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Red Internacional

Ley de Humedales YA. Contundente discurso de Claudia Piñeiro en la Feria del Libro: “en Rosario no se puede respirar”

Claudia Piñeiro fue la protagonista de abrir la nueva feria del libro en Rosario, donde encaró un duro discurso. Pidió el fin de las quemas y la Ley de humedales ya. "Los tiempos del río, nuestros tiempos y los tiempos que se toman los legisladores para sancionar leyes son muy distintos."

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Viernes 9 de septiembre | 12:32

Volvió la Feria Internacional del Libro 2022 a Rosario, luego de dos años de pandemia. Este jueves la actividad principal de la apertura del ciclo estuvo centrada en la explanada de la Plaza Montenegro, frenta al Centro Cultural Fontanarrosa. Y la encargada del discurso inaugural fue la escritora Claudia Piñeiro, quien hizo especial énfasis a los incendios en las islas. Habló de urgencias, de la quema de los humedales y de la ley tan pedida.

La escritora fue contundente: "En Rosario no se puede respirar: Ley de humedales ya. Se quema la isla. Llama la atención que esto no amerite un tratamiento urgente. ¿Hay algo más urgente que no poder respirar?"

Acá transcribimos algunos fragmentos del discurso de la escritora: "A lo largo de la vida, una escritora, un escritor, escribe. Nuestra tarea es escribir. Buscar dentro del universo de palabras posibles aquellas más apropiada para cada texto, elegirlas, anotarlas, combinarlas, incluso descartar las que no nombran como queremos nombrar. Algunas (algunos) creemos que allí, en la búsqueda y elección de qué palabra, hay un acto político. Lo sea o no, escribir es una acción concreta. Una (uno) se sienta en su silla, frente a la pantalla -nuestra página en blanco de hoy-, y aprieta las teclas que pintarán letras, palabras, oraciones, frases, párrafos, textos. Escribir hoy está muy lejos de ser un acto romántico, como lo puede haber sido siglos atrás. Comparto lo que dice Eugenia Almeida en su libro Inundación, acercando la escritura a nuestros tiempos y a nuestra realidad. Dice Almeida: “Se escribe con el cuerpo. No se trata de una actividad mental. Se escribe con la espalda, las manos, los ojos, la nuca, las piernas. No hay que olvidar eso: cada vez que hay escritura, es un cuerpo el que escribe”.

Piñeiro siguió: “Coincido con Almeida, y me pregunto entonces: ¿a qué ponerle el cuerpo?, ¿qué escribir?”. La respuesta a esa pregunta varía según el motor que se enciende para dar inicio al acto.

Y siguió: "Este discurso de apertura. Un texto atípico. Es a pedido, por lo tanto no hay deseo en el origen sino demanda, sin embargo tampoco hay en apariencia reglas ni pautas a seguir. La supuesta libertad es absoluta. Pero ¿lo es?, ¿cuál sería el recorte adecuado para esta ocasión? En el discurso de apertura de cualquier Feria del libro es de esperar que nadie te sugiera de qué tenés que hablar. Mucho menos, de qué no podés hablar. Nadie acota el tema, nadie limita, nadie pide. Pero me pregunto: ¿alguien espera?, ¿alguien desea que la escritora (el escritor) se refiera a una cuestión en particular? El conjunto de asuntos posibles a tratar es, como el lenguaje, infinito. Y, en esa inmensidad, lo primero que surge es el desconcierto, incluso la parálisis. ¿Qué tema escojo? ¿Qué dejo de lado? ¿Cómo hago para no defraudar la expectativa que quizás tengan algunos o algunas, acerca de lo que elijo decir? Cuando la libertad supuesta es tan grande aparece el temor. Temor a no estar a la altura de las circunstancias, temor a que no le importe a nadie lo que venimos a decir, temor a que la oportunidad no sea honrada. Incluso, temor concreto a que lo que una (uno) elige decir moleste a personas o a determinados intereses y eso dispare una serie de agresiones posteriores, por diferentes vías y de diferente intensidad. Se escribe con el cuerpo, y las agresiones se sienten en el cuerpo. En la actualidad, cuando se supone que no existe censura, vemos a diario cómo opera el “miedo a decir”, limitando el propio discurso. Por eso lo primero que hay que hacer para poder ejercer el acto de escribir y hablar con libertad es relativizar el temor. Poner por encima del temor algo que lo supere, que lo haga pequeño. Y ese algo puede ser la urgencia. La urgencia llama a decir lo que hay que decir.

De ese modo, el texto atípico ya no puede hablar de cualquier cosa porque se convierte en un texto urgente. ¿Cuál es la urgencia, hoy, acá? Estamos en la Feria del libro del Rosario, una ciudad preciosa y querida, donde viven muchos amigos, con una importante vida cultural, pero también con altos índices de violencia y de pobreza, aquejada por el narcotráfico, el crimen organizado y la crisis ambiental. Y esa ciudad pertenece a un país donde hace apenas una semana atentaron contra la vida de la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, un tema gravísimo que atenta también contra la democracia que hemos construido con esfuerzo a partir del fin de la dictadura militar. Con todos estos temas: ¿debería entonces hablar de libros?, ¿de literatura?, ¿del oficio de escribir?, ¿de la industria editorial?, ¿de la precaria situación del escritor y la escritora dentro de esa industria que navega, como otras, en medio de los avatares de nuestra economía? Apuesto que aquí y ahora no es ésa la urgencia. De esos temas hablé en el 2018 cuando abrí la Feria del libro de Buenos Aires. Y de la ley de aborto, que era la urgencia entonces. De esos temas habló Guillermo Saccomanno cuando abrió la feria del libro de Buenos Aires este año y sumó más urgencias. Pero vuelvo a situar la urgencia en tiempo y espacio: hoy, acá, en Rosario, ¿sería sensato usar este micrófono para hablar sólo de libros y de nuestro oficio?

La pobreza, la violencia, el narcotráfico o el crimen organizado son problemas graves y urgentes pero inmensos, tanto que me costaría hacer un recorte para traerlos a este discurso. Problemas que sin dudas exceden a esta ciudad. El intento de magnicidio contra la vicepresidenta, con el consecuente debilitamiento de la democracia, es un tema urgentísimo y gravísimo que también considero excede a los tiempos que podríamos dedicarle en esta apertura, ya que implicará conversar, debatir, buscar y agotar instancias para alcanzar acuerdos de convivencia democrática, que hoy, en nuestra sociedad, parecen rotos. Decidí, entonces, traer a la Feria del libro de Rosario un tema concreto y puntual del que sí siento podemos y debemos ocuparnos en esta apertura, porque mientras estamos aquí, intentando pensar a qué ponerle el cuerpo, cuál puede ser un texto urgente para esta ocasión, los humedales se queman, los queman, y en Rosario no se puede respirar.

Y si hoy, ayer, mañana, no se puede respirar, ¿no se trata de un tema lo suficientemente urgente para que nos ocupemos de él nosotras (nosotros), los funcionarios de los distintos poderes ejecutivos -municipales, provinciales, nacionales-, los legisladores que tengan que sancionar leyes, la justicia a la que le corresponda intervenir?".

Las preguntas de Claudia Piñeiro quedaron picando en un aire rosarino infestado de humo. Los funcionarios que deberían responderlas, miran para otro lado. En las movilizaciones y en la calles se buscan las respuestas, las soluciones.




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