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Clarice Lispector, a 100 años de su nacimiento: “Escribir para mí es una manera de entender”

Conmemorando los cien aniversario del nacimiento de la escritora brasileña, recordamos su obra y pensamiento.

Jueves 10 de diciembre de 2020 | 00:03

La vastedad parecía calmarla, el silencio regulaba su respiración. Ella se adormecía dentro de sí.

(El amor)

Chaiuya Pinkhasovna Lispector nació el 10 de diciembre de 1920 en Chechelnyk, Ucrania. Familia de refugiados judío, se trasladaron a Brasil cuando ella apenas tenía dos meses, donde tomará el nombre portugués: Clarice. Su madre, Mania, falleció a causa de la sífilis contraída al ser violada por soldados rusos, cuando ella tenía nueve años.

A los doce años se muda a Río de Janeiro. Allí estudia derecho y colabora en algunos periódicos y revistas, en los que firmaba con el seudónimo Tereza Quadros o Helen Palmer.

Si bien Marcel Proust afirmaba que un escritor inventa dentro de la lengua una lengua extranjera, encontramos en Clarice una relación sumamente singular con la lengua, partiendo del hecho que el portugués no era el idioma de sus padres.

En una de las pocas entrevistas concedidas, Clarice afirma: “antes de los siete años ya fabulaba, ya inventaba historias. Por ejemplo, inventé una historia que no acababa nunca. Es muy complicada de explicar esa historia. Cuando comencé a leer, comencé también a escribir. Pequeñas historias”. Los cuentos eran enviados a distintas revistas, pero ninguna los publicaba, ya que no se referían a hechos sino a sentimientos.

Cerca del corazón salvaje (1944) fue su primera novela, escrita a los diecisiete años y publicada a los veintiuno, con ésta ganaría el Premio Graça Aranha, y por calidad de su obra y su juventud, se convertiría en un fenómeno literario. Algunas obras son: La ciudad sitiada (1949), Lazos de familia (1960), La manzana en la oscuridad (1961), La legión extranjera (1964).

Clarice Lispector define su escritura como un modo de comprensión. “A veces tengo la sensación de que escribo por simple curiosidad intensa. Es que, al escribir yo me doy las más inesperadas sorpresas. Es en la hora de escribir que muchas veces me vuelvo consciente que no sabía que sabía".

Escribe cuando quiere, para conservar su libertad, “pero es en las etapas-hiatos en los que la vida se me vuelve intolerable”. Con los lectores considera que hay una comunión, que se ha comunicado. Su obra fue comprendida tiempo después, su mirada sobre el mundo desconcertaba, tal como escribe en Evolución de la miopía: “Fue apenas como si se hubiese quitado los anteojos, y la miopía misma le hiciese ver”.

El 9 de diciembre de 1977, con 56 años de edad, muere en Rio de Janeiro, víctima de un cáncer de ovario.

En la que sería su última entrevista expresa estar cansada de sí misma, y frente a la pregunta ‘¿Pero usted no renace y se renueva con cada trabajo nuevo?’, responde:

  •  Bueno, ahora yo morí… Pero vamos a ver si renazco de nuevo. Mientras tanto, yo estoy muerta… Estoy hablando desde mi sepulcro.





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