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Red Internacional

Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región. De quienes trabajan, el 60% lo hace en situación de informalidad. Hablamos con Nahuel, Guadalupe y Franco quienes viven en la zona norte del Conurbano Bonaerense. Conoce lo que piensan.

Nancy MéndezLic. en Trabajo Social UBA | Redacción Zona Norte Gran Buenos @NancyMariele

Jueves 12 de agosto | 11:45

Limpiavidrios

Le dicen Kun, porque un tío fanático de Independiente le puso ese apodo como táctica en medio de una disputa familiar por la elección del cuadro de fútbol. Se llama Nahuel y terminó siendo de Boca. Tiene 16 años y una increíble habilidad con sus manos; es capaz de limpiar un parabrisas en segundos. No tiene un registro del tiempo preciso sobre la cantidad de veces que hace eso mientras está ahí, pero se lo puede encontrar en la esquina de 197 y Panamericana durante el mediodía.

Entre semáforo y semáforo se lanza a los autos, busca conectar su mirada con los conductores mientras realiza una seña con sus dedos índice y pulgar, que aparenta ser un círculo pequeño y que simboliza una moneda.

Me cuenta que en el mismo cruce limpian vidrios su primo Nico de 14 años y su hermano Román de 11 años. Le pregunto que va a hacer cuando se vaya. Me contesta que quiere terminar temprano en el semáforo, para tener tiempo de jugar a la pelota con sus amigos antes de que se haga de noche y haga más frío.

“ Yo con lo que junto puedo comprar algo de verdura y a veces salchichas para mi y mi familia. Si me alcanza también para una coca cola y yogurt para nosotros” .

Dice que lo que más bronca le da cuando va a “trabajar” es que no lo miren y lo ignoren.

“ Me da bronca cuando los miro y no me miran, no me animo a tirarles el agua al parabrisas si no me miran, eso me saca las ganas a veces de venir acá. Tampoco es que me gusta estar haciendo esto, pero es lo que sé hacer y en mi casa están sin trabajo”

Entre Rieles

Guadalupe tiene 15 años y vive con su mamá y sus hermanos en la localidad de Grand Bourg, partido de Malvinas Argentinas. Ella vende hebillas, ahora lo hace en el tren Belgrano Norte. Vendía en ferias y plazas junto a otros familiares.
Recuerda que su mamá la acompañó durante el primer mes que se subió al tren a vender y la esperaba mientras ella repartía las hebillas a los pasajeros, pero que tuvo que dejarla sola de un día para el otro porque debía ocuparse del resto de su hermanitos más chicos.

Guadalupe es la hermana mayor de 5 hermanos, sus padres se separaron cuando ella tenía 10 años. Por ser la hermana mayor comenta que se sintió con la responsabilidad y la presión de trabajar para ayudar así a su mamá que trabaja como empleada doméstica.

Una de las cosas que me cuenta del trabajo es la división que hay del recorrido. Desde la estación Retiro hasta Boulogne y desde la estación Boulogne hasta Villa Rosa o Grand Bourg . Esta división se debe al poder adquisitivo de los pasajeros para comprar arriba del tren.

“Al principio tenía vergüenza, pero ahora ya no. Te empezas a acostumbrar porque siempre es lo mismo más o menos lo que pasa arriba del tren. En la escuela no saben que hago esto, no se lo dije a ningún profesor ni a mis compañeros. No estoy muy enganchada con la escuela, pero quiero terminarla, porque sé que para trabajar en un lugar te piden el secundario terminado”. Me comenta Guadalupe. Entonces le pregunto:

¿Qué te gustaría ser cuando seas grande?

Me mira, sonríe y dice “guau” qué pregunta me haces. A lo que le respondo: ¿ Dale, nunca te la hicieron o nunca lo pensaste?

“ Si la pensé un montón de veces cuando miro todo lo que hace mi mamá, se que quiero trabajar de otra cosa y no tener hijos. Me gustaría tener un trabajo que me de la plata para viajar y conocer otros países, viajar en avión. Pero eso es un sueño por ahora, hay poco trabajo y mucha crisis y con la pandemia casi nadie me compra”

La elección de vender hebillas, me cuenta que fue de su mamá. Guadalupe refiere que eso tiene que ver con la interacción que debería hacer en la venta. Dedicada más a las pasajeras que a los hombres. Aunque esto no evita el machismo dentro del tren. “Yo aprendí a cuidarme”, me dice mientras se cambia de vagón.

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Arriba de la bici

Franco tiene 23 años y refiere que a los 16 años tuvo que salir a trabajar en una verdulería barrial para colaborar con la economía familiar. Su trayectoria laboral continuó con una forrajearía, paso por call centers, y hoy se encuentra realizando “changas” de gasista que complementa con su trabajo en Rappi.

Relata que los fines de semana se va con su bici a Capital, sin saber cuánto dinero va a hacer ese día arriba de la bici. Eso es una de las cosas que más le jode manifiesta, “ la incertidumbre de saber con cuanta plata volverá”. Por eso y por sus derechos laborales el me cuenta que habla con sus compañeros de Rappi para ver que opinan sobre este tipo de trabajo.

“La relación la construyo con los chicos en el tren, cuando volvemos en el tren Sarmiento, nos miramos y nos reconocemos por la mochila y suelen salir charlas por el laburo, nos preguntamos cuántos pedidos metiste, cuanta plata hiciste, cómo llegaron, insultamos a la APP siempre, la insultamos porque es una miexx, que te manda pedidos de 4 kilómetros y te paga cualquier cosa. Entonces arrancan los pibes contando eso y ya empezamos a charlar ”.

Intercambiamos sobre su familia, Franco refiere que están sin trabajo estable, lo que él gana aunque sea poco manifiesta que es importante para la economía del hogar. Entonces le preguntó ¿Qué dice su familia de su trabajo en Rappi ? a lo que me responde:

“Y es lo que conseguí y saben que es una mierda, pero no me quedó otra, me apoyan igual pero no ponen ninguna expectativa, es hasta que ojalá pueda conseguir algún trabajo mejor, ellos no se comen el verso de que soy un emprendedor, ellos y yo queremos un trabajo con derechos laborales”.

La juventud tiene todo por ganar

Este 12 de agosto se celebra el día internacional de la Juventud, por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región. De quienes trabajan, el 60% lo hace en situación de informalidad. Las historias se repiten son pibes y pibas que se ven “obligados” a salir a trabajar de alguna u otra manera porque en sus hogares los adultos responsables han perdido su fuente de ingreso, o se ven obligados a una carga horaria excesiva de changas, trabajo informal, etc.

Entonces ¿Por qué no podemos pensar que se reparta las horas de trabajo entre todas las manos disponibles?
El Frente de Izquierda viene sosteniendo la importancia de la reducción de la jornada de trabajo a 6 horas, 5 días a la semana. Es un debate que se está dando a nivel internacional, sin que implique ninguna rebaja salarial sino al contrario, el salario tiene que cubrir el costo de la canasta básica familiar.

El potencial de la juventud sigue intacto y junto a las grandes mayorías el reparto de las horas de trabajo y el derecho a un trabajo digno es posible de alcanzar.

Dossier: Frente de Izquierda: trabajar seis horas y repartir las horas de trabajo




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