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Red Internacional

Francia, Italia, Estados Unidos, Brasil, Myanmar. Contra los despidos, por salario, escuelas seguras, en defensa de las vidas trabajadoras. ¿Qué está pasando en la clase que mueve el mundo?

Lucho Aguilar@lukoaguilar

Domingo 7 de febrero | 01:28

Un petrolero de Total Francia le cuenta a sus compañeros, orgulloso: “No estamos solos. Normandía, Flandes, La Mède, Donges hoy también están en huelga". Un trabajador inmigrante en Italia sostiene una bandera: “basta soldi ai richi” (basta de salvar a los ricos). Una delegada de las 25 mil docentes de Chicago levanta su mano a favor de la huelga “por la reapertura segura de las escuelas”. Una enfermera del Hospital Universitario de San Pablo se suma al piquete: “a mí me vacunaron pero a las contratadas no”. En el hospital de Yangon (Myanmar) una enfermera se deja el barbijo pero no se tapa la boca: va a la huelga contra el golpe militar.

Un mundo cada vez más en crisis

El 2021 arrancó complicado. El FMI intenta disimular su pesimismo con pronósticos de “rebote” de la economía que no alcanzan a revertir ni la mitad de la caída del 2020. Encima las nuevas olas de contagios sacuden el tablero y desatan una guerra por las vacunas al mejor estilo “salvese quien pueda”.

Pero vayamos al presente de la clase trabajadora. El Monitor de la Organización Internacional del Trabajo: COVID-19 y el mundo laboral presentado hace pocos días es lapidario: “el 8,8% de las horas de trabajo mundiales se perdieron en 2020. Equivale a 255 millones de puestos a tiempo completo. Cuatro veces mayor que durante la crisis financiera de 2009”.

El cachetazo no es para todos igual. La pérdida de empleo en jóvenes de 15 a 24 años fue más del doble que en adultos. “Tenemos el riesgo de una generación perdida" dicen. Tranca.

En un interesante artículo publicado en el semanario Ideas de Izquierda este domingo, Michel Husson advierte que los organismos internacionales esperan que el desempleo siga subiendo a pesar de que la actividad económica "rebote". O sea que los capitalistas intentarán "salir de la crisis" aumentando la explotación obrera. Husson dice que la clase empresaria empieza a ensayar “distintas formas de ajuste laboral: destrucción total, quiebras, planes sociales, regímenes de jubilación anticipada, bajas especiales, ampliación y flexibilización de la jornada laboral, ampliación de plataformas y de trabajo el domingo, todo se implementará”.

Ese plan ya comenzó. La lucha de clases todavía no está a la altura de esos primeros ataques, es cierto. Pero no arrancamos de cero.

En 2019 habíamos visto un “retorno de la lucha de clases”, con verdaderas rebeliones populares. Porque la crisis empezó mucho antes que la pandemia. Los “chalecos amarillos”, los levantamientos en Argelia y Sudán, las protestas masivas contra la carestía en Irak y el Líbano. La ruidosa desmentida del "modelo Hong Kong". Los levantamientos en Puerto Rico y Haití. La rebelión en Ecuador contra los planes del FMI y en Chile contra los 20 años de herencia económica y política pinochetista. En 2020, a pesar de virus y cuarentenas, vimos las huelgas en Colombia, las impresionantes movilizaciones contra la policía racista en EE.UU contagiadas a otros países, el estallido social y la crisis del régimen en Perú, o “la huelga general más grande de la historia”, con 250 millones de trabajadores en India.

La pandemia de alguna manera “suspendió” algunos de esos procesos, pero la crisis económica, las penurias de las masas y los planes capitalistas anuncian nuevos choques de clases. Las medidas de contención estatales y el rol las conducciones sindicales logran que por ahora no estalle. Pero crece el malestar.

En Argentina vimos las tomas de tierras de mediados de 2020 y las luchas salariales que cerraron el año. En este comienzo de año, en La Izquierda Diario venimos mostrando nuevas respuestas al intento de descargar la coronacrisis sobre los cuerpos y el bolsillo obrero. Las luchas de salud por salario y condiciones laborales, la juventud de Hey Latam contra el cierre, la huelga de Subte para que respeten las licencias a mayores de 60, los conflictos aeronáuticos en Latam y GPS, en una lista que incluye a rurales del NOA, vitivinícolas mendocinos, de televisión, neumáticos y choferes, con la docencia alerta por las condiciones de retorno las aulas, por nombrar solo algunos.

Y recién empieza febrero.

Pero tenemos que levantar la vista por encima de nuestros lugares de trabajo, de nuestras fronteras. La pandemia mostró cómo está interconectado el mundo. Como son internacionales las recetas de los Estados y las grandes empresas. Por eso, seguir con atención las primeras luchas que protagonizan nuestros hermanos de clase, acá y allá, es clave para tener una visión global de los tiempos que vienen.

Hagamos primero un rápido recorrido. En Estados Unidos: 6000 trabajadores de Amazon Alabama están dando la pelea por sindicalización más grande de la historia de la empresa; en Hunts Point, uno de los mercados más grandes de Nueva York, trabajadores blancos, negras, latinos e inmigrantes triunfaron tras días de huelga; más abajo contamos la lucha de las maestras de Chicago. En México, tras huelgas en las maquilas de Matamoros, hay conflictos en Interjet, hospitales y universidades. En Brasil, el cierre de Ford no será tan pacífico parece, pero hay luchas en salud, municipales, bancarios. En el Estado Español este viernes hubo paro en el Metro y los trenes de Renfe, así como una oleada de luchas en el País Vasco. En Inglaterra casi 5 mil trabajadores del aeropuerto de Londres (Heathrow) arrancaron este viernes una serie de huelgas. En Francia se cumple un mes de huelga en Total Grandpuits y hay conflictos en laboratorios (Sanofi), ferrocarriles (Infrapôle), logística (Tarn), eléctricos (Schneider), así como entre maestras y enfermeras de varios distritos. Italia viene de una huelga general de un sector de los sindicatos, con conflictos además en FedEx, Zara y sobre todo salud.

En los últimos días hubo además dos hechos trascendentes. En Haití vimos una fuerte huelga general encabezada por choferes, docentes y textiles, con dos condimentos especiales: el reclamo para que el presidente Moïse entregue su cargo ya vencido y el repudio a “la violencia callejera” que muchos ligan al partido de gobierno. En la India una rebelión campesina contra la ley de reforma del sector agrícola sacude el país. A fines de 2020 la rebelión había confluido con una huelga general de 250 millones de trabajadores, pero las centrales obreras y campesinas hoy evitan esa unidad.

Desde nuestra red internacional de diarios venimos reflejando esos conflictos, e interviniendo en muchos de ellos con las agrupaciones clasistas de los grupos que son parte de la Fracción Trotskista.

Como decíamos antes, si las comparamos con los ataques, las resistencias todavía son incipientes, en muchos casos aisladas. Pero hay que prestarles mucha atención. Conocerlas, difundirlas, solidarizarse. Sacar conclusiones. Desde que comenzó la pandemia, son las primeras respuestas de la clase que maneja todas las palancas de la economía. Que cura, enseña, transporta y produce todo. No está dicha la última palabra.

Ahora, vayamos a las cinco luchas de esta semana que vale la pena conocer.

1. Chicago: un ejemplo de lucha por el retorno a escuelas seguras

Nosotros queremos escuelas seguras”. La joven maestra Hallie Trauger tiene el cartel en la tapa de su computadora. Mientras da clases protesta contra el plan de regreso a las aulas de la dirección de Escuelas Públicas de Chicago (CPS).
La medida fue votada por una asamblea de 600 delegados.

La lucha se da pocos días del ascenso de Biden, al calor de otros procesos como el de Amazon y Hunts Point. Millones de trabajadores esperan que las cosas cambien sin Trump. El partido demócrata se encargará más temprano que tarde de aclarar las cosas.

La ola de coronavirus ya dejó más de 450 mil muertes en ese país, sobre todo en las comunidades latinas y negras. Como dice un activista a Left Voice: “la lucha por un plan seguro de reapertura es la misma lucha que enfrentan todos los trabajadores. No queremos que se margine aún más a las familias trabajadoras ni someta a sus hijos a condiciones inseguras”.

Lo más interesante es su propuesta de “protocolo para un regreso seguro” que votaron. Exigen testeos y vacunas, equipos y otras medidas para las familias pobres, que la comunidad participe de la mesa de negociación, así como el control de las condiciones por parte de la docencia autorganizada. Proponen “elegir comités de seguridad e higiene en cada escuela, con miembros electos que incluyan delegados y expertos independientes, con capacidad de paralizar el trabajo si las condiciones no son seguras”.

Este fin de semana continuaban las negociaciones y las maestras seguían al borde de la huelga.

2. Italia: tres crisis, una huelga general

Italia está complicada. A la crisis sanitaria y económica se suma una política: tuvo que renunciar el primer ministro Giuseppe Conte.

Pero estos días las noticias también llegaron de las calles. Una huelga convocada por parte de los sindicatos combativos (SI Cobas y Slai Cobas) despertó movilizaciones en Milán, Turín, Piacenza, Bolonia, Roma y Nápoles, donde confluyeron trabajadores y estudiantes.

La huelga se sintió en el sector de la logística, donde trabajan muchos inmigrantes, pero también en algunas ramas industriales. Trabajadores en conflicto como los viales, correos (SDA y Fedex), fueron parte de la movida.

Una de las cosas más interesantes son las consignas que levantó la jornada:

  •  Impuesto a los ricos para invertir en salud.
  •  Protocolo eficaz, con comités obreros para vigilar su cumplimiento.
  •  Reorganización del servicio público de salud único, universal y gratuito, con expropiación de todas las clínicas privadas.
  •  Renovación automática de los contratos de trabajo, con aumentos salariales adecuados.

    El impacto del paro y la simpatía entre trabajadores que no pudieron sumarse por la actitud traidora de los grandes sindicatos (CGIL-CISL-UIL), muestra que hay un gran potencial de movilización de trabajadores y jóvenes que aún no se ha expresado.

    Facciamo pagare la crisis ai padroni”, hagamos pagar la crisis a los patrones, decía la bandera de unos los piquetes. En cualquier idioma, tiene que ser un grito de guerra.

    3. Francia: un mes de huelga en Total, un ejemplo de cómo luchar

    Grandpuits es una de las refinerías de la petrolera francesa Total, en las afueras de París. Desde hace un mes sus trabajadores luchan contra un plan que dejaría 700 familias en la calle.

    La empresa argumenta un plan de “transición ecológica” que no se lo cree ni Greenpeace, que apoya a los huelguistas. Habla de crisis pero repartió siete mil millones de euros en dividendos en 2020.

    Es una avanzada del plan de la burguesía francesa. Un caso testigo. También por lo que ha desatado.

    El 4 de enero arrancó una huelga por tiempo indeterminado. Montaron piquetes, eligieron un comité de huelga, lanzaron un fondo de huelga, se armó una comisión de mujeres y salieron a recorrer otras empresas. Así lograron un paro solidario de 48 horas en las plantas de Total en Normandía y otras ciudades. "Reavivar los fuegos de la solidaridad" era el grito de guerra. También lo hacemos nuestro.

    Esta semana fueron protagonistas de la “jornada interprofesional” convocada por algunas centrales y sindicatos (CGT, FSU, Solidaires, UNEF, UNL), encabezando la marcha en París.

    Te puede interesar: Francia: la lucha testigo de los petroleros de Grandpuits y sus protagonistas

    Pero vale detenerse en el “método Grandpuits” para pensar cómo luchar:

  •  Combatividad. Grandpuits es un huelga dura. “Salvaje” dirían los medios. Huelga con 90 % de acatamiento, piquetes en los portones y cortes de calles para garantizarla. Además se han movilizado con otros sectores, a pesar de la política represiva de Macron, las amenazas de sanciones de la empresa y de requisa policial.
  •  Autorganización. Hay una frase marcada a fuego estas semanas: “la huelga es de los huelguistas”. ¿Qué significa? Que las asambleas son permanentes y soberanas. Que los organismos reúnen a efectivos y contratados, así como afiliados a distintos sindicatos. Que eligieron un comité de huelga con delegados revocables de cada sector de la empresa. Que se armaron comisiones, como la de mujeres. Como dijo Amelie a Revolution Permanent: “queremos participar en lo que está pasando. En la hoguera, en la organización. ¡Estamos aquí para que te no te rindas!”.
  •  Coordinación. El lema “la huelga es de los huelguistas” no debe ser malinterpretado. Saben que para ganar no pueden pelear solos. Como dijo en un acto Adrien Cornet, delegado de base de la CGT en Total, militante de la CCR (grupo hermano del PTS), ante activistas de otras empresas: “tenemos los mismos problemas, los mismos overoles, es porque estamos unidos que somos fuertes”. El piquete se ha convertido en lugar de reunión de sectores en conflicto, organizaciones sindicales y políticas. Pero no esperan sentados. Recorren plantas de Total y de otras empresas, para reagrupar a quienes están en la “primera línea” de la resistencia.
  •  El "frente único obrero". Esa coordinación está puesta al servicio de llegar al resto de la clase trabajadora. En las asambleas y marchas se plantea a los distintos sindicatos (CGT, FO, CFDT) que convoquen a medidas unitarias de lucha, donde cada conflicto o corriente pueda levantar sus propias banderas. Como dice Cornet, “desde el 4 de enero estamos dando todo. Entonces decimos: ¡centrales sindicales, escúchennos! Necesitamos una estrategia: coordinar las diferentes luchas, las diferentes ramas, ¡llamen a la huelga!”.
  •  Alianza obrera y popular. Saben que a la gran alianza de Total, Macron y los grandes medios, hay que oponerle otra. Contra el verso “ecológico” de la empresa, sumaron a la pelea a Greenpeace o Les Amis de la Terre. Como dijo uno de ellos, “la ecología de Total es la de los poderosos. Queremos construir una ecología popular junto a los trabajadores que conocen sus medios de producción”. Los estudiantes los apoyan y pintaron de verde la fachada del edificio corporativo. Los comerciantes les dan alimentos en sus recorridas.

    El martes 9 es un día clave para la negociación. Mientras tanto siguen siendo un ejemplo. Como dijo Anasse Kazib, trabajador ferroviario y también dirigente de la CCR, “cuando ustedes levantan la cabeza, dan fuerza a todos los trabajadores que esperan una chispa para que estalle”.

    4. Brasil: vacunas para todos y todas

    “Soy empleada desde hace 23 años pero no vacunaron, no entré en la lista de prioridad”. La que habla es una trabajadora del Hospital Universitario de San Pablo, Brasil. Recibieron 200 vacunas para 2 mil empleados.

    No solo son pocas. El criterio fue discriminatorio. Para quienes están subcontratados no había vacunas. "Nuestra vida vale menos", le dijo una trabajadora de limpieza a Esquerda Diario. Es que la mayoría son precarizadas, mujeres y negras.

    En cambio la lucha no discriminó. Trabajadores blancos, efectivos y vacunados, se unieron. Con el primer paro consiguieron 500 dosis. Siguieron activando.
    Consiguieron 800 más. Pero tienen un cartel que dice: “vacunas para todos”. Y siguen.

    Brasil es uno de los países más castigados por el covid-19. El otro virus es el ajuste. Ya hay 14 millones de desocupados y grandes empresas como Ford, Petrobras, Banco Do Brasil, Correio y las aplicaciones de reparto aprovechan para atacar. Por eso el conflicto en el Hospital USP es un gran ejemplo.

    5. Myanmar: de la primera línea contra la pandemia a la primera línea contra el golpe militar

    La enfermera sostiene sus tres dedos en alto. Imita a Katniss, la picante protagonista de Los juegos del hambre. En la saga, el gesto de despedida se termina convirtiendo en símbolo de rebelión contra los ricos que viven protegidos por un ejército.

    Yangon se ha convertido en el epicentro de las protestas contra el golpe. El lunes pasado el ejército reclamó “fraude” en las elecciones que ganó abrumadoramente la Liga Nacional para la Democracia. En esta nota de La Izquierda Diario explicamos quién es quién en la crisis.

    El miércoles, 1000 trabajadores y trabajadoras de la salud iniciaron una huelga en 70 hospitales del país. Llamaron una conferencia. "No podemos aceptar la dictadura", dijo el médico Htet Paing, rodeado de sus compañeras, con el rostro serio y los dedos alzados. “Exigimos que liberen a todas las personas detenidas".

    Ellas son quienes enfrentan en condiciones difíciles la batalla contra el COVID-19.

    Con esa autoridad llamaron a una desobediencia civil que va contagiando. Los profesores se plegaron este viernes, así como estudiantes, grupos de jóvenes y trabajadores tanto del sector estatal como del privado, camino a la huelga general que ya está en marcha. La mayoría de ellas son mujeres. En los barrios hay cacerolazos y bocinazos. “Ya no vamos a trabajar con ellos. Queremos que el golpe militar fracase”, dicen.

    ***

    Como decíamos antes: hay que seguir con atención estas luchas, apoyarlas. El virus no tiene fronteras. El plan de los capitalistas tampoco. ¿Por qué la clase obrera debería tenerlas?




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