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Red Internacional

Renuncias masivas de la plantilla de Twitter en repudio a las medidas tomadas por Elon Musk, el multimillonario que es su nuevo dueño. En el edificio de San Francisco, la pantalla del edificio proyectaban insultos y críticas contra el despótico dueño. "Elon Musk: parásito supremo, hijo varón mediocre, privilegio presurizado, pequeño racista".

Viernes 18 de noviembre | 09:16

Musk había puesto una fecha límite para que trabajadores y trabajadoras decidieran si se quedaban o renunciaban y lo que consiguió es una renuncia en masa que dejó a la red social sumida en un caos.

La compañía anunció por correo electrónico que cerraría las oficinas y deshabilitaría el acceso con tarjetas identificatorias hasta el próximo lunes. Pero ahora, el magnate intenta persuadir a quienes ocupan puestos claves para el funcionamiento de la empresa, de que se queden. Al final de cuentas, sin trabajadores podrá cumplir su sueño de reducir costos, pero no podrá hacer que la empresa funcione.

Ya habían despedido a la mitad de la plantilla que trabajaba a tiempo completo y el miércoles pasado, Elon Musk le dio un plazo de 36 horas a quienes tenían contratos para que se marcharan con tres meses de indemnización o se comprometieran a construir "un Twitter 2.0 rompedor".

El ultimátum se acompañaba de un F.A.Q. (respuestas preestablecidas a preguntas frecuentes) que, burlándose de los trabajadores, decía: "Como has visto, Twitter está en el comienzo de un viaje emocionante". También aclaraba que los empleados debían "maximizar el trabajo desde una oficina", dando por terminada la posibilidad del home-office y que deberían "trabajar las horas necesarias para hacer su trabajo al más alto nivel", lo que incluye mañanas, noches y fines de semana. Aunque el jueves por la tarde, el propio Musk envió un correo electrónico en el que reconsideraba lo del trabajo desde casa, aclarando que "todo lo que se requiere para la aprobación es que su gerente se responsabilice de asegurar que usted está haciendo una excelente contribución."

El equipo directivo organizó reuniones virtuales con los indecisos, para convencerlos de permanecer en la empresa bajo las nuevas órdenes del flamante dueño. Elon Musk se dirigió a ellos por videoconferencia. Pero cuando se cumplió el plazo que había puesto el propio Musk, y mientras el multimillonario hablaba por la pantalla, muchos comenzaron a desconectarse.

Rápidamente, se propagó el hashtag #RIPTwitter que se convirtió en tendencia mundial ante la preocupación de millones de usuarios sobre la continuidad del servicio. Elon Musk ironizó, en su propia cuenta de Twitter sobre el récord de tuits que había batido con esta noticia.

Mientras tanto, algunos trabajadores despedidos se reunieron frente a la sede de la empresa en San Francisco, al tiempo que en la pantalla que el edificio posee en su fachada se proyectaban insultos y críticas contra el despótico dueño. "Elon Musk: parásito supremo, hijo varón mediocre, privilegio presurizado, pequeño racista, megalómano, millonario sin valor, bebé en bancarrota", se podía leer en el edificio.


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