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Red Internacional

Este de Asia. Corea del Norte lanza misiles hacia territorio surcoreano y Japón

En los últimos dos días, Corea del Norte ha vuelto a disparar misiles balísticos, uno de los cuales sería intercontinental. Algunos aterrizaron en la frontera marítima "de facto" con Corea del Sur y otro cayó en el mar de Japón. Estas pruebas militares se enmarcan en un contexto de refuerzo militar de Estados Unidos en el Pacífico y de su creciente competencia con China.

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Jueves 3 de noviembre | 23:23

Este último miércoles, Corea del Norte envió 23 misiles de prueba desde sus costas este y oeste. Según las autoridades de Corea del Sur, al menos siete de ellos son misiles balísticos. Uno de ellos habría aterrizado 166 km. al noroeste de la isla surcoreana Ulleung-do.

Según los informes, Corea del Norte también disparó alrededor de 100 proyectiles de artillería y cohetes hacia una "zona de amortiguamiento" al norte de la frontera marítima oriental. Según las autoridades de Corea del Sur, esta sería la primera vez que el fuego de misiles de Pyongyang cruza la frontera marítima de las dos Coreas, el presidente Yoon Suk Yeol denunció una "violación de las aguas territoriales de Corea del Sur".

Este jueves se dispararon tres nuevos misiles, entre ellos un misil balístico intercontinental que habría sobrevolado Japón y dos misiles balísticos de corto alcance, cayeron en el mar nipón, presumiblemente por fallas en su lanzamiento. Estas pruebas siguen a otra serie realizada a principios de octubre, cuando un misil balístico de alcance intermedio (IRBM) de Corea del Norte sobrevoló Japón, poniendo fin a cinco años de relativa estabilidad en la península de Corea. Ese misil también habría podido llegar a Guam, una isla situada en la parte occidental del océano Pacífico (uno de los catorce "territorios no incorporados" de Estados Unidos, un eufemismo para denominar a sus colonias) y que Corea del Norte ya había amenazado con atacar hacía cinco años. El imperialismo estadounidense en ese momento respondió disparando cuatro misiles frente a la costa este de la península.

¿Hacia una escalada de tensiones y nuevos ensayos nucleares?

Estas nuevas pruebas son parte de una larga serie por parte de Corea del Norte. Solo en 2022 Pyongyang realizó veintiocho pruebas, marcando un recrudecimiento de las tensiones militares desde 2017. En ese año, Corea del Norte probó tres misiles balísticos intercontinentales y realizó una prueba nuclear. Naciones Unidas había tomado entonces sanciones contra el país, en particular prohibiéndole exportar sus principales materias primas como carbón, minerales, mariscos y textiles, sanciones que son muy dañinas para la economía norcoreana.

Desde entonces, Corea del Norte ha realizado algunas pruebas militares sin reanudar nunca las nucleares, en el contexto de negociaciones fallidas con Estados Unidos. Hoy, la escalada está lejos de detenerse y es posible que se consideren nuevas pruebas nucleares. Lee Byong-chul, experto en Corea del Norte y miembro del Instituto de Estudios del Lejano Oriente de la Universidad de Kyungnam en Seúl, explicaba al New York Times: "La prueba norcoreana de hoy era predecible ya que tuvo lugar durante un ejercicio militar conjunto entre Corea del Sur y Estados Unidos, pero fue impactante cuando el misil voló hacia la isla de Ulleung-do. Corea del Norte no renuncia a su confrontación de poder y su política de ´cuerda floja´ con Estados Unidos y Corea del Sur. Probablemente veremos nuevas tensiones".

En el marco de la guerra en Ucrania, militarización creciente y sostenida en la región

Este aumento de las tensiones militares se explica por el estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte. Durante 30 años, los esfuerzos de Estados Unidos se han centrado en obligar a Corea del Norte a renunciar al control de misiles balísticos y armas nucleares, dejándolo con solo dos opciones: tener relaciones con Estados Unidos o armarse y aislarse. Sin embargo, los únicos medios para mejorar las relaciones entre ambos países, que consisten en reducir el alcance de las sanciones económicas, están condicionados por la voluntad de Estados Unidos de desarmar a Corea del Norte.

En 2019, por ejemplo, Corea del Norte ofreció desmantelar su instalación nuclear más grande a cambio del levantamiento de ciertas sanciones, esta propuesta fue rechazada, porque Estados Unidos quería su completo desarme. Hoy, estas relaciones se han endurecido y en septiembre de 2022, Corea del Norte llegó a aprobar una ley que declaraba la posesión de armas nucleares y la exclusión de cualquier negociación sobre la desnuclearización del país. Para Estados Unidos, tales declaraciones son inaceptables porque transmiten la idea de que es posible desafiarlos, eludir las decisiones de la ONU y la llamada “comunidad internacional”.

La guerra en Ucrania está acelerando las tensiones entre los dos países. Del lado estadounidense, el Pacífico se ha convertido en una de las regiones clave en su estrategia de contención de China. De ahí las estrechas relaciones que Washington mantiene con Corea del Sur y Japón, que ya han mostrado su voluntad de unir fuerzas para contrarrestar a su vecino (aunque con contradicciones, especialmente para Corea del Sur). En cuanto a Corea del Sur, el expresidente Moon Jae-in había buscado relaciones con Corea del Norte y la política unilateral de Trump era un obstáculo para el acercamiento con Estados Unidos. Pero la llegada al poder de Biden y del nuevo presidente de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, marcó un punto de inflexión y solidificó los lazos entre los dos países.

Hoy, cerca de 28.000 soldados estadounidenses se encuentran en la península de Corea y 57.000 en Japón. Pero la cooperación entre Corea del Sur y Estados Unidos también es económica y está haciendo todo lo posible para evitar que China ingrese a la economía de Corea del Sur. Para eso se vale, en particular, del acuerdo de libre comercio entre EEUU y Corea del Sur (llamado KORUS en inglés) firmado hace diez años. En julio pasado, las empresas de Corea del Sur también se comprometieron a invertir U$S 22 mil millones en la economía de EE. UU. en sectores tecnológicos clave.

Está claro que Estados Unidos busca aumentar la presión contra China reforzando su presencia militar en la región así como cooperando con el máximo número de aliados allí. Así lo demuestran sus vínculos con Corea del Sur y Japón, como lo mostró también la visita de Nancy Pelosi a Taiwán y las -apenas disimuladas- amenazas de Estados Unidos contra China. Del lado de China y Rusia, en mayo pasado vetaron la propuesta de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para endurecer las sanciones contra Corea del Norte.

Es en este contexto que los conflictos regionales están resurgiendo y acentuándose, cada uno buscando jugar bien sus cartas, por lo que los lanzamientos de misiles por parte de Corea del Norte se producen justo después de nuevos ejercicios militares conjuntos anuales entre Corea del Sur y Estados Unidos. Luego de los ejercicios "Ulchi Freedom Shield" a fines de agosto y los ejercicios "Hoguk" a fines de octubre. La operación de entrenamiento "Vigilant Storm" movilizó 240 aviones y miles de militares de los dos países para prepararse para el aumento de la tensión con Corea del Norte. Llamando a los simulacros un "ensayo para la invasión", el Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Norte declaró: "Si Estados Unidos persiste en sus graves provocaciones militares, la República Popular Democrática de Corea (RPDC) considerará medidas de seguimiento más fuertes".

Para Corea del Norte, se trata de impedir la alianza entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, pero también de aprovechar la guerra de Ucrania para reposicionarse en el escenario mundial y hacer valer sus intereses desarrollando su poderío militar.

“La verdadera conexión con la invasión rusa es que Corea del Norte se beneficia de tres tendencias. La primera es la banalización de sus pruebas balísticas. La segunda es el enfoque de la comunidad internacional centrado sobre Ucrania. La tercera es la división de esta ´comunidad internacional´”, explica Antoine Bondaz en Franceinfo. Es en este contexto que los misiles de corto alcance son un activo para su estrategia de militarización, siendo más difíciles de interceptar y capaces de transportar ojivas nucleares hacia el Sur y a Japón. "Esta es una de las principales razones por las que Corea del Norte actualmente está desarrollando sus capacidades, debe tener un arsenal importante para poder negociar parte de él. Corea del Norte quiere ser reconocida como potencia nuclear, pero algunos analistas creen que eventualmente se ofrecerá a armarse solo con armas nucleares de corto alcance, que aún pueden servir como elemento disuasorio, pero renunciará a sus capacidades de misiles de mayor alcance a cambio de concesiones económicas por parte de Washington”, dice Choe Sang-Hun, jefe de la oficina en Seúl de The New York Times.

Las tensiones militares van en aumento. En Asia oriental, el lanzamiento de misiles, la remilitarización de Japón o los ejercicios cerca de Taiwán son otros tantos presagios de posibles conflictos cuyas poblaciones serán las primeras en pagar el precio. Sólo una solución que venga desde abajo, desde la clase obrera y sectores populares, podrá ofrecer una alternativa a estos gobiernos reaccionarios y su mortífera superación guerrera.

En Corea del Sur, muchos habitantes mostraron su oposición al creciente papel del ejército estadounidense en el país el mes pasado. La clase obrera también ya ha mostrado su potencial en la gran huelga de más de medio millón de trabajadores hace un año. En Japón, el rearme actual es muy impopular. Así como muchos signos de ira que deben conducir a una respuesta general de la clase trabajadora en el este de Asia, en solidaridad con la de los países vecinos.


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