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Red Internacional

Coca Cola nos vende mucho más que la bebida, nos vende situaciones alegres. Si los consumidores destapamos “felicidad”, ¿cómo es que se embotella?

Mayra Amaya@ClockworkWoman

Miércoles 30 de septiembre de 2015 | Edición del día

Con eslóganes que apelan a sentimientos positivos, ideas fuerza motivadoras y publicidades alegres y coloridas, Coca Cola nos vende mucho más que la bebida, nos vende situaciones alegres, donde la conflictividad no existe o se resuelve muy fácilmente. Con esta idea en mente, nos podríamos imaginar las plantas productoras y embotelladoras como lugares mágicos que se asemejan a la fábrica de chocolate de Willy Wonka. Si los consumidores destapamos “felicidad”, ¿cómo es qué se embotella?

FEMSA, multinacional de capitales mexicanos, es el embotellador público de Coca Cola más grande de América Latina, provee a gran parte de la región y tiene plantas en varios países como México, Colombia y Argentina, entre otros. En nuestro país inició el año pasado una serie de despidos antisindicales que han dejado a más de 100 trabajadores en la calle, algunos de los cuales están en pie de lucha por sus reincorporaciones.

En un contexto de recesión económica internacional, FEMSA no habla de crisis, sino de expansión: “Tenemos que aprovechar que hay algunas devaluaciones que ahora son muy dolorosas, pero nos hacen más competitivos frente a otros mercados. Creo que viene una época con muertos y heridos, pero quienes nos mantengamos vivos vamos a reforzar nuestra presencia en el futuro”, afirmó José Antonio Fernández Carbajal, presidente del Consejo de Administración de la compañía, en una conferencia de prensa a principios de septiembre.

Poco feliz hablar de “muertos y heridos” de parte de una empresa que no conoce límites a la hora de imponer sus condiciones de trabajo. En Colombia los números hablan por sí solos: de 2003 a esta parte hubo doce asesinatos, encarcelamientos, 68 amenazas de muerte, atentados contra la vida de trabajadores y familiares, 54 desplazados y varios exiliados después de sobrevivir a atentados y escapar del secuestro. ¿Y todo por qué? Por afiliarse al sindicato. Incluso Coca Cola llegó a pedir a la justicia colombiana que revoque los estatutos y quite la legalidad de seccionales del sindicato que nuclea a los trabajadores de la industria alimentaria (Sinaltrainal).

En nuestro país los gerentes de FEMSA fueron tomando otro tipo de tácticas en la “lucha” por coartar derechos y avanzar contra la organización obrera. Poco a poco se fueron imponiendo mayores ritmos de trabajo, dejaron de ser optativos los feriados y el turno de trabajo es de 12 horas con francos rotativos. No se paga nocturnidad ni el extra por trabajar feriados. A fines de 2014 “importaron” gerentes de Colombia y México, como Carlos Durán Cerón, para llevar un todavía más allá su política antisindical. Los despidos recientes no responden a ningún tipo de crisis, sino a la necesidad de la empresa de sacar de sus plantas cualquier atisbo de organización de base y de izquierda, ya que en Coca Cola hay activistas del PTS y candidatos del Frente de Izquierda, incluso entre los despedidos. No quieren trabajadores que se planten por sus derechos y enfrenten sus planes de ajuste. Los puestos vacantes están siendo cubiertos con personal contratado, es decir, trabajadores con menos derechos que los de planta. Evidentemente para Coca Cola, la única forma de embotellar felicidad es a costa de explotar, exprimir e incluso acabar con la vida de sus trabajadores.




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