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Red Internacional
La Izquierda Diario

En Estados Unidos, el capitalismo no le puede dar acceso al agua potable a toda una ciudad. Nueve funcionarios de Michigan fueron procesados por su responsabilidad en la contaminación del río Flint y el consumo del agua en la localidad.

Viernes 15 de enero | 18:20

En el estado de Michigan, fronterizo con Canadá, una historia lleva media década forjándose. La ciudad de Flint carece de agua potable desde 2014 y a la fecha se siguen presentando secuelas.

La localidad tiene una mayoría de población negra y trabajadora. El estado además forma parte del Rust Belt, el "cinturón del óxido", en referencia al otrora Iron Belt (cinturón de hierro) que generaba empleos a partir de las industrias siderúrgica y automotriz; con la crisis del 2008, se vinieron abajo los empleos y eso golpeó fuertemente a los estados de Michigan e Illinois.

En 2014 el gobierno de la ciudad de Flint decidió usar al río homónimo como fuente de abastecimiento de agua para la población. Sin embargo, el río Flint, afluente del lago Huron —uno de los Grandes Lagos y que forma parte de la frontera entre Estados Unidos y Canadá— ha padecido de contaminación industrial desde varias décadas.

Para evitar seguir consiguiendo agua potable de Detroit, el gobierno de Flint impulsó la ya mencionada medida para ahorrar costos, siendo ésta considerada como "temporal" mientras se ajustaban para incorporarse a un proyecto de distribución de agua por parte de la Autoridad Acuífera de Karegnondi, que es la corporación municipal responsable de distribuir el agua en el estado.

Pero tan pronto como se implementó la medida vinieron las consecuencias a los hogares de la población. El agua salía negra o marrón, despedía olores fétidos y en muchos casos incluso se detectó la presencia de plomo en el vital líquido, y es que el consumo de dicho metal, por mínimo que sea, es tóxico para la salud. De igual forma vinieron quejas de casos de legionelosis (o "enfermedad de los legionarios", causada por la bacteria Legionella pneumophila y que provoca neumonía).

A pesar de las quejas, las autoridades de Flint, encabezadas por el demócrata Dayne Walling, insistieron en que era seguro beber el agua que salía de las tuberías. En 2016 la situación escaló y el gobernador republicano, Rick Snyder, declaró el estado de emergencia, así como pedirle al entonces presidente Obama por financiamiento adicional y la declaración de desastre natural, misma que fue rechazada a pesar de aprobarse el presupuesto de emergencia que había solicitado.

La crisis hídrica en la ciudad está lejos de terminar. Se siguen detectando cantidades de plomo en las escuelas de Flint, mismas que dañan la salud de niños y niñas y afectarán su desarrollo. En total, la crisis le costará pagar a los contribuyentes 30 años por un monto de 35 millones de dólares.

Es menester resaltar que los alcaldes de la ciudad desde el inicio de la crisis a la actualidad han sido todos miembros del Partido Demócrata. Finalmente hoy, el exgobernador Snyder junto con otros ocho funcionarios de Michigan han sido sentenciados por "homicidio involuntario", así como distintos grados de delitos cometidos por la negligencia de afrontar la crisis.

Los apologistas del capitalismo suelen usar como ataque que el socialismo provoca pobreza y muerte. Pero en el corazón del imperialismo, una ciudad entera sigue sin tener acceso al agua potable, con consecuencias graves a la salud por la insistencia de las autoridades de abaratar costos y usar agua de un río profundamente contaminado y en una población que ha sufrido el paro crónico desde hace al menos 10 años.




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