Tribuna Abierta

Ciencia y Técnica en el post-macrismo: ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos?

El escenario político ha cambiado y vientos de cambios empiezan a soplar. Lxs trabajadorxs de ciencia y técnica arengan por un posible futuro de recuperación para el sector. Pero, ¿qué proyecto realmente está en juego? Y ¿cuáles son las continuidades y las limitaciones de ese proyecto?

Pablo Nicolás Fernández Larrosa

Doctor en Biología e Investigador del CONICET

Sábado 4 de enero | 09:42

El neoliberalismo facilita en dos sentidos la reproducción del capitalismo. Primero contribuye a garantizar las ganancias de los capitalistas, avanzando sobre los derechos de lxs trabajadorxs. Pero además, en tanto versión más cruda del capitalismo, ofrece una imagen de contraste para alternativas más progresistas que igualmente se mantienen dentro del sistema. Ningún gobierno "populista" (o, más precisamente, posneoliberal) es anticapitalista. Estos surgen como solución parcial a las crisis institucionales, económicas y políticas (leves o severas) del capitalismo. Su función histórica ha sido restaurar la confianza en sus instituciones democráticas. Pero no solo eso. Intercalando concesiones estratégicas, que sirvan para contener el descontento social, intentan desarticular a las organizaciones de lxs trabajadorxs (por ejemplo, con el “proyecto X” o la Ley de antiterrorismo) que podrían atentar contra la reproducción misma del capitalismo, en pos de formas sociales en las cuales el bienestar de todxs no dependa de la bonanza de un gobierno de turno. En este sentido, si bien no son lo mismo, ni afectan de la misma manera a la clase trabajadora, el neoliberalismo y el progresismo, lejos de estar en las antípodas, se reinventan continuamente como complementarios de un movimiento histórico general, que garantiza la continuidad del sistema.

En ese vaivén, el macrismo impuso un retroceso al desarrollo de la Ciencia y Tecnología (CyT) en la Argentina, materializado en una reducción presupuestaria que implicó un aumento de los despidos, disminución de financiación a proyectos de investigación (y discontinuidad de proyectos), pauperización de los salarios, etc. Pero la política del gobierno de los últimos 4 años plantea solo un quiebre superficial sobre la política de CyT anterior. En ambos proyectos la CyT se ubicó como una arista central del desarrollo capitalista, para lo cual fue reducida a una concepción mercantilista. En lo que fundamentalmente se oponen es en qué fracción de la clase capitalista ha de ser la principal beneficiada de los productos de la CyT. Pero lo que nunca estuvo en discusión es justamente el rol capitalista de la ciencia.

¿Cuáles fueron los objetivos de la política de CyT durante el kirchnerismo?

Los gobiernos kirchneristas han cosechado un gran apoyo del sector de CyT, mediante medidas progresivas como el incremento de las becas (aunque esta forma de contratación sea precaria, lo cual incluso facilitó los despidos en el gobierno de Macri) y de financiación de proyectos de investigación, la creación del MinCyT y la designación como ministro de un científico. Estas y otras medidas representaron símbolos de "revalorización" y "reconocimiento" a la Ciencia, al menos en contraste con el gobierno neoliberal de Menem. Por primera vez para varias generaciones, un gobierno parecía valorar el rol de ciencia para la sociedad y mostraba intenciones de incorporarla en las decisiones relevantes del desarrollo nacional. Sin embargo, más allá de estos gestos simbólicos, esto no ocurrió.

Ahora bien, ¿a quién benefició este conjunto de políticas, más allá de a les propixs científicxs que vieron facilitada su práctica cotidiana y mejoradas sus condiciones individuales de reproducción? La pregunta que subyace es con qué objetivo se implementaron. En el 2005 el Banco Mundial había recomendado fuertemente al gobierno aumentar la calidad de lxs trabajadorxs de CyT a doctores, para incentivar a capitales privados que absorberían esa mano de obra calificada. En ese marco, el financiamiento asignado desde la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica para proyectos de innovación tecnológica en sectores privados, con colaboración de investigadores del sector público (FONTAR, FONARSEC, FONSOFT), fue cuatro veces más grande que el incremento de financiamiento para proyectos de investigación en ciencia básica [período 2003-2016].

A nivel superestructural, la creación del MinCyT tuvo como misión “orientar la ciencia, la tecnología y la innovación al fortalecimiento de un nuevo modelo productivo que genere mayor inclusión social y mejore la competitividad de la economía Argentina, bajo el paradigma del conocimiento como eje del desarrollo”. La designación de Lino Barañao como ministro no fue casual: su concepción que el desarrollo de la CyT debía darse en estricta relación con el sector privado, lo ubicaba con un rol central para el proyecto. Basta leer con sentido crítico el Plan Estratégico Bicentenario 2006-2010 o Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2020, para reconocer la clara dirección mercantilista de la política científica argentina durante el Kirchnerismo, orientada al extractivismo de recursos naturales y de conocimientos.

¿Valoración de la ciencia o propaganda?

A pesar de los gestos simbólicos, la "escucha" del gobierno al sector científico encontró sus límites cuando puso en peligro la reproducción de una fracción del capital que en Argentina encontraría condiciones propicias para incrementar su acumulación. El caso más emblemático fue el del investigador del CONICET Andrés Carrasco, que advirtió que el glifosato era teratogénico: lejos de ser escuchado por el gobierno e incentivar a otros grupos de investigación a evaluar los posibles perjuicios sobre la salud del herbicida (para tomar una decisión responsable respecto a la salud de la población argentina), el investigador fue desestimado por el mismo ministro. Incluso se inició una persecución ideológica contra él dentro del CONICET, en la cual el actual ministro, Salvarezza, por aquel entonces presidente del organismo, le negó la promoción de manera arbitraria. Lo que estaba en juego era la continuidad del modelo agroexportador y el rol de Monsanto a la Argentina.

Otros ejemplos son la desatención de los informes negativos que evidencian derrames y contaminaciones por parte de las mineras y la desarticulación de la ley de glaciares por CFK (para permitir el extractivismo minero). Por lo contrario, los proyectos de (mega)minería, política de Estado desde Alfonsín, ampliamente favorecida mediante incentivos fiscales (ley 24.196) durante el menemismo, aumentaron 3311% desde el 2002 al 2011.

Continuidades y limites del proyecto populista nacional para la CyT

Bajo una nueva coalición, que aglutinó al kirchnerismo con fracciones provenientes de la izquierda y al peronismo, incluidos personajes funestos de nuestra historia como Menem, Duhalde, Solá, Berni y una larga lista de burócratas sindicales, entre otrxs, la estrategia presidencial de Fernández-Fernández tuvo éxito. Quizás haya sido justamente esta victoria (y el #hay2019 previo) la que impidiera un levantamiento en Argentina semejante al de los sectores populares del resto de América Latina, convulsionada, centro de disputa geopolítica entre EEUU y China por la extracción de los recursos naturales y conocimiento producido.

El proyecto de CyT del recién llegado gobierno retoma el camino abandonado durante el macrismo. Pero no asoma sin tensiones ni contradicciones. La pulseada interna la ha ganado por el momento– el sector cristinista, con la asignación de Salvarezza como Ministro (nuevamente un varón) en vez de Fernando Peirano, economista e integrante del grupo Callao, asesor en políticas de innovación y tecnología de Alberto Fernández. Sea como sea que se desarrollen estas tensiones internas, existe consenso (con empresarios, sindicalistas, e incluso, sectores de CyT, como CyTA) sobre cuál debe ser la política de estado para CyT. Si bien aparece una retórica que "incluye" a los movimientos sociales, pequeños campesinos y cooperativas como parte beneficiada por la producción científica y tecnológica, las prioridades son el desarrollo productivo nacional basado en el extractivismo: agronegocio, minería, petróleo y de conocimientos que se vuelquen rápido al sector privado (software, bio- y nanotecnología, etc).

Este nuevo Frente de Tod☀s: ¿seguirá excluyendo las advertencias de Carrasco (y a las más de 3000 publicaciones científicas que evalúan los efectos de glifosato), las advertencias de la comunidad científica contra la megaminería, el fracking y los intentos de protección de los glaciares, los salares, los acuíferos y la calidad de los suelos del territorio nacional? Si bien es cierto que Salvarezza no es Lino Barañao, el actual ministro viene evitando por todos los medios sentar una posición certera respecto a estas cuestiones. Su rol como presidente del CONICET en la persecución de Carrasco no apoya la idea oficial de un "extractivismo responsable y sustentable". Peor aún es la designación de Alberto Hansel como Secretario de minería de la Nación (quien garantizó la impunidad de Barrick Gold por sus derrames de cianuro en San Juan). Los recientes acontecimientos en Mendoza, Chubut, Jujuy (entre otras provincias) ponen en evidencia las verdaderas intenciones de los gobiernos provinciales en sintonía con el gobierno nacional: no solo votaron a favor de la modificación de la Ley 7722 (por ejemplo), sino que el mismo AF ha salido a defender la megaminería ante los empresarios.

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Tampoco es un buen indicador que el Proyecto de Ley de Solidaridad buscara desde el principio ajustar a un sector de trabajadorxs (incluidos los docentes universitarios e investigadorxs) para recuperar la economía de la crisis (y pagar al FMI), al mismo tiempo que sigue garantizando condiciones favorables al campo, la minería, la renta financiera y los sectores industriales.

En esta búsqueda de una ciencia productivista hay otro factor que fracasa sistemáticamente. En el 2014, Lino Barañao admitió el fracaso del proyecto ya que no se había desarrollado un sector privado que absorbiera gran parte de la mano de obra calificada (doctorxs), que el Estado no podía incorporar al sistema. Esto pone en evidencia otra característica central del proyecto: la precarización laboral de doctorandxs y post-doctorandxs. En los 14 años de gobierno K no solo no se revirtió esta situación sino que se empeoró. En este nuevo período, está abierta la posibilidad de discutir y aplicar un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) exclusivo para el CONICET, que legisle sobre los derechos y obligaciones de los diferentes escalafones de trabajadores y la patronal (el Estado). Qué CCT se termine aprobando dependerá de la relación de fuerzas de lxs trabajadorxs del sector.

La esperanza del cambio de gobierno desarticuló los procesos de lucha de la clase trabajadora (incluido el sector de CyT) durante el 2019: aún cuando mas empobrecida se encontraba con el ajuste macrista, el mismo AF recomendaba no salir a las calles a luchar al son del #hay2019. Las centrales sindicales acataron al líder. En las universidades, agrupaciones K ganaron varios centros de estudiantes, históricamente de izquierda, alineándose con las autoridades. Ahora, la alegría eclipsa la visión estratégica de la clase trabajadora, que ya se apronta a arremangarse y sacrificarse por el "bien común". Nuevamente, "la pesada herencia" oficia de argumento.

La restauración del MinCyT, la posibilidad de un CCT, la promesa de aumentar las becas y los salarios del sector siembran perspectivas alentadoras. Es posible que lleguen otros gestos como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, y políticas de inclusión igualitaria de mujeres y disidencias sexuales (cupo trans) que trascienden pero también afectan profundamente al sector de CyT. Pero no hay que olvidar que estos gestos no responden a la buena voluntad de los gobiernos. Son inexplicables sin la lucha constante de lxs trabajadorxs en CyT (en el primer caso) y de las mujeres y disidencias (en el segundo). Ignorar el rol de lxs trabajadorxs y el pueblo en incidir sobre las políticas de Estado implica negar la potencia de nuestras propias organizaciones, como bien lo muestra el ejemplo reciente de la lucha por el agua.

Con una América Latina convulsionada, centro de disputa imperialista, la organización de la clase trabajadora, de lxs estudiantes, de las mujeres y disidencias, y de los pueblos oprimidos tiene por delante tareas centrales para encaminar sus luchas. En nuestro sector, aún queda pendiente avanzar en el terreno de la conciencia de clase. Esta es sin duda la principal limitación de lxs trabajadorxs de CyT: el conjunto mayoritario aún percibe a lxs becarixs como estudiantes (negando sus derechos como trabajadorxs); su conciencia en el proceso general de producción en CyT sigue siendo fragmentada y alienada; se niega su rol y participación activa en las decisiones trascendentales en la plano de la política científica (¿ciencia para qué y para quién?); y su confianza ciega en sus referentes elitistas e instituciones "democráticas" anula su potencial como clase.

Vendrán años difíciles… seguiremos poniendo el cuerpo para construir organizaciones clasistas de lucha y transformar abismos en horizontes.







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