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LITERATURA // CONGRESO GOMBROWICZ

#ContraLosEscritores: singular evento para difundir a Gombrowicz

Tres notas a propósito de #ContraLosEscritores, un “show con formato televisivo” realizado para homenajear y difundir el nombre y la obra del escritor polaco.

Demian Paredes

@demian_paredes

Domingo 21 de agosto de 2016 | Edición del día

Fotografía: Lucía Feijoo

1.
¿Qué ha ocurrido los últimos años con el escritor polaco Witold Gombrowicz, un legendario ya de la cultura argentina? (Hablamos de alguien que permaneció nada menos que veinticuatro años en este país, desde 1939; tradujo con colaboradores locales y cubanos su principal novela, Ferdydurke, publicada originalmente en 1937, y también escribió aquí la mayor parte de su obra –entre una cantidad de vivencias, anécdotas y una infinidad de temas concomitantes que hay–.) Que se lo está recuperando. Que se lo está publicando y difundiendo: la obra completa de Gombrowicz viene saliendo –sin prisa pero sin pausa– por la editorial El cuenco de plata; y el comentario y el estudio crítico han sido convocados, en el año 2014, en la Biblioteca Nacional, por el Congreso Gombrowicz (una iniciativa de Nicolás Hochman y una enorme troupe de entusiastas y activos difusores de la obra del escritor polaco). Y fueron los impulsores del Congreso Gombrowicz –entrevistados recientemente para La Izquierda Diario– quienes organizaron, el pasado martes 16 de agosto, en el Teatro del Globo, el evento intitulado Contra los escritores.

2.
Con el teatro lleno –más de cuatrocientas personas– y una hora de retraso, se jugó y deformó a Gombrowicz, en un espectáculo, tal como fue presentado, “con formato televisivo” y con la participación de “famosos”. En la previa al inicio –que como ya se dijo, se demoró por una hora–, se podía oír por los parlantes a Tom Lupo y a Héctor Larrea leyendo fragmentos del diario de Gombrowicz, inédito en castellano, Kronos. La conducción estuvo a cargo de Maru Droz y Patricio Barton. Y los invitados sobre el escenario fueron Dalia Gutmann, Eugenia Zicavo, José María Muscari, Diego Frenkel, Rep (quien además hizo varios dibujos con el transcurrir del evento), Gonzalo Heredia, Diego Golombek y Enzo Maqueira. Organizados en dos equipos, los “Juvenales” y los “Inmaduros”, tuvieron que contestar preguntas (algunas desopilantes… otras tal vez no tan difíciles, como la de si el escritor conoció al Che Guevara, a Mario Firmenich, o a Roberto Santucho) referidas a la vida y obra de Gombrowicz (realizadas, entre otros y otras, por Elsa Drucaroff, Samanta Schweblin, Gabriel Goity, Gillespi y Reynaldo Sietecase, quienes aparecieron actuando, leyendo y preguntando en pantalla gigante), y luego descubrir objetos, relacionados con el escritor, mediante preguntas al público (quien veía tal o cual objeto –una pipa, un barco– por la pantalla. Otro momento fue una irrupción al grito de “¡Maten a Gombrowicz!” (remedando –en un pequeño grotesco teatral– aquellas últimas parricidas palabras del escritor a sus amigos que lo despidieron en un muelle, en 1963: “¡Maten a Borges!”), tras lo cual, siguiendo un pasaje de Ferdydurke, Javier Medina, Eduardo Misch y Pablo Picotto hicieron un notable “duelo de fachas” (de caras). También, se invitaba a dejar prendidos los celulares, a tomar fotos y actuar en las redes sociales, y a bajar gratuitamente, vía Bluetooth, el libro El fantasma de Gombrowicz recorre la Argentina, libro con las ponencias –provenientes de todo el mundo– del primer Congreso Internacional Gombrowicz. El público, entonces, aunque no fuera convidado con alguna compota –un “descuido simbólico” del evento, podría decirse– tuvo una participación activa.

3.
Así como el mismo Gombrowicz tuvo cierta actitud iconoclasta y provocadora para con el parnaso literario local –apostando esperanzado a la juventud y a la “inmadurez” como un fuerza en proceso, en desarrollo; haciendo cierto paralelismo con la corta edad de países como Polonia y Argentina (además de que se aburrió en un almuerzo con Bioy Casares y Silvina Ocampo, quienes no le generaron ningún interés, tal como consignó en su Diario argentino)–, la gente del Congreso Gombrowicz, como ya estuvo explicitado desde su mismo título, pensó el evento como una forma no convencional, irreverente para lo que son –o se supone que son, o lo son en alguna medida– las aburridas y tradicionales academias y las rutinarias críticas literarias (un sector, se puede decir, del “establishment” cultural). De ahí el carácter del evento: un “show”, con momentos graciosos, desopilantes, que funcionó al mismo tiempo, como si fuera una excusa, para machacar –pero de manera divertida: cool– con ese fantasma literario que es Witold Gombrowicz, y que una amplia masa de “público lector” (y también, es obvio, del “no lector”) desconoce. (Y para mencionar sólo dos casos de la aparición de este “fantasma” en los libros, tenemos dos recientes y bien distintos como Melodías argentinas, de la escritora Milita Molina, y Cero K, del norteamericano Don DeLillo; allí hay menciones y referencias –con los motivos del caso– a Gombrowicz.) A la salida de Contra los escritores, se agrupaba gente del público en la mesa que tenía a la venta los libros de (y sobre) Gombrowicz, y otro “merchandising” (tazas y medias con la cara del escritor).
¿Tendrá mejor suerte –como la que hay en Polonia– en Argentina su obra (sus libros), su figura, en estos tiempos, en este nuevo siglo? Lo veremos en el futuro.







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