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Red Internacional

Acto en la CGT. Con una versión interesada de la historia, Alberto recalentó la interna y apuntó contra Cristina

El acto del presidente en la CGT fue una tribuna abierta hacia la interna del Frente de Todos y un mensaje claro a la vicepresidenta. Con una visión deformada de la historia, presentó el retorno de Perón en 1973 como un gran dialoguista y "antigrieta", evitando mencionar la Triple A y el apoyo en los sectores de la derecha peronista para combatir el ascenso obrero y popular de esos años. Además, remarcó que la principal enseñanza de Perón fue que "en la conducción política no hay que obligar, sino persuadir" y señaló: "El poder no pasa por ver quién tiene la lapicera".

Juan Manuel Astiazarán@juanmastiazaran

Viernes 1ro de julio | 21:05

Después de las idas y vueltas y con más de una hora de retraso, Alberto Fernández apareció en la CGT para realizar su acto en homenaje a Juan Domingo Perón. Acompañado por Daer y Acuña, cotitulares de la CGT, aprovechó su discurso como una tribuna abierta en la interna del Gobierno, apuntó contra la vicepresidenta y buscó dar un mensaje de "unidad" hacia el peronismo, en medio de la crisis del Frente de Todos.

Luego de hacer un recorrido escueto de la historia, el presidente presentó una visión interesada del retorno de Perón en 1973. "¿Cómo era ese Perón que volvía en el año 1973?" se preguntó. Y enseguida respondió: "Era un Perón que lo único que quería era construir otra patria en otras circunstancias. Se dio cuenta que había que terminar con las divisiones que aniquilaban a la Argentina, y habló con los radicales y se abrazó un día con Balbín. Nos estaba dejando un mensaje claro, el mensaje de unidad que hacía falta. Nos estaba diciendo que la Argentina no puede seguir en la disputa de dos bandos y tenemos que estar unidos para avanzar. Lo hizo y lo practicó".

El recuerdo, por demás interesado y tergiversado, tenía dos claros destinatarios: por un lado hablarle al peronismo, en medio de la crisis actual que atraviesa; por el otro, confrontar directamente con Cristina Fernández de Kirchner, que en los últimos días intensificó sus críticas de manera pública a la orientación del Gobierno.

"Perón advertía todos los problemas que la Argentina tenía" continuó Alberto, y remarcó: "Veía una juventud tumultuosa, veía las reacciones corporativas y de los poderosos, veías como el poder internacional se preocupaba por su llegada al poder. Y el decía ’nos dimos cuenta que en la situación creada era indispensable establecer una manera de actuar que permitiera crear valores, no destruirlos. Para crear valores lo mejor es acordar’. Y nos dijo ’bajen las armas, y siéntense a dialogar’".

El cuento presentado por Alberto está muy lejos de la realidad. El retorno de Perón en 1973 no puede entenderse si no es visto como el último intento de impedir que el ascenso obrero y popular que había abierto el Cordobazo en 1969 pusiera en jaque el orden del país burgués, que se veía seriamente amenazado. Un regreso que estuvo marcado desde el primer momento por la Masacre de Ezeiza, en donde la derecha peronista y la burocracia sindical asesinó a militantes de la izquierda peronista, y que dejaba en claro que el retorno del líder no era para buscar "diálogos" ni "consensos", sino para combatir y desarticular a los sectores combativos y revolucionarios.

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Pero la versión interesada de la historia que presentó Alberto Fernández también tenía el objetivo de hablarle a la interna que mantiene con la vicepresidenta. En su discurso, recordó una frase de Perón en la que afirmaba que "en la conducción política no hay que obligar, sino persuadir" e insistió con esto al asegurar: "el poder no pasa por ver quién tiene la lapicera, sino por quién tiene la capacidad de convencer. Perón nunca necesitó una lapicera". En clara alusión a las últimas críticas que recibió, el presidente tensionó la interna buscando cargar CFK responsabilidades por "divisionista", mientras él se presenta como "unitario" y en busca de construir consensos. Un nuevo capítulo que seguramente será respondido este sábado en Ensenada, cuando hable Cristina Kirchner.

Entre los asistentes, escuchaban el discurso el gobernador Jorge Capitanich (Chaco), Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán). Ellos 5 fueron los únicos mandatarios provinciales que asistieron a la sede de la central obrera. Pese a la escasa presencia de gobernadores, y a la ausencia destacada de Sergio Massa, sí hubo una nutrida concurrencia de funcionarios, entre los que pudo verse a Juan Manzur, Wado de Pedro, Santiago Cafiero, Aníbal Fernández, Juan Zabaleta, Gabriel Katopodis y Juan Cabandié, entre otros. Párrafo aparte para las presencias de Emilio Pérsico (Movimiento Evita) y Daniel Menéndez (Barrios de Pie), quienes además de funcionarios nacionales integran los movimientos sociales apuntados por Cristina en su última aparición pública.

En este último punto, el presidente dejó un nuevo mensaje, aunque sin mencionar a la vicepresidenta de manera explícita. "Tenemos que reconocer a la economía popular, que es algo nuevo. Esta no es una discusión de planes sociales, es una realidad". Y remató: "La revolución digital está trayendo nuevas crisis y nosotros tenemos que atenderlas. El modo de atenderlas no es desamparando a los que esa revolución está dejando al margen. Es abrazarlos y reconocerlos como actores de la sociedad que son". Declaraciones que son contradicatorias con lo que había asegurado apenas unos minutos antes, cuando aseguró que "hoy en día tener un trabajo formal es algo lógico, gozar de licencias por enfermedad es algo lógico, gozar de vacaciones pagas es algo lógico, poder jubilarse es algo lógico, pero nada de eso existía antes de que Perón llegara" Una frase que está lejos de dar cuenta la realidad que viven esas millones de personas de "la economía popular", sin ningún derecho laboral garantizado.

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El aniversario de la muerte de Perón abrió un nuevo capítulo en la discusión del Frente de Todos. Alberto Fernández aprovechó su discurso para recalentar la interna, y ahora habrá que esperar a las palabras de Cristina Fernández de Kirchner que hablará este sábado desde las 16 en Ensenada. De mucha actividad en las últimas semanas, en sus últimas apariciones públicas dejó un duro y reaccionario ataque contra las organizaciones sociales y una reunión de la que mucho se ha escrito con el economista liberal y promotor de un shock de ajuste, Carlos Melconian. Señales que, a contramano de los discursos y las polémicas públicas, confirman un profundo pragmatismo, marcado por un corrimiento a la derecha y por una voluntad de dialogar con el establishment y con las exigencias de los dueños del país.




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