Géneros y Sexualidades

Cierre de jardines maternales: ¿cómo afecta a las mujeres que trabajan fuera de sus casas?

El ministerio de Educación informa que no se retomarán las clases por ahora. Mientras tanto, crece la apertura de diferentes actividades, entonces, ¿qué sucede con el cuidado infantil? ¿Se reproducen las desigualdades para las mujeres?

Jueves 18 de junio | 22:03

Mientras el aislamiento social preventivo y obligatorio avanza y se encamina a una nueva fase, cada vez son más las preguntas de cómo será la vuelta a la “nueva normalidad”.

Y quizás una de las cosas que más preocupa a las mujeres que trabajan fuera de sus casas, responsables de las tareas de cuidado en los hogares, a cardo de bebés o hijas e hijos de menos de tres años, es el funcionamiento de los jardines conocidos como “maternales”. Esta es una realidad extendida, según indica el informe del Indec del último 8M, 8 de cada 10 mujeres realizan tareas domésticas no remuneradas (el doble que los varones que trabajan fuera del hogar).

La preocupación es genuina ya que en estos casos el distanciamiento social es imposible de sostener y por tanto la apertura de los jardines por el momento está muy lejana.

En esta cuarentena, que se encamina a cumplir los 100 días, se produjeron varios debates sobre el trabajo a distancia o “home office” y las tareas de la casa, ya que las mujeres, en su mayoría, se vieron sobrecargadas. Claro que la pandemia no es responsable de todos los males, en este caso se trata del rol asignado a las mujeres en las sociedades como la que vivimos, capitalista, en donde el cuidado de niños y familiares, como así las tareas domésticas, son responsabilidad femenina.

De acuerdo a información surgida del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, las mujeres cobran el 30% menos que los varones, lo que se conoce con el nombre de brecha salarial. Además el desempleo y la precarización laboral las afecta en mayor grado, 23,1% frente a un 5,6% de los varones. La sobrerrepresentación está dada básicamente en tres ocupaciones: servicio doméstico, enfermería y educación.

Para tener una dimensión más concreta el 96,5% de los puestos de trabajo doméstico es ocupado por mujeres. La dedicación de mayor cantidad de horas al trabajo no remunerado en el hogar tiene consecuencias visibles e invisibles. Por un lado, se reproducen desigualdades económicas (mayor precarización, salarios más bajos) y, por otro, se trasladan esas características a las áreas de la economía dedicadas al cuidado de personas (educación, salud, trabajo doméstico, etc.). Es lo que explica que la mayoría de las personas en esos sectores sean mujeres.

Esta realidad se agudiza en la pandemia, cuando los servicios relacionados con los cuidados no están disponibles para la mayoría de las personas. Un informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) indica que en estos momentos de pandemia existe mayor vulnerabilidad en las mujeres ocupadas como trabajadoras domésticas ya que “el aumento de las tareas relacionadas con el cierre de escuelas, el incremento de la demanda de cuidados de salud y la necesidad de elevar los estándares de higiene en los hogares recae sobre ellas”.

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En este contexto en el que se agudizan problemas preexistentes, el cuidado infantil concentra diversos problemas. Es un sector indispensable que, al estar mayoritariamente mercantilizado, se ve afectado por la crisis económica producto de la pandemia.

En nuestro país la educación es obligatoria a partir de los 4 años. Esta es una de las razones que explica por qué el Estado prácticamente no tiene oferta de vacantes para bebés y son muy pocos los jardines en la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, que tienen salas para niñas y niños de 2 y 3 años. De ahí que la socialización de los cuidados se mercantiliza y surgen entonces los jardines maternales de gestión privada.

Estas instituciones, que reciben a niñas y niños de 0 a 3 años no cuentan con ningún tipo de subsidio del Estado. En la Ciudad de Buenos Aires son 250 jardines, en los que se ocupan 3000 docentes y no docentes, en su mayoría mujeres.

Decimos que la crisis económica también impacta en estas instituciones, porque como informábamos en esta nota, muchos de estos jardines son instituciones pequeñas de tipo “familiar”, y que funcionan más dentro de la lógica de “comercio” y no de “escuela”.

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La pérdida de puestos de trabajo, producto de la crisis económica potenciada por la cuarentena, genera un efecto cascada imparable. Las mujeres que llevan a sus hijos al jardín no pagan la cuota, y las instituciones se retrasan con el pago a sus trabajadoras y trabajadores docentes. En algunos casos deben despedirlos y cerrar las puertas de la institución.

Que las tareas de cuidado sean responsabilidad casi exclusiva de las mujeres, es uno de los límites al momento de ingresar al mercado laboral. Este es uno de los motivos principales por los cuales las mujeres buscan trabajos de tiempo parcial, que suelen ser precarios y mal remunerados. Esto sumado a los costos que implica encontrar un lugar en donde hijas e hijos puedan ser cuidados, se convierte en un combo muy difícil de sortear.

El cierre de estos jardines, sumado al costo elevado,vuelve a recaer en mujeres. Ante la imposibilidad de acceder al cuidado infantil público y de calidad durante la jornada laboral fuera del hogar, muchas mujeres recurren al cuidado privado en los hogares. Las encargadas de ese cuidado son mayoritariamente mujeres, en general de forma precaria, con un sueldo muy por debajo del que corresponde a su tarea y sin registro alguno que les permita acceder ni siquiera a una obra social.

La socialización del cuidado infantil no es una demanda extraña para las trabajadoras. La creación de lactarios y centros para la primera infancia, en los lugares de trabajo forma parte de la agenda de las trabajadoras desde su incorporación al mercado laboral y es uno de los factores importantes en los que se acentúa la desigualdad.

Uno de los aspectos expuestos por la pandemia de Covid-19, entre otros, son las tareas de reproducción, invisibilizadas en “tiempos normales”. Esas tareas, asignadas a las mujeres como “naturales” no tienen argumentos biológicos, son parte de los prejuicios patriarcales, funcionales a sostener las desigualdades naturalizadas en una sociedad desigual por definición.

El estudio de las tareas de cuidado y el impacto que tienen en las mujeres, como principales responsables de llevarlas a cabo, es uno de los anuncios que se hicieron desde el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad. Sin embargo, esto no se tradujo hasta el momento en medidas básicas como garantizar el cuidado de niños y niñas, personas mayores y/o enfermas, entre otras tareas reproductivas, a cargo de las mujeres que, también trabajan fuera del hogar.

La situación en la que se encuentran miles de mujeres ante el dilema que se les presenta con la “vuelta a la normalidad” es acuciante. Los proyectos en debate sobre la regulación del teletrabajo no pueden ignorar este aspecto indispensable , por lo que las respuestas y acciones por parte del Estado no pueden seguir siendo proyectos en mesas de trabajo.







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