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Entrevistas sobre los 70.Claudia Ferri: “En los 70 la violencia estatal se intensificó marcadamente, al igual que la lucha de clases”

Es historiadora (UBA), editora general de la sección de historia de La Izquierda Diario y milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas. Escribe e investiga acerca del aparato represivo en los años 70 en Argentina.

Miércoles 24 de marzo | 00:00

¿Por qué te decidiste a estudiar esta etapa tan revulsiva de la historia argentina, particularmente poniendo el eje en el aspecto represivo? Además ¿a qué nos referimos cuando hablamos de violencia estatal?

Podría decir que mi primer acercamiento al período fue para conocer el rol que cumplió Campo de Mayo durante la última dictadura. Viví muchos años muy cerca de allí y recuerdo cómo nos metíamos a escondidas con amigos a jugar en los descampados y se contaban historias de fantasmas pero desconocíamos completamente que en ese lugar se había montado el circuito represivo más grande de la zona norte del Gran Buenos Aires, por donde pasaron miles de trabajadores y militantes políticos. Recuperar esta historia me acercó tempranamente al tema. Otro motivo ligado a lo anterior, está vinculado a una tarea militante de conocer el aparato represivo que el Estado desplegó cuando realmente vio comprometido su poder y se abrió un cuestionamiento social al orden existente.

Por violencia estatal podemos decir que es la violencia que ejerce el Estado en forma organizada para asegurar la conservación en el poder de la clase social que lo dirige, la clase capitalista. Tiene un carácter histórico porque se ha usado para reprimir la conflictividad social, sea bajo regímenes constitucionales como de facto. Incluso ya desde comienzos de siglo XX vemos huelgas obreras reprimidas violentamente. Pero hay que tener en cuenta que su utilización no es lineal, tiene distintos grados de intensidad según los niveles de lucha de clases del momento, la capacidad defensiva del oponente y de su articulación con medidas de consenso; y no necesariamente la violencia se manifiesta en forma física.

En los 70 la violencia estatal se intensificó marcadamente, al igual que la lucha de clases. En primer lugar porque durante los primeros años se endurecieron leyes, el discurso estatal y mediático se volvió más agresivo y creció la persecusión y asesinato de opositores usando fuerzas legales e ilegales. Y en segundo lugar porque la dictadura del 76 marcó un salto enorme en materia represiva, ya que frente a la imposibilidad del peronismo de terminar con la insurgencia obrera y popular iniciada en los años previos, se impuso un plan sistemático que terminó nada menos que en un genocidio. Con directa responsabilidad de los empresarios y bajo el amparo de la Inglesia, por eso es un golpe civico-eclesiástico-militar.

¿Cómo definirías el papel que jugaron las Fuerzas Armadas y de Seguridad dentro del aparato represivo del Estado que funcionó en la década del 70? ¿Qué cambios y continuidades pueden encontrarse hoy respecto a la estructura heredada de la dictadura?

Durante décadas en Argentina los militares fueron un factor de poder en sí mismo, arbitrando entre distintas disputas intraburguesas, garantizando el orden frente a la debilidad de gobiernos constitucionales y, como brazo armado del Estado, reprimiendo la conflictividad social. Esta ubicación se combinó desde mediados de la década del 50, en plena Guerra Fría y con Perón ya derrocado, con una alineación directa al imperialismo estadounidense y con una fuerte influencia de la “escuela de guerra francesa” cuya experiencia represiva en Argelia se exportó tempranamente a países como el nuestro, Estados Unidos y Brasil. A nivel ideológico los franceses aportaron la doctrina militar que planteaba que el enemigo a combatir era interno y actuaba en el seno de la sociedad. Y a nivel metodológico, una serie de técnicas represivas novedosas que incluía la división del territorio en áreas de intervención, el uso de operativos ilegales para amedrentar, el empleo de la tortura para hacer inteligencia y la instalación de centros clandestinos. Medidas que se fueron aplicando a medida que la represión se volvía más necesaria para el Estado y la clase dominante.

Con el Cordobazo de 1969 la represión estatal se incrementó. Dos meses después del levantamiento el Ejército publicó un manual de carácter reservado, destinado a enfrentar la guerrilla urbana y donde se empezó a hablar de la “lucha contra la subversión”. Lo interesante es que pasó un año antes de que empiece a actuar la guerrilla activamente. El Viborazo marcó un nuevo giro represivo porque significó un gran peligro para el Estado debido a que -en esta oportunidad- los protagonistas eran sindicatos clasistas que enfrentaron a la dictadura pero a la vez no tenían ninguna confianza en el peronismo. Entonces la clave era aislarlos de los sectores de masas y lo hicieron combinando una fuerte legislación represiva (como detener masivamente a sus dirigentes) con aperturas políticas como el fin de las proscripciones y el llamado a elecciones.

Con respecto a la otra pregunta. Un cambio fundamental es que los militares perdieron poder político y se debilitaron como pilar del aparato represivo frente al desarrollo de los movimientos democráticos y de protestas contra la represión, el aumento de las huelgas y movilizaciones y la enorme crisis que había significado la derrota de Malvinas. Un desprestigio que aún hoy impide reconciliarlos con la sociedad a pesar de que lo intentaron todos los gobiernos posconstitucionales. En este contexto fueron las Fuerzas de Seguridad -Gendarmería, las policías y Prefectura- las que pasaron a convertirse en las “fuerzas favoritas de la democracia” destinadas a la represión interna y al control social de los barrios populares usando por ejemplo el “gatillo fácil”.

Las continuidades merecen especial atención. Desde un plano general la última dictadura vino a terminar con la insurgencia obrera y popular y, a la vez, dejó una estructura económica y social muy vulnerable con el inicio de la entrega de recursos naturales y la destrucción de la capacidad industrial instalada. Políticas continuadas y profundizadas por gobiernos constitucionales, particularmente, el menemismo. Pero si vamos al plano estrictamente represivo las continuidades se ven en la estructura de Inteligencia heredada de los 70, con agentes del proceso que siguen en actividad mientras los archivos siguen en su mayoría clasificados. Actualmente el Estado sigue espiando ilegalmente como lo muestra el Proyecto X, denunciado hace diez años por Myriam Bregman, en donde Gendarmería espiaba a dirigentes obreros de izquierda mientras agentes encubiertos participaban de movilizaciones. El macrismo perfeccionó con más recursos y presupuesto estas formas de espionaje.

Uno de los debates centrales que cruzó los estudios de la década del 70 -partiendo de diferentes fundamentos y enfoques- es si se desarrolló, o no, una guerra civil en nuestro país. ¿Cómo te ubicas frente a esta discusión?

No hay una única forma de abordar y analizar la guerra civil y los problemas que ésta conlleva pero me parece un buen ejercicio pensar si en los 70 se desarrolló un conflicto de este tipo; no sólo para entender lo ocurrido sino en perspectiva estratégica. Quiero tomar la definición de León Trotsky sobre guerra civil, reconocido por sus conocimientos en arte militar para intentar aplicarlo al caso argentino. Dice que es una etapa determinada de la lucha de clases (que es mucho más abarcativa en el tiempo) en donde dos fuerzas se enfrentan públicamente, traspasando los límites legales, donde se involucran sectores de masas, puede incluir avances y retrocesos de las fuerzas intervinientes y, para vencer, es muy importante -clave diría- el rol que juega la dirección política del movimiento. Además surge el problema del armamento de las masas, factor necesario para enfrentarse al brazo armado del estado.

Si tenemos en cuenta todo esto y pensamos en el escenario nacional lo cierto es que no hubo una guerra civil abierta como fue por ejemplo la española o la rusa antes nombrada, sino más bien se desarrollaron episodios de guerra civil. Actos en los que importantes sectores de masas mostraron su predisposición a luchar y a utilizar métodos violentos, inevitables si se quiere un cambio real en la relación entre las fuerzas enfrentadas. Estas tendencias se dieron en momentos puntuales. ¿Cuándo?, podríamos nombrar el bombardeo militar a civiles en Plaza de Mayo en 1955; el Cordobazo y el resto de los “azos” entre 1969 y 1971. O la ola de tomas de fábricas con rehenes bajo la “Revolución Argentina” o contra el Pacto Social peronista. También en las acciones de autodefensa organizadas durante el Segundo Villazo y en la experiencia de las coordinadoras fabriles de 1975 que organizó a más de cien mil trabajadores.

Las visiones históricas que afirman la existencia de una guerra civil abierta y en consecuencia la necesidad de crear aparatos guerrilleros, tendieron a simplificar este tipo de guerra al momento del enfrentamiento físico entre dos bandos armados. Además consideraron a la guerrilla como vanguardia de los organismos de masas, es decir, su brazo armado. Pero tanto por su composición, impacto político de las acciones y por su “poder de fuego”; lejos estaba de ser un ejército enfrentado a otro en igualdad de condiciones. El problema es que se subestimó el rol de las masas y el verdadero fenómeno que significó la insurgencia obrera, protagonista de los episodios de guerra civil nombrados más arriba. Esto es muy importante justamente porque cuando la clase dominante recurrió a métodos de guerra civil, la clase trabajadora estaba desarmada para enfrentarla.

¿Qué características tuvo el aparato represivo durante el período constitucional de 1973 a 1976? ¿Qué continuidades pueden observarse a partir de la imposición de la dictadura militar?

Durante el período constitucional del gobierno peronista, la violencia estatal no disminuyó sino que cambió y se adaptó a las necesidades del nuevo régimen. Primero intentó una política basada en el Pacto Social - es decir, la conciliación entre las clases- pero al no lograrlo desplegó una serie de mecanismos represivos destinados a combatir al mismo enemigo interno que se había configurado en el gobierno anterior. “Luchar contra la subversión, el infiltrado o zurdo” fue parte del discurso estatal, de la oposición, medios, la Iglesia y también usado por la dirigencia sindical peronista.

Dos características tuvo la represión bajo el peronismo. Uno fue el despliegue violento de la burocracia sindical, dentro de la fábrica como agente policial en complicidad con la gerencia y, fuera de ella, operando en las bandas paraestatales. No olvidemos que la Triple A llegó a tener su base de operaciones en un ministerio nacional y que Perón fue uno de los responsables de su creación como muestra el famoso Documento Reservado de octubre de 1973 o la designación de Alberto Villar en la Federal, un especialista en técnicas antisubversivas. La otra característica es la avanzada represiva en el ámbito legal. Provincias intervenidas, se legalizó un golpe policial como fue el Navarrazo de 1974, se endurecieron leyes y penas para quienes luchaban como quedó expresado en la reforma del Código Penal.

Ambos elementos, el clandestino y el legal, se agudizaron con la muerte de Perón a la vez que se desarrollaron duras tendencias de la lucha de clases. En esas circunstancias los militares volvieron a ser una opción como ordenador social desde el punto de vista de las clases dominantes con una sistematización de la represión nunca vista antes en el país.

Con respecto a la segunda pregunta las continuidades pueden verse en la imposición del Estado de Sitio, con Isabel Perón dieciséis meses antes del golpe y recién se levantó en 1983. Además miembros de las bandas ilegales se reciclaron en los nuevos grupos de tarea y podemos ver cómo el accionar que el Ejército probó en 1975 en Tucumán con el “Operativo Independencia” se llevó a una escala nacional con el inicio del golpe. Por último, la extensión en dictadura de la “Comunidad Informativa” internacional y del circuito represivo conocido como Plan Cóndor que involucró a los países sudamericanos y llegó a tener sede en Buenos Aires.

Generalmente la “cuestión militar” de los años 70 se estudia asociado al rol de las Fuerzas Armadas y de Seguridad; o a los “hechos armados” de las organizaciones político militares como ERP o Montoneros. Pero ¿cómo es abordada esta problemática desde el punto de vista de las organizaciones de masas del movimiento obrero y del movimiento estudiantil?

Sin bien es cierto que durante mucho tiempo los análisis político-militares habían quedado reducidos a interpretaciones sobre el accionar estatal o de las organizaciones armadas, en los últimos años se han realizado nuevas investigaciones que apuntan a verlo desde el punto de vista de las organizaciones obreras. Es necesario poner en cuestión el problema de la autodefensa de estos sectores, que fueron quienes padecieron abiertamente los embates del accionar represivo en los 70, más allá de las acciones contra la guerrilla. Donde más claro se ve esto es en los propios números que deja la represión a partir de 1976: un alto porcentaje de desaparecidos son trabajadores y, a nivel metodológico, la mayoría de las detenciones y secuestros se producían de madrugada en las viviendas o lugares de trabajo, y no en enfrentamientos armados.

Por eso me parece importante abordar la respuesta en términos militares -defensivos- que dieron las organizaciones de masas del movimiento obrero y estudiantil para enfrentar esta avanzada. O mejor dicho la ausencia de estas respuestas. La responsabilidad la podemos buscar en la dirección política de estos sectores que evitaron el enfrentamiento directo con el peronismo o depositaron toda su tensión en acciones guerrilleras aisladas. Pero si lo analizamos desde una perspectiva estratégica hay que tener en cuenta en esta situación la ausencia de un partido revolucionario destinado a orientar todas las energías y las fuerzas en la formación de un frente político que logre instancias de coordinación de acciones y luchas, que organice milicias de autodefensa y que enfrente la represión estatal para luego pasar a la ofensiva para la conquista del poder. Esta reflexión apunta a proyectar un balance sobre los errores, los aciertos y las responsabilidades para experiencias revolucionarias futuras.

Lectura sugerida.

Me gustaría recomendar Insurgencia obrera en la Argentina 1969­-1976, (Ediciones IPS) de Ruth Werner y Facundo Aguirre que aporta una visión novedosa sobre el rol de las coordinadoras interfabriles. En el plano de los estudios de los aparatos represivos, Un enemigo interno para la Nación. Orden interno, violencia y “subversión”, 1973-1976 de Marina Franco y Escuadrones de la muerte: La escuela Francesa de Marie Monique- Robin. Y para profundizar sobre los estudios militares desde una perspectiva estratégica, Estrategia socialista y arte militar (Ediciones IPS), de Matías Maiello y Emilio Albamonte.
En cuanto a la plataforma audiovisual recomiendo el documental Memoria para Reincidentes, de Javier Gabino, Violeta Bruck y Gabriela Jaime.

Los militares perdieron poder político y se debilitaron como pilar del aparato represivo frente al desarrollo de los movimientos democráticos y de protestas contra la represión, el aumento de las huelgas y movilizaciones y la enorme crisis que había significado la derrota de Malvinas.

Acerca de la entrevistada

Claudia Ferri es historiadora (UBA), editora general de la sección de historia de La Izquierda Diario y milita en el Partido de los Trabajadores Socialistas. Escribe e investiga acerca del aparato represivo en los años 70 en Argentina.




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