará de la aplicación y no podrá desplazarse utilizando sus servicios.

En el momento de escribir este artículo, al menos 300 millones de seres humanos están o han estado oficialmente confinados. 60 millones de personas en la provincia de Hubei en China están bajo vigilancia policial y las aplicaciones sociales, y no pueden caminar por las calles. La misma suerte corre para los 60 millones de italianos, 46 millones de personas en el Estado Español, 80 millones en Irán, los 13 millones de habitantes del área metropolitana de Manila en Filipinas, tres millones en Daegu en Corea del Sur y unos pocos millones en los estados con “lockdown” de Nueva York y Washington en los Estados Unidos.

A estos prisioneros del COVID-19, confinados para reducir la tasa de infección y la tasa de reclusos en un presupuesto restringido número de camas de hospital, que se limita a honrar las Leyes de Responsabilidad Fiscal, Techo de Gastos y todas sus leyes similares en todo el mundo, se añaden casi 30 millones en los campos de refugiados y un sinnúmero de presos comunes. El confinamiento de los cuerpos aparece como la imagen del momento presente.

Leviatán y hegemonía

Esta imagen, que construye y simplifica lo normal del campo de concentración, de los refugiados, o del confinamiento, que coloca al ser humano como cuerpo (y no como vida) ante un inmenso soberano, plenipotenciario, arroja luz sobre las tesis del "biopoder" formuladas hace décadas por algunos filósofos políticos como Foucault y Agamben. Las tesis del filósofo italiano en 2001, reunidas en Homo Sacer, proporcionan elementos interesantes, si se toman críticamente, para el cuestionamiento de las medidas coercitivas que se están tomando hoy en día en el mundo exterior. Algunas críticas a Agamben se discutirán más adelante en este artículo.

A pesar del descarado "negacionismo" (a lo Bolsonaro de hace semanas), negando la mayor letalidad del COVID-19 frente a la gripe común, en su texto del 26 de febrero sobre el caso italiano ofrece sólidos enfoques para la crítica de la coerción y la movilización del miedo a favor de la hegemonía:

«La desproporción con lo que, según el CNR, es una gripe normal, no muy distinta de las que se repiten cada año, es sorprendente. Parece casi que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites. El otro factor, no menos preocupante, es el estado de temor que en los últimos años se ha extendido evidentemente a las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, para los cuales la epidemia ofrece una vez más el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos se acepta en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerlo»

En un texto más reciente, del 11 de marzo, no hay tal negación. En ella, el autor evoca el temor del "inexperto", que propaga la enfermedad, como imagen de lo que se teme y que ante este temor a este hombre-lobo "contaminado", se le da poder hobbesiano al Estado y se crea un ideal de sociabilidad sin contacto, sin riesgo de contagio, sin humanidad si se quiere:

«Es difícil no pensar que la situación que crean es exactamente la que los que nos gobiernan han tratado de realizar repetidamente: que las universidades y las escuelas se cierren de una vez por todas y que las clases sólo se den en línea, que dejemos de reunirnos y hablar por razones políticas o culturales y sólo intercambiemos mensajes digitales, que en la medida de lo posible las máquinas sustituyan todo contacto —todo contagio— entre los seres humanos.»

La idea, formulada en 2001, de un cuerpo sacro, por lo tanto sacrificable, vigilado (y castigado), de que ante el soberano sólo hay "vida desnuda" (y no vida en sentido pleno) que apareció en ese momento como el sujeto matable, se ha convertido ahora en algo más. Es un inmenso ejercicio del gobierno, los medios de comunicación, la tecnología, el ejército, la policía, los negocios para mostrar a los sujetos que se está haciendo todo lo posible para que vivan (sin contagio, y sin contacto).

En ese momento de la Ley Patriota en Estados Unidos, de la guerra contra el terrorismo, etc., planteaba:

«Lo que funda tanto la igualdad de los hombres como la necesidad de la Commonwealth es precisamente el que pueda darse muerte al cuerpo. (...) La gran metáfora del Leviatan, cuyo cuerpo está formado por todos los cuerpos de los individuos, ha de ser leída a esta luz. Son los cuerpos, absolutamente expuestos a recibir la muerte, de los súbditos los que forman el nuevo cuerpo político de Occidente”. (Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida I, Pre-Textos, 2006,p. 159)»

Algo nuevo se está formulando ahora, algo diferente es lo que se está viviendo.

Biopolítica, hegemonía y crisis orgánica

La tesis de la biopolítica [1] borra y anula las diferencias entre la paz y la guerra, entre las acumulaciones parciales y las transformaciones cualitativas, entre el lugar de las múltiples herramientas de control que creó el capitalismo y cómo encajan en determinados momentos de la lucha de clases, en determinados regímenes políticos. El biopoder contra el terrorismo no encaja de la misma manera contra COVID-19 y el propio autor intenta reorganizar su tesis.

El lugar del "biocontrol" en el totalitarismo chino y la democracia burguesa occidental es diferente, la relación entre la coerción y consenso es diferente. Y lo que separa al mundo de 2001 a 2020 tampoco ha ocurrido en vano. El todopoderoso Leviatán de 2001 se enfrentó a la oposición a sus guerras de terror, tuvo que enfrentarse a la crisis capitalista de 2008, a la primavera árabe, a intensos procesos políticos en cada país, a la lucha de clases, a chalecos amarillos y a huelgas como no se han visto en décadas en Francia. Es bajo terrenos concretos situados en el tiempo que las clases, los poderes, los gobernantes actúan.

El miedo se crea, se alimenta y proporciona una oportunidad sin precedentes para que los gobernantes y las clases dominantes obtengan el consenso, al tiempo que se refuerza su capacidad coercitiva. En las condiciones sin precedentes de la crisis de 2020, hay una luz al final del túnel para que los "de arriba" construyan una hegemonía después de tantos años con elementos de crisis orgánica en varios países del mundo. Pero también hay una oscuridad allí arriba.

Y este aspecto, el disenso en medio del consenso, los límites y contradicciones en medio de los avances tecnológicos de la burguesía es un factor notoriamente ausente o infravalorado en los análisis del "biopoder", haciendo así que el terreno sea árido para cualquier acción consciente de las masas como si la batalla anterior ya estuviera perdida.

La imagen de la ciudad convertida en un montón de jaulas con humanos confinados está presente en la imaginación y hay un fuerte argumento a favor de Agamben y otros. Pero junto a la misma imagen estalla otra. ¿Cómo no conmoverse con el grito de "Fuerza Wuhan" en las ventanas? ¿Cómo no temblar semanas después con "Bella Ciao" en las ventanas de Roma? ¿O más aún con el ruidoso grupo en todo el estado español que agradece a los héroes, y especialmente a las heroínas, proletarios del sector de la salud?

Tal vez sean los primeros signos, todavía predominantemente en las ventanas, pero ¿podría ser que los seres humanos se nieguen a ser meramente cuerpos desnudos ante el Leviatán y su excusa viral? ¿Pueden extenderse las huelgas que estallan en Italia? ¿Puede ser que en el apogeo del miedo la solidaridad mueva y reconfigure no sólo las formas de pensar y de sentir, sino una respuesta que cuente efectivamente con enfrentar la tragedia que se fomenta especialmente para los más pobres, los más viejos?

Al mover tantos esfuerzos, al hacer una movilización "militar" como no se ha visto en generaciones, sometiendo a millones de personas a sufrimientos de confinamiento, pérdidas materiales en nombre de la promesa de superar una gripe (fuerte y sin precedentes) pero para la que existe abundante tecnología para mitigar inmensamente las muertes, la burguesía podría también estar fomentando una nueva y renovada crisis orgánica y ofreciendo una vía de entrada a la escena de los de abajo. Una de las grandes causas de este tipo de crisis se encuentra en Antonio Gramsci cuando la clase dominante fracasa en una gran empresa para la que "ha pedido o impuesto con fuerza el consenso de las grandes masas (como la guerra)" (Cuadernos de Cárcel 13, §23).

De las ventanas, de Wuhan, Roma o Barcelona, brotan las flores de lo que puede ir más allá del estado actual de las cosas.

Este artículo fue publicado en el último suplemento dominical de Ideas de Esquerda de Esquerda Diario, integrante de la red internacional de diarios de LID. Traducción: Maximiliano Olivera



[1Para una crítica más profunda de la biopolítica y sus límites como pensamiento estratégico para una estrategia socialista, recomendamos especialmente el prólogo de Estrategia socialista y arte militar de Emilio Albamonte y Matías Maiello, publicado por Ediciones IPS.







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