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Red Internacional

En una nueva jornada de paro y corte de calle en reclamo por el pago de salarios en cuotas y otras demandas, los trabajadores responden a las promesas de los nuevos gerenciadores. Mientras tanto la solidaridad con su lucha se fortalece.

Jueves 29 de abril | 23:51
Morón: Paro y asamblea en la Clínica Constituyentes. Los trabajadores recibieron donaciones - YouTube

Este miércoles 28, las trabajadoras y trabajadores de la Clínica Constituyentes de Morón protagonizaron una nueva jornada de paro garantizando la atención de urgencia, con asamblea y corte de calle en la puerta, junto al sindicato ATSA, apoyo de la comunidad y organizaciones solidarias.

“No puedo pagar en cuotas el gas, la luz o el alquiler”, cuenta con bronca uno de los trabajadores. “Tengo que pagar una prepaga porque acá no tengo una obra social para mi hija”, dice una enfermera. Las trabajadoras de la primera línea pasaron un nuevo mes con heladeras vacías y dificultades para sobrevivir como consecuencia del pago en cuotas del salario y las deudas que mantienen en las horas extras. La angustia se agrava con el aumento diario de la inflación.

“Si hoy me voy a casa con comida es gracias a ustedes" contó entre lágrimas una empleada, luego de haber recibido el aporte de una colecta solidaria. “La solidaridad entre trabajadores es un primer paso fundamental para que puedan seguir firmes en la lucha”, cuenta Jorgelina Esteche, docente de la Marrón mientras invita a fortalecer la campaña de solidaridad para los trabajadores de la Clínica Constituyentes en universidades, colegios, fábricas y establecimientos.

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Desde la nueva gerenciadora buscaron responsabilizar a los trabajadores que con las medidas de lucha, la situación de la clínica no mejora porque se afectan los ingresos económicos de la misma. Pero de los ingresos de los trabajadores no se dijo nada concreto ni se contestó a la interpelación de los trabajadores sobre años de vaciamiento. “Siempre somos socios en las pérdidas”, contestó una trabajadora que hace décadas pone el cuerpo.

“Yo no recibo ni barbijos, pero siempre tengo una sonrisa para los pacientes” contestó una trabajadora cuando los nuevos gerenciadores acusaban de desatender a los pacientes. Para colmo, otra trabajadora denunciaba la falta de ventilación en los consultorios junto a otros reclamos de infraestructura.

La atención a los pacientes es garantizada por los propios trabajadores, que aun sin cobrar, no dudan en usar sus últimos pesos para cargar la sube y llegar al trabajo. Su compromiso es enorme.

La salud no puede ser un negocio

La salud no es un negocio, sino un derecho y un bien social. Pese a los destratos son los trabajadores quienes la garantizan. La contracara son los beneficios que vienen recibiendo los empresarios de las Clínicas privadas por parte del Estado como el ATP y diferentes subsidios.

IOMA destinó a las clínicas privadas en acuerdo con el gobernador Kiccilof 400 millones de pesos de los fondos de la obra social de docentes y estatales. Pero no se garantizó que fuera para los salarios de los trabajadores. Y para colmo en medio de la pandemia ya van diez clínicas cerradas en la provincia.

Los trabajadores, que solo se los hace partícipes de las pérdidas, tienen derecho a acceder a los balances contables de la Clínica para saber qué sucedió con el dinero y conocer la verdadera situación de la institución. Si la crisis es real, el estado municipal y provincial, debe hacerse cargo e intervenir. Las ganancias no pueden estar primero que la salud.

Es el reclamo que levantan los trabajadores y las trabajadoras de la clínica San Andrés en Caseros, que denuncian que en medio de una crisis sanitaria, hay una clínica cerrada con 90 camas de terapia, 14 respiradoras y un tomógrafo de última generación que podrían ser de utilidad pública.

Incluso los trabajadores tienen derecho a elegir una administración propia, porque son los verdaderos interesados en la salud de la comunidad y que el histórico y reconocido centro de salud de Morón salga adelante en medio de la pandemia.

“Si la clínica sigue atendiendo es gracias a nosotros”

En medio de una pandemia, con picos de 500 muertes,sin que las vacunas estén garantizadas, ni tampoco las medidas de fondo necesarias para afrontar la situación, la unidad entre trabajadores y los pacientes es fundamental.

Los trabajadores sostienen la salud y los pacientes saben que están arriesgando su vida y los reconocen como esenciales. Los unen los mismos intereses. Muy distinto a los intereses empresariales para quienes siempre está primero su bolsillo.

Contar con su apoyo y tomar la defensa de su salud, los fortalece contra todas las extorsiones de los empresarios para que abandonen su lucha y se den por vencidos.

“Se necesita fortalecer estos lugares, los que están preparados, no un club de barrio que se le ponen cuatro camas de pino” contaba una de las trabajadoras entrevistada por este medio. Los esenciales saben lo que los pacientes necesitan.

La solidaridad de la comunidad y la coordinación con otros trabajadores, es lo que les permitió a los “elefantes” de Neuquén mantener 60 días de lucha con medidas contundentes y que ni los ataques del gobierno, o de los medios no logren quebrarlos. Así lograron un enorme triunfo, para los estatales de la provincia.

No hay nada peor que pelear aislados. El camino de la coordinación es el que están siguiendo otros sectores en lucha de la salud, como los trabajadores de la Clínica San Andrés, que participaron del Encuentro de Coordinación en la imprenta Madygraf y fueron protagonistas del corte matutino del martes 27 en el Obelisco junto a trabajadores del Larcade, del Garrahan, de enfermería y residentes de CABA, y otros sectores que pelean contra la precarización laboral como ferroviarios y trabajadores de la energía. Denunciaron la pasividad de las cúpulas sindicales de la CGT y la CTA y les exigieron que salgan de sus cómodos sillones a pelear por todos.

No quieren cargar con las consecuencias de la crisis, mientras los poderosos y empresarios se hacen más ricos, y la pobreza trepa el 42%. No por nada los poderosos empiezan a preocuparse.

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En todos los lugares donde los trabajadores levantan la cabeza pueden ver que tienen aliados para unirse. Va por ahí.




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