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Red Internacional

Un balance provisorio de la gestión de Massa como “superministro”. Los de abajo. Los dueños. Ya está en las bandejas de email el newsletter de Economía de La Izquierda Diario y El Círculo Rojo.

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Jueves 10 de noviembre | 10:55

Este viernes 11 de noviembre Sergio Massa cumple cien días de “superministro”. Como no podía ser de otra manera, los cien primeros días no fueron suficientes para que enamorar a las mayorías populares que no llegan a fin de mes y ven día a día como el poder de compra de sus ingresos se derrite frente a una inflación galopante. Un balance provisorio de la gestión de Massa obliga a retroceder unos meses en el tiempo.

El equipo que conducía Martín Guzmán se retiró del Ministerio de Economía con una advertencia alarmante sobre el perjuicio que provocaba la interna del Frente de Todos en manejo cotidiano de los principales resortes de la economía.

El Presupuesto 2022, elaborado por Guzmán, había naufragado en el Congreso hacia finales del año pasado: hay quienes adjudican ese naufragio a la actitud de Máximo Kirchner durante el debate parlamentario. En marzo, el kirchnerismo rechazó, cuando ya era un hecho consumado, el acuerdo con el FMI. Ese rechazo resultó una suerte de apoyo crítico porque ese sector del oficialismo no dio una disputa verdadera para detener un nuevo pacto con el Fondo.

El hecho de que no fuera parte de la movilización callejera para rechazar el acuerdo era la evidencia ostensible del "laissez faire, laissez passer" (dejar hacer, dejar pasar) de los K. No obstante, al desmarcarse del acuerdo se diferenciaban del ministro que se transformó en patriota de una negociación que, aseguraba, permitiría al país pagar la deuda, crecer y despejar los fantasmas del caos económico: la disyuntiva era el Fondo o el abismo.

Hacia mitad de año, debilitado por la ausencia de apoyo político dentro de la coalición gubernamental, el mayor foco de incendio que enfrentaba el exministro se encontraba en el manejo de la deuda, en la que, supuestamente era experto. En los últimos días al frente de Economía, Guzmán vio como crecía una corrida contra la deuda pública en pesos.

El oficialismo, hasta entonces, hacía gala de las virtudes de la deuda en moneda nacional en relación a la deuda en moneda extranjera. Si bien es una obviedad que la deuda en moneda local es más fácil de manejar, hasta entonces se había negado el problema que implica la renovación mensual (el “rollover”) de una enorme masa de deuda en pesos.

Los “mercados” (los fondos especulativos, los bancos) generaron una corrida contra esa deuda. Y esa corrida repercutió, junto con la debilidad de las reservas del Banco Central y la especulación del agronegocio con una devaluación, en presiones cambiarias: los dólares paralelos se dispararon. Y con ellos los nervios de todo el mundo. La breve gestión de Silvina Batakis no hizo más que poner la gestión de la crisis al borde de la cornisa. Finalmente, el autopostulado mesías, asumió el 3 de agosto como “superministro”.

Hasta aquí un anticipo. Si te interesa leer completa esta entrega de El juguete rabioso o que te lleguen los newsletters del programa radial El Círculo Rojo y La Izquierda Diario ingresa en este link


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