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MÉXICO-ESTADOS UNIDOS

Cinco medidas que debemos defender los socialistas sobre la cuestión migratoria

La posición de Left Voice (EE.UU.) y el Movimiento de los Trabajadores Socialistas (México) ante la separación de niños de sus familias, campos de concentración de migrantes, redadas, hostigamiento y criminalización en México y EE.UU.

Sábado 3 de agosto

Una ola de xenofobia y odio desplegada por el presidente Donald Trump se hace sentir en Estados Unidos. Su eco siniestro resuena al sur del Río Bravo, en México, gracias a la labor del obediente presidente López Obrador, que desplegó el brazo funesto de la Border Patrol encarnado en la Guardia Nacional –integrada por soldados, marinos y policías.

Trump contra los migrantes

Redadas brutales, separación de niños de sus familias y condiciones de detención infrahumanas son algunas de las medidas que desplegó Trump. El caso más sonado fue el del centro de detención Flint. Niños cuidando bebés, bebés sin pañales, condiciones insalubres, comida escasa, de mala calidad y fría, sin derecho siquiera a bañarse o lavarse los dientes, hacinamiento, expuestos a condiciones climáticas adversas. Y recientemente, en una demanda que presentó la American Civil Liberties Union, se dio conocer que la práctica de la separar a niños migrantes de sus familiares continúa, aunque formalmente el gobierno de Trump había declarado detener esa medida.

Esto es la exacerbación de las políticas antimigrantes desplegadas por el partido demócrata, el cual durante las administraciones de Barack Obama impulsó una verdadera industria de las deportaciones. Y este ex presidente, al igual que Bill Clinton, impulsaron sistemáticamente políticas intervencionistas en otros países, como en Honduras, Siria y Colombia, por citar sólo unos pocos ejemplos.

De la mano de estas medidas que buscan amedrentar a toda la comunidad latina, Trump redobla su discurso de odio. Uno de cuyas expresiones fueron las declaraciones de Trump “Vuélvanse a sus países” sobre Ocasio Cortez y otras tres legisladoras -la afroamericana Ayanna Pressley, nacida en Cincinatti y criada en Chicago; Rashida Tlaib, nacida en Detroit de padres palestinos; e Ihlan Omar, que llegó a EE UU de niña desde Somalía. Estos dichos de Trump contra las legisladoras autodenominadas “el escuadrón” fueron ampliamente repudiados, lo cual expresa a un importante sector que no quiere tolerar más el racismo que emana de la Casa Blanca.

Rashida Tlaib, Ayanna Pressley, Ilhan Omar y Alexandria Ocasio-Cortez
Rashida Tlaib, Ayanna Pressley, Ilhan Omar y Alexandria Ocasio-Cortez

Como explicamos acá, esto es mucho más que un discurso. Es una representación de la política que Trump lanza contra miles de migrantes: redadas, criminalización, detenciones en condiciones terribles –sin acceso a salud ni a higiene elemental- restricción del derecho de asilo. Y al calor de esto, el crecimiento de los crímenes de odio y el surgimiento de grupos supremacistas blancos.

Ante la crisis migratoria que está en curso, asolada por las políticas antimigratorias de los gobiernos de México y Estados Unidos el “escuadrón” critica más ampliamente que el establishment del Partido Demócrata la política del gobierno de Trump para el control de fronteras y afirman que el Servicio de Migración y Aduana (ICE) está deteniendo a los migrantes en condiciones inhumanas. ¿Pero eso es suficiente?

Mientras tanto, a inicios de junio Trump aumentó la presión contra México. Amenazó con imponer un arancel a todos los productos mexicanos de 5% que podría elevarse gradualmente hasta llegar al 25% si el gobierno de López Obrador no endurecía su política migratoria. Sus deseos fueron órdenes: en el sexto mes del año, México batió el récord de deportaciones, con 21.912 extranjeros expulsados del país. Del discurso de “brazos abiertos”, el mandatario pasó al récord de deportaciones, como explicamos acá.

El despliegue de más de 15 mil efectivos de la Guardia Nacional en la frontera norte con Estados Unidos y en la frontera sur con Guatemala tiene la función de disuadir a los migrantes de avanzar hacia el norte. La cara “amable” de la política migratoria del gobierno mexicano es un plan de desarrollo en el sur del país y Centroamérica, cuya primer medida es la siembra de árboles frutales y maderables por salarios que rondan los 262 dólares por mes.

Efectivos de la Guardia Nacional de México detienen a familias migrantes en la frontera con EE.UU.
Efectivos de la Guardia Nacional de México detienen a familias migrantes en la frontera con EE.UU.

Una salida de fondo ante la crisis migratoria

Ciertamente, las críticas de "El Escuadrón" contra las brutales políticas fronterizas de Trump son bienvenidas y necesarias. Sus propuestas programáticas sobre la abolición de ICE e incluso del Departamento de Seguridad Nacional también son bienvenidas. Sin embargo, estas propuestas simplemente están poniendo una curita en un sistema brutal. Como socialistas, debemos ir a la raíz del problema, más allá de las propuestas de "El Escuadrón". Por eso, aquí presentamos cinco medidas por las que todos los socialistas deberíamos luchar ante la actual crisis fronteriza.

Cerrar los campos de detención de migrantes

En Estados Unidos, miles quieren cerrar los campos de concentración que albergan niños y adultos migrantes. Las múltiples denuncias contra las deplorables condiciones de detención –hacinamiento, maltrato, sin acceso a higiene elemental, comida escasa y de malas condiciones–, se ratificaron con el Informe oficial de la Inspección General del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

A su vez, se han hecho sentir del otro lado de la frontera las protestas de migrantes en los centros de detención de México. El caso más conocido es el de Tapachula, donde una madre haitiana pidió sollozando para su niño enfermo a los periodistas que había ido a reportear un motín.

La significativa protesta de los trabajadores de la tienda Wayfair en Boston, a inicios de junio, que salieron a calles a decir “No seremos cómplices en el encarcelamiento de niños” y “End Business with Concentration Camps” muestra el camino.

Protesta de las y los trabajadores de Wayfair en Boston
Protesta de las y los trabajadores de Wayfair en Boston

Migrar no es un delito. Ningún ser humano es ilegal. Por eso es necesario que los sindicatos combativos, organizaciones de derechos humanos y defensoras de migrantes, así como el conjunto de la clase trabajadora y los sectores populares luchen unidos por el cierre inmediato y definitivo de los centros de detención y de las estaciones migratorias en Estados Unidos y México, y por el cese de las detenciones de migrantes.

Abolición de las fuerzas represivas contra los migrantes

Al norte del Río Bravo, la Border Patrol, a las órdenes del ICE, amedrenta, hostiga, criminaliza, separa a niños migrantes de sus familias y detiene a extranjeros de todas las edades. Lo mismo hace la Guardia Nacional de López Obrador, que además de mantener la militarización del país inaugurada en 2008 por George Bush y Felipe Calderón, protagoniza acciones propias del crimen organizado, como secuestros.

Por eso, los socialistas revolucionarios sostenemos a un lado y otro de la frontera la abolición del ICE y de la Guardia Nacional, así como de todas las fuerzas represivas que operan en la frontera -el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional estadounidense-. Que los millonarios fondos destinados a la seguridad fronteriza y a contener la migración se apliquen para salud, educación y vivienda para los migrantes y el pueblo trabajador de México y Estados Unidos.

Fronteras abiertas

Mientras los gobiernos de México y del imperialismo estadounidense buscan blindar las fronteras e impedir la migración de familias trabajadoras y de pequeños comerciantes, la superexplotación de jornaleros migrantes y la libre circulación de capitales en la industria maquiladora que prosperó sobre todo en los estados fronterizos se mantienen en beneficio de la patronal estadounidense.

Las negociaciones para ratificar el T-MEC -la versión “modernizada” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte- por el cual el intercambio comercial entre los países vecinos está libre de aranceles siguen su curso. Con la ratificación del tratado original, en 1994, en México se profundizó la radicación de trasnacionales de todas las banderas y en especial se extendió la industria maquiladora, profundamente dependiente del comercio con EE.UU., con salarios paupérrimos para los trabajadores que generan toda la riqueza.

Los empresarios se han beneficiado sin límites de la superexplotación de la clase trabajadora al sur del río Bravo, al mismo tiempo que ha avanzado también la expoliación de recursos como la tierra y el agua –que llevaron al desplazamiento forzado de pequeños productores, quienes se transformaron en jornaleros agrícolas.

Es inadmisible que se criminalice el tránsito de personas a través de la región. Por eso, alzamos la voz para que las fronteras se abran y los seres humanos podamos pasar de un país a otro sin ningún tipo de restricciones.

Plenos derechos sociales y políticos para los migrantes

Con la campaña de odio de Trump y las sucesivas amenazas de redadas y deportaciones masivas, las condiciones de vida de la comunidad latina (con estancia legal y sin ella) se han precarizado aun más. En especial la mayor parte de las familias trabajadoras y de pequeños comerciantes viven en la zozobra. Ésta es la otra cara de la ofensiva contra los migrantes, cuyos efectos se sintieron también bajo las administraciones de Barack Obama.

Los 57 millones de latinos que residen en Estados Unidos trabajan en el sector agrícola, construcción, hotelería y recreación (como el emporio de Trump), minería y servicios personales generales. Con su fuerza de trabajo, solo los mexicanos aportan alrededor de 10% del PIB estadounidense.

A pesar de esta enorme contribución, ante el avance de la persecución contra los migrantes, acceder a servicios de salud los pone en riesgo. Quienes no tienen estancia legal no tienen pensiones ni servicios sociales elementales como atención médica, salvo que tengan dinero para pagarlo. Quienes no están naturalizados no tienen derecho a votar ni a ser votados.

Además, sus salarios son más bajos que los de la clase trabajadora anglosajona e incluso que otras minorías. De su precariedad sacan provecho los empresarios, grandes y pequeños. Imponen sueldos miserables a los migrantes, y así presionan a la baja los salarios del conjunto de la multiétnica clase obrera estadounidense. Esto es un arma en manos del imperialismo estadounidense para mantener divididos a trabajadores según su origen étnico y también por género.

En México la situación no es mejor. Los migrantes no tienen derechos políticos ni a sindicalizarse. Los patrones se aprovechan de su situación vulnerable para incrementar la explotación con jornadas laborales más largas por menos salario. La seguridad social –salud, pensión, vacaciones– son derechos que les están vedados a la inmensa mayoría. Y los sectores de derecha, alentados por la política antimigrante del actual gobierno, azuzan el odio al extranjero reproduciendo el discurso xenofóbico de Trump, que “los migrantes son criminales y vienen a robar el trabajo de los mexicanos”.

Por todo esto, los socialistas sostenemos que es necesario luchar por plenos derechos sociales y políticos para todos los migrantes: salud, educación, pensiones, salarios al nivel de la canasta básica para el conjunto de las y los trabajadores, sin excepción, sean nativo o extranjeros, derecho a sindicalizarse y a votar y ser votado. Si se logra esto, es un paso para avanzar en la unidad de la clase trabajadora.

Fuera las manos de Estados Unidos de Latinoamérica

La crisis migratoria que no cesa tiene causas estructurales: la aplicación de los planes neoliberales ordenados desde Washington, que sumió a gran parte de la población centroamericana en la pobreza y la violencia, como explicamos acá.

Para terminar con la crisis humanitaria provocada por las políticas antimigrantes no bastan medias tintas. Hace falta que en Estados Unidos se forje una clase obrera con una política independiente del gobierno y los partidos de las trasnacionales. Para que esto se logre es indispensable que sus organizaciones sindicales -así como la izquierda que se reclama socialista-, dejen atrás toda subordinación al Partido Demócrata, levanten enérgicamente la lucha contra la política imperialista de su propio gobierno y en particular contra el saqueo de América Latina que se lleva adelante con la deuda externa y el control de las áreas fundamentales de las economías nacionales. Es necesario ponernos del lado de la clase obrera y los pueblos oprimidos, contra cualquier expresión xenófoba y chovinista.

A su vez, en México las amenazas y presiones de Trump ponen a la orden del día la necesidad de conquistar la independencia nacional, íntegra y efectiva, económica y política, de romper las cadenas que nos atan y que permitieron la recolonización del país en función de los intereses de las trasnacionales y la Casa Blanca.

Para esto, la clase obrera y los sindicatos deben presentar un programa alternativo y antiimperialista ante esta crisis, ya que no será mediante la “unidad nacional” con nuestros explotadores y sus representantes políticos, bajo un programa que mantiene la subordinación y la dependencia de nuestro país al imperialismo, como podremos conquistar una verdadera independencia y soberanía.

Es indispensable una oposición decidida a los socios menores -los empresarios “nacionales” y sus partidos- para romper verdaderamente con el imperialismo. El no pago de la deuda externa, el quiebre de los pactos y acuerdos que nos subordinan en todos los terrenos al imperialismo estadounidense, la expropiación sin indemnización de todas las empresas y zonas entregadas al capital extranjero, son las primeras tareas, que no llevará adelante un gobierno como el de López Obrador, el cual ni siquiera pretende enfrentar la presión imperialista.

Los socialistas del MTS y de Left Voice consideramos que estas medidas deben encabezar una perspectiva antiimperialista e internacionalista que la clase trabajadora de ambos países tiene planteado asumir, y sostenemos -a ambos lados de la frontera-, que luchamos por acabar con la opresión imperialista, expropiar a los expropiadores y construir los Estados Unidos Socialistas de América del Norte y Centroamérica.







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