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Red Internacional

Toda la basura llega desde los barcos pesqueros que recorren el mar Argentino en busca del calamar y el langostino. Las playas de Península Valdés, un área natural protegida de la costa de Chubut, se transformaron en un basural.

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Lunes 19 de septiembre | 16:00

Las arenas patagónicas están repletas de cajones, baldes y restos de redes de pesca que dejan los barcos que surcan el sur del Océano Atlántico en busca del langostino. Dos ejemplos salieron a la luz en estos días, uno en Playa Colombo, ubicada en mar abierto y muy cerca de Morro Nuevo, en Península de Valdés, el otro en las islas Tovita y Tova, a 50 kilómetros de Camarones.

Al menos el 80% de las playas de Puerto Pirámides, en la costa de la Península Valdés, está contaminada con residuos de la industria pesquera, según pudo constatarse durante una recorrida de 8 kilómetros que realizaron especialistas del Ministerio de Ambiente de Nación y de la provincia de Chubut, según informó el subsecretario de Conservación y Áreas Protegidas de la provincia, Sergio Casin.

Desde la organización patagónica "Playas limpias" explicaron que “las autoridades solo recorrieron una pequeña porción de los cientos de kilómetros que tienen las costas de la península. Lo que vieron en Pirámides se repite en el resto de los sitios menos visitados”. Chubut cuenta con el “Plan de Censo y Limpieza Costera”, que según denuncian desde Playas limpias “no se realiza desde 2016”.

Otro ejemplo, menos conocido pero que salió a la luz es el de la denominada isla "de la basura" que también está en Chubut. Queda a 50 kilómetros de Camarones y llegan allí pingüinos, cormoranes, gaviotas y mamíferos. Pero el hermoso paisaje se ve dañado por los desechos plásticos, botellas y aceites. Y cómo en Península Valdez, el drama de los cajones de pescado.

Recordemos que la Península Valdés fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999 por la Unesco, y es un área natural protegida y que las islas Tova y Tovita son parte del Parque Interjurisdiccional Marino Costero Patagonia Austral y en ambas islas se acumula una enorme cantidad de basura pesquera.

Esto parece no importarle a las empresas pesqueras que además de saquear los recursos ictícolas como el langostino, contaminan el mar y las costas arrojando residuos plásticos como cajones, redes, guantes y todo lo que se pueda.

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Barcos sin control

Lejos de los avistajes de la ballena franca austral, la imagen turística de Puerto Madryn y de Chubut, en Playa Colombo, donde miles de elefantes marinos pasan gran parte del año y es la zona elegida para aparearse y parir sus nuevas crías, se ve en fotos y videos que recorren las redes y han llegado a los medios provinciales y nacionales, como deambulan con toneladas de desechos que son arrojados por el mar a las costas.

Desde "Playas limpian" plantean que “Fallan los controles a los barcos. Se debería controlar con cuántos cajones sale cada nave y con cuántos vuelve. Lo mismo con los baldes, las redes y otros elementos de los pesqueros”. Lo que se sabe por el relato de los trabajadores es que las empresas tiran al mar todo lo que se encuentra en las playas, ya que es material de descarte. Depredación de la fauna ictícola y contaminación de los mares, son dos caras de la industria pesquera y su búsqueda incesante de maximizar sus ganancias.

El problema no es nuevo y el gobierno de Chubut permite que las empresas hagan lo que quieran, ni siquiera cumplen con la obligación de rotular los cajones para saber el origen y que se pueda sancionar a las que arrojan los residuos al mar y hace pocos días incluso derogó el impuesto ambiental pesquero, que se había votado en 2018 y que desde su implementación en 2019 las empresas nunca habían pagado.

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Un panorama sombrío: la basura marina

Esto no es solo un problema que sucede en las costas patagónicas, según los expertos en cambio climático, en 2050 habrá más residuos plásticos que peces en el mar, teniendo en cuenta que este elemento tarda como mínimo 100 años en degradarse.

El problema más grave con los plásticos es que se convierten en fragmentos más pequeños y los animales los confunden con alimentos. Todos esos cajones y baldes de los barcos que llegan a la playa, se van convirtiendo en microplásticos con el paso del tiempo e invaden los organismos de los animales.

En este sentido un informe del programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) da un panorama sombrío sobre la basura marina: El 85 por ciento de la contaminación de los océanos está dada por residuos plásticos. Hay entre 75 y 199 millones de toneladas de plásticos en los océanos. Las tasas de reciclaje de plásticos son inferiores al 10 %. Se prevé que los vertidos de plásticos en los océanos casi se tripliquen para 2040.

En síntesis, la contaminación de los espacios marinos por desechos y desperdicios plásticos ha tenido un sostenido incremento desde comienzos del siglo XXI, afectando en forma significativa a la biodiversidad y los ecosistemas marinos existentes en los distintos océanos del planeta. Las artes de pesca y redes abandonadas aportan con lo suyo al incrementar esta situación de extrema fragilidad ambiental de los océanos.

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No son solo las pesqueras, es el capitalismo

Los elefantes marinos se muestran inmutable frente a la invasión del plástico en su hábitat natural. Se arrastran y hasta se suben sobre los canastos de plástico sin darse cuenta. Los habitantes de la península intentan limpiar las playas, pero se hace indispensable el control sobre la industria pesquera para evitar la contaminación de las arenas en la que reposa la fauna patagónica.

John Bellamy Foster señala en “Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza” que “Como Marx destacó en El capital que el rompimiento del ciclo de la tierra en la agricultura capitalista industrializada constituía nada menos que “una fractura” en la relación metabólica entre los seres humanos y la naturaleza”, podemos decir que la industria capitalista de la pesca y el capitalismo en general está profundizando esta fractura en la relación entre los seres humanos y la naturaleza.

Y señala Foster citando a Marx que “La producción capitalista, por consiguiente, no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: la tierra y el trabajador”. Esta definición hoy la podemos trasladar al conjunto de las industrias, incluida la pesquera.

Y agrega en este trabajo trayendo a Marx al debate que “Por eso es necesario retomar la sustentabilidad, es decir, la preservación de “toda la gama de condiciones permanentes de la vida que exige la cadena de las generaciones humanas.” En su definición más exhaustiva de la naturaleza de la producción bajo el socialismo afirmó: “La libertad, en este terreno, sólo puede consistir en que el hombre socializado, los productores asociados, regulen racionalmente ese metabolismo suyo con la naturaleza poniéndolo bajo su control colectivo (…) con el mínimo empleo de fuerzas y bajo las condiciones más dignas y adecuadas a su naturaleza humana”.




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