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Red Internacional

Rebeliones de los 90. ¿Cómo fue la rebelión de Cutral Có y Plaza Huincul? Cuando ocupados y desocupados desafiaron al poder

Continuamos con la serie sobre las rebeliones de los años 90. Hoy presentamos la Parte 1 de una crónica de los hechos de la lucha de clases que marcaron la apertura de una situación pre-revolucionaria: dos batallas, una rebelión.

Lunes 28 de junio de 2021 | 00:00

Ilustración: Sabrina Rodríguez

Cutral Có y Plaza Huincul fueron escenarios de grandes rebeliones entre los años 1996 y 1997, en la provincia de Neuquén.

Tal como señalamos en la primera entrega de esta serie, los años 90 implicaron una gran ofensiva del capital sobre el trabajo en todo el mundo, ofensiva conocida como el “neoliberalismo”. En nuestro país se expresó en la oleada de privatizaciones. En la patagonia, la privatización de YPF fue un golpe muy duro porque al momento de estallar la rebelión en Cutral Có y Plaza Huincul la desocupación llegaba casi al 30%. También fue un golpe moral ya que miles de trabajadores vieron a sus dirigentes sindicales traicionar las huelgas previas a la privatización. La traición sindical respondía a los nuevos lineamientos pro-imperialistas con los que el gobierno peronista de Memen dirigía el país. Pero Menem no gobernó solo; contó con los servicios del MPN (Movimiento Popular Neuquino), un partido que expresa a las patronales de la provincia y que siempre se llevó muy bien con peronistas, radicales y gobiernos militares.

“Cuando los de arriba no pueden…

El MPN estaba en una lucha interna entre dos caudillos: Sapag y Sobisch. El primero representaba a la lista amarilla y el segundo a la lista blanca. En las internas de ese partido votaron más de 100 mil personas, el 50% del padrón total. La promesa electoral de Sobisch consistía en construir una planta de fertilizantes con la empresa canadiense Agrium. Pero cuando el nuevo gobernador electo -Felipe Sapag- se hizo cargo, desconoció ese acuerdo y acusó a Sobisch de haber despilfarrado 700 millones de dólares que la provincia había cobrado por la venta de YPF, por lo cual no podía invertir 100 millones para poner en marcha la construcción de la fábrica y los puestos de trabajo que se crearían. Esa fue la chispa que encendió la rebelión y a partir del 20 de junio empezó el corte de la ruta nº 22.

Inicialmente el corte de ruta fue promovido por punteros de Sobisch y fue controlado para que funcione como presión al gobernador. En ese momento en ambos pueblos, Cutral Có y Plaza Huincul, estaba lleno de Radio Taxis. La abundancia se debía a que con las indemnizaciones de YPF, los ex petroleros se dedicaban a esa actividad y otros ponían comercios que pronto caerían en la ruina. Los autos iban y venían por los barrios, como si fuera un día de elecciones, donde el aparato electoral del MPN ponía todos los recursos para llevar gente al piquete.

Pero, tal como es típico de los partidos patronales, la subestimación del potencial revolucionario de los trabajadores desocupados terminó desbordando a la dirección burguesa. Así comenzó una semana que estuvo marcada por la radicalización política, expresada en la predisposición a la lucha, en la desconfianza de los partidos tradicionales y en la confianza de su propia fuerza.

En un momento, cuando los ánimos estaban más que picantes apareció la iglesia para ofrecer una misa y se propuso como mediadora para “el diálogo”. Pero el agua bendita arrojada para apagar el fuego de la rebelión se evaporó en el aire. El pueblo trabajador ya había mordido del racimo de las uvas de la ira y ahora estaba tomando el asunto en sus propias manos.

...y los de abajo no quieren”

El corte de ruta expresaba una nueva forma de lucha. Al no tener representación sindical, y al estar recontra vendida la burocracia sindical, los trabajadores ocupados y, sobretodo, los desocupados encontraron la forma de hacer oír su voz.
El corte de ruta era innovador porque cortaba el paso de las personas y las mercancías en una ruta nacional y eso alteró el “normal” funcionamiento de la economía capitalista. Pero el golpe más duro al gobierno fue que también cortaba el paso a las refinerías y a la salida de petróleo y gas que se distribuía a todo el país.

Los trabajadores denunciaban que no podía ser de que estén parados sobre un yacimiento petrolífero y que miles de vecinos sufran el corte de luz y gas por falta de pago. El ojo del huracán estaba en el “puesto Torre”, uno de los piquetes más nutridos que cerraba el paso a la refinería de la ex YPF.

El programa del movimiento era “¡Queremos trabajo!”, los métodos: el corte de ruta, los piquetes y la asamblea popular. La asamblea era un órgano democrático que debatía y tomaba decisiones ¿Quiénes la conformaban? Trabajadores desocupados junto a docentes, municipales, obreros de la construcción, mujeres, empleadas domésticas, jóvenes trabajadores y estudiantes secundarios. Pero también hablaban los punteros del MPN, la iglesia y los representantes de las cámaras patronales, lo que intentaba darle una expresión policlasista y evitar que el conflicto escale hacia niveles superiores de organización y radicalización política.

Los partidos patronales -MPN, PJ y UCR, a la que también se sumó la burocracia sindical- intentaron hacer una maniobra para dividir a los piqueteros. La propuesta de que viaje una comisión de 50 vecinos a Neuquén capital fue derrotada. El pueblo exigió que sea el gobernador el que vaya a Cutral Có, no al revés.

La juventud enfrenta la represión

Luego de una semana de corte ininterrumpido, el gobernador tuvo que abandonar una cumbre de gobernadores de la Patagonia que se había reunido en La Pampa y aterrizó en Cutral Có. Pero también aterrizaron en Neuquén tres aviones Hércules con 300 gendarmes, armados hasta los dientes. La orden de desalojo de la ruta estaba firme y así como los represores se preparaban también lo hacía el pueblo neuquino.

A lo largo de la ruta se levantaron barricadas, autos traídos de desarmaderos fueron llenados con gomas prendidas fuegos y cascotes, los alambrados de los campos privados fueron arrancados y re-utilizados para reforzar las barricadas. La juventud estaba a la vanguardia y con las gomeras en mano todos los pibes lucían el color negro, ese que se adhiere a la ropa tras largos días de piquetes.

Vale destacar que en 1996, el 24 de marzo, se cumplieron 20 años del golpe de Estado y la juventud estalló en las calles. Un movimiento progresivo en la juventud estudiantil copaba las calles y las movilizaciones repudiando la represión de ayer y de hoy. Al decir de Rodolfo Walsh “conviene retener ese detalle” ¿por qué? Veamos qué decía la prensa del PTS por esos años: “Antonietti después aclarara que movilizó a la gendarmería por orden del ministerio del interior a pedido de Sapag. Luego el MPN desmiente a Antonietti y a su vez Menem dice que él tampoco fue. ¿Pero entonces la gendarmería se “autoconvoco”? Claro que no. Cutral Có muestra que las multitudinarias movilizaciones de marzo contra los aspectos más represivos del régimen, y su justicia, actuaron, a pocos días de las elecciones en la capital federal, como un escollo para la represión abierta”.

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El lunes 24 la jueza federal Margarita Gudiño de Argüelles firmó la orden de desalojo de la ruta nacional. Detrás de un juez federal sabemos que se esconde la hidra del poder ejecutivo. Y efectivamente el ministro del interior de Menem, Carlos Corach, a quien le encantaba reprimir, garantizo la movilización de la gendarmería para efectivizarlo el día 25.

El pueblo trabajador corrió a nutrir masivamente los piquetes y a la media mañana empezó la represión. Pero los balazos de goma y los gases lacrimógenos se toparon con dos contrincantes. Uno vino de la naturaleza, el otro de la juventud: ese dia, los diabólicos y helados vientos patagónicos soplaban de frente contra la gendarmería, por lo tanto, los gases lanzados se volvían contra ellos y la otra parte de la respuesta vino de la juventud que la enfrentó valientemente.

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En un momento dado, la jueza habla con los piqueteros y accede a hablar ante la multitud. Se sube a una camioneta y al comprobar que había más de 20 mil personas dispuestas a enfrentar la represión. Destaca que si bien el delito es por “cortar la ruta” la rebelión fue mucho más lejos, porque dejó a la ciudad sitiada, bajo control obrero y popular. Sitiada significa que no entra ni sale nadie, salvo ambulancias y casos de emergencia, nadie más. Finalmente la jueza plantea que la pueblada fue tan grande que constituyó un acto de sedición, es decir, un acto de rebeldía contra el gobierno. Así, se declaró incompentente y anunció que se retiraba de lugar y también las fuerzas represivas que fueron con ella.

El pueblo estalló de alegría, entre abrazos y lágrimas se festeja un primer triunfo. Enorme e inolvidable, porque los de abajo tienen voz y la supieron hacer sentir.

El gobernador efectivamente se tuvo que instalar en la Cruz Roja de Cutral Có, junto a su gabinete. Y tras largos días de negociación se firmó un acuerdo donde entre otras cosas se estableció que se reconectaba la luz y el gas a las familias afectadas y si bien se ofrecían otras soluciones como asistencia alimentaria, eran medidas muy miserables para una crisis estructural. Sin embargo, la promesa de que una solución de fondo sería puesta en marcha calmo las aguas. Pero Cutral Có y Plaza Huincul por menos de un año se parecieron a ese estado de calma frente a una nueva tempestad que se acercaba. En menos de un año, la rebelión volvería a estallar pero eso lo veremos en la próxima entrega.

Conclusión

Recordemos que el Santiagueñazo había abierto una nueva etapa de creciente movilización obrera y popular en el país. Demostró, al decir de Lenin que “lo espontáneo es lo embrionario de lo conciente”; las rebeliones de la patagonia darán un paso más. Ese paso más allá de la bronca, de romper todo, se expresó en la autoorganización del pueblo trabajador. Ocupados y desocupados luchando juntos, reinventado una nueva metodología de lucha: el corte de ruta que sumados a los piquetes y las asambleas populares, dieron un paso más profundo en eso que llamamos subjetividad. Pero ¿qué es la subjetividad? Es la expresión consciente de un proceso inconsciente o, dicho en otras palabras, tener o no conciencia de la fuerza que tiene el movimiento obrero y de su capacidad para dar una salida propia a la catástrofe con la que nos amenaza el sistema capitalista. La subjetividad se expresa tanto en el programa como en la organización. Por eso la subjetividad de los Cutralcazos de 1996-97 fue mucho más profunda que la del Santiagueñazo de 1993.

Por otra parte quisiéramos rescatar esta anécdota que nos cuenta Alejo Lasa: “La Radio Victoria abrió su micrófono a los oyentes y poco a poco se fue transformando en el canal de información y comunicación de los vecinos, que terminaron convocándose en una masiva asamblea sobre la ruta nacional 22 a la altura de La Torre de petróleo ubicada en el ingreso de Plaza Huincul, la primera de las dos localidades camino desde Neuquén Capital”. Esto último pone en debate el rol de los medios de comunicación, pueden estar al servicio de las grandes patronales, para demonizar, ridiculizar o instalar sentidos comunes contrarios a las demandas genuinas del pueblo trabajador o pueden ser canales muy potentes de organización para la lucha de clases. ¿Podrá la Comunidad de La Izquierda Diario jugar ese papel en todos los terrenos de la lucha de clases? Miles de personas armadas con un programa para que la crisis la paguen los capitalistas ¿podrán inclinar la balanza a favor de los explotados y oprimidos? Como sea, los Cutralcazos son recuerdos del futuro y nos invitan a prepararnos para nuevos escenarios de ese tipo.




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