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Red Internacional

La pandemia por el Covid-19 vino a profundizar los problemas estructurales de la salud pública. A más de un año del comienzo de la misma y sin soluciones de fondo, desde la Asamblea de Residentes y Concurrentes se decidió realizar un relevamiento para conocer en qué situación trabajan y se forman los más de 1400 concurrentes de la Ciudad de Buenos Aires.

Antonella AguirreConcurrente del Hospital Piñero y Licenciada en Psicología - Agrupación Marrón

Miércoles 26 de mayo | 18:05

El Ministerio de Salud de CABA, define que “las concurrencias constituyen un sistema de capacitación profesional de posgrado a tiempo parcial, no remunerado, desarrolladas bajo condiciones de programación y supervisión, con el objetivo de formar en el ámbito intra y extrahospitalario a profesionales capacitados en beneficio de la comunidad”. Bajo esta definición, los concurrentes no perciben ni salario ni ART por sus funciones dentro del sistema de salud público, lo cual implica que los profesionales tengan que tener, además, otro trabajo pago para poder solventarse, mientras llevan a cabo dicha formación, aún luego de un año de pandemia.

Ante la falta de claridad acerca de las condiciones en la que desempeñan sus tareas los más de 1400 concurrentes de la Ciudad de Buenos Aires, desde la Asamblea de Residentes y Concurrentes se decidió realizar un relevamiento para conocer en qué situación trabajan y se forman. Este relevamiento propio es para conocer las condiciones de trabajo, con información de primera mano que permita una mejor organización ante dichas condiciones.

En el informe se especifica que la mayoría de los participantes de la encuesta son psicólogos y se invita a que otras especialidades también sumen sus testimonios. La encuesta explora diferentes temas, entre los cuales se encuentran: vacunación, presencialidad, recursos para trabajar, vacantes disponibles. Destacamos acá algunas conclusiones que se desprenden del relevamiento.

Modalidad de trabajo y condiciones de trabajo/formación

Con respecto a la presencialidad, el informe arroja que la mayoría desempeña su trabajo de forma virtual (41%). Se destaca allí una de las respuestas que refleja las problemáticas que esto puede suscitar: “Para trabajar desde la virtualidad se requiere autogestionarse los medios para eso”. Es decir, cada uno asegura los recursos que esto implica como contar con una conexión a internet, un dispositivo adecuado, lo cual resalta el problema de la conectividad y las desigualdades en el acceso a la misma que evidenció la pandemia. Los recursos para trabajar ad-honorem no son garantizados y se vuelven una condición para participar de las actividades de los efectores.

En relación a esto, dialogamos con Sol Valverde, concurrente de trabajo social del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda y parte de la Agrupación Marrón Clasista Salud: “No todos los efectores cuentan con los dispositivos necesarios para que podamos realizar nuestras tareas de forma virtual y la falta de conectividad es un problema también para nuestros pacientes, ya que la mayoría de los trámites para poder acceder a cualquier subsidio se realizan virtualmente y muchas veces requieren apoyo, para poder realizar los mismos ya que son sumamente burocráticos”.

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Por otro lado, si se suman los porcentajes de las categorías “trabajo presencial” (33%) y “trabajo de forma mixta” (26%), se llega a la conclusión de que el 59% sostiene alguna forma de presencialidad, la cual también implica contar con los recursos necesarios para trabajar de forma segura. Respecto a esto, según el informe, la mayoría (69%) considera que no están dadas las condiciones para trabajar seguros. Algunos comentarios reflejan las problemáticas que se presentan: muchos no cuentan con ambas dosis de vacuna, en algunos efectores no se cuenta con una correcta ventilación de espacios comunes o no cuentan con los EPP en cantidad y calidad suficiente. A su vez, ninguno cuenta con la cobertura de ART si ocurren accidentes laborales.

En relación a las modalidades de trabajo, Sol Valverde remarcó que: “Más allá que en este contexto se hayan podido implementar diferentes modalidades de trabajo, es importante no perder el eje de que los más de 1400 concurrentes somos trabajadores de la salud que, al no tener una concurrencia rentada, debemos tener otros trabajos para poder mantenernos, en mi caso en particular solo cuento con un trabajo y aún así mis jornadas laborales muchas veces terminan alrededor de las 21 horas y hago malabares para poder dar abasto, sé que muchos compañeros tienen más de un trabajo para poder subsitir, es por eso que seguimos exigiendo Salario y ART para los concurrentes”.

En el marco de estas condiciones, puede resultar paradójico que muchos de los encuestados (52%) hayan respondido que prefieren volver a la presencialidad, pero a la luz de otros resultados se puede comprender la razón: la gran mayoría (84%) considera que su formación ha sido afectada por el contexto de pandemia.

En el informe se especifica de qué manera: durante la pandemia “aumentó la atención hacia los pacientes, por lo cual se tuvo que destinar mayor carga horaria a la supervisión”. También plantean: “Prácticamente no tuve formación académica, solamente trabajo y supervisiones a demanda”. Otras respuestas destacan que: “Hay tal demanda de atención de pacientes que esos espacios suelen estar ocupados por supervisar los casos clínicos”, y que “los profesionales de planta a quienes se les encomienda nuestra supervisión y formación, muchas veces ad-honorem, mientras realizan su trabajo, tuvieron que dedicarle más tiempo a la demanda asistencial”; “personal de planta quedó completamente tomado por la urgencia, con poca o nula disponibilidad para dedicarse a la formación en general”.

De esto se desprende que la saturación del sistema de salud público también tiene sus repercusiones en la formación, poniendo de manifiesto la falta de recursos tanto en cuanto a personal como a elementos de trabajo e infraestructura para cubrir las necesidades de dicho subsistema, lo cual desemboca en la gran sobrecarga y saturación que todos los trabajadores refieren en todos los efectores.

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La odisea de acceder a la vacunación contra el Covid-19

El problema de la escasez de vacunas también tuvo su expresión en uno de los sectores más precarizados del sistema de salud como son los concurrentes. Del relevamiento resulta que, a diferencia de las plantas, sólo el 52% pudo vacunarse a través de su efector, mientras que casi el 46% debieron conseguirla por su cuenta, registrándose como trabajadores de la salud que trabajan de forma independiente a través de los gobiernos de CABA o de PBA.

A principios de mayo (fecha del relevamiento), se registró que el 51% contaba con ambas dosis de la vacuna, mientras que la otra mitad sólo contaba con una dosis, cuestión que también debe ser considerada a la luz de los datos de la modalidad de trabajo (presencial/virtual/mixta) y de las condiciones y recursos que se informaron respecto del trabajo en su forma presencial. El informe aclara que hoy en día existe un mayor porcentaje de vacunación.

En contraste con esta situación de la salud pública (que también involucra a sus usuarios), en la zona norte del Gran Buenos Aires el laboratorio mAbxience del grupo Sigman produce el principio activo de la vacuna contra el Covid-19 (Astra Zéneca) en una cantidad que podría rápidamente inocular al conjunto de la población argentina y abastecer a los países de la región. ¿Qué están esperando para poner esta producción al servicio de las necesidades sanitarias?

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Trabajo con derechos para los concurrentes

Los concurrentes, también esenciales, se ponen al hombro día a día la salud en estas condiciones, cuestiones que se suman a su reclamo histórico de percibir salario y ART, reiterado a lo largo del informe. Su pelea es también la pelea por el derecho a la salud de sus trabajadores y sus usuarios, derecho que fue rebajado en la votación del presupuesto nacional, en el cual se destina una mísera partida presupuestaria para la salud en plena pandemia. Muy diferente de la actitud que toma el gobierno para garantizar los pagos de la deuda con el FMI y otros acreedores externos. Es urgente el aumento de presupuesto para priorizar la salud, además de centralizar el sistema y que no esté al servicio de enriquecer a los empresarios como Sigman, que lucran con nuestras vidas.

Según el informe, en algunos efectores se produjo una reducción de cupos. También alertamos sobre esta situación para que no se produzcan más cierres y que, en lugar de eso, se reconozcan los derechos de estos trabajadores.




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