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BANCO ASIÁTICO DE INVERSIÓN

China en una encrucijada

China se convierte en caja de resonancia de las líneas de falla de la economía mundial. La sobreacumulación de capitales es un espejo de la escasa inversión en los países centrales. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura como intento de enfrentar las contradicciones internas y lograr una mayor gravitación internacional.

Sábado 21 de marzo de 2015 | Edición del día

La economía china se está convirtiendo en caja de resonancia de los núcleos problemáticos que afectan a la economía mundial. En primer lugar, la tendencia a la sobreacumulación de capitales en su terreno se pone de manifiesto como contratara de la escasa inversión en los países centrales. En segundo lugar, esa misma tendencia y el acelerado endeudamiento privado dieron curso al desarrollo de una poderosa burbuja inmobiliaria. En tercer lugar, el fin del ciclo ascendente del precio de las materias primas –estrechamente entrelazado al ascenso del valor del dólar- podría transformarse en una fuente de inestabilidad para los préstamos chinos destinados a los países afectados. El reciente lanzamiento del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura representa un intento de mejorar la relación de fuerzas de China en la arena mundial.

Juego de espejos

En un artículo reciente, Martin Wolf se pregunta cuál es el factor determinante de la vulnerabilidad en la economía mundial y dónde se manifiesta dicha vulnerabilidad. Se responde que la fuente principal de la vulnerabilidad hay que buscarla en el incremento de las deudas privadas. Mencionando un trabajo de McKiney, señala que entre 2000 y 2007 la deuda de los hogares aumentó, en relación a los ingresos, en un tercio o más en Estados Unidos, el Reino Unido, España, Irlanda y Portugal. Todos estos países experimentaron posteriormente crisis financieras. Si bien durante los últimos años ninguno de ellos se desapalancó en términos generales, los sectores privados no financieros se desapalancaron en algunos casos como el de Estados Unidos, el Reino Unido y España. Además el sector financiero se desapalancó sustancialmente en Estados Unidos. Al momento de hallar los focos de las vulnerabilidades en la actualidad y como se señaló en India, a la caza de un nuevo “El Dorado”, Wolf señala a China liderando el club de los países que sufrieron un fuerte incremento de sus deudas privadas. La deuda de las empresas y las familias con respecto al PBI se incrementó en 70 puntos porcentuales entre 2007 y 2014. Si se le suma la deuda del sector financiero, el aumento del endeudamiento privado bruto alcanza 111 puntos porcentuales y si se le agrega la deuda gubernamental, alcanza 124 puntos porcentuales. Gran parte del aumento de la deuda china se concentra en el sector inmobiliario.

Este incremento de deuda no ha estado vinculado a la tendencia del crecimiento del PBI sino más bien, todo lo contrario. Si se establece un paralelismo se puede observar que China se fue convirtiendo en el mayor generador de deuda privada comenzando a desarrollar una burbuja inmobiliaria al tiempo que se producía un proceso de desapalancamiento de la deuda privada en distintos países centrales. La fuente para la acumulación ampliada que la economía china ofreció a los capitales internacionales durante la década pasada, generó una enérgica tendencia a la sobreacumulación de capitales en el país. Durante esos años, la débil acumulación ampliada en los países centrales se reflejó en espejo en China dónde la inversión representa cerca del 50% del PBI. El estallido de la burbuja en los países centrales estableció por un lado un límite al esquema exportador chino y por lo tanto al proceso interno de inversión. A su vez el propio ritmo excesivamente acelerado de la inversión fue restringiendo el espacio para la acumulación ampliada del capital. Ambos aspectos y en la medida en que China mantuvo un alto crecimiento (aunque decreciente) desde 2010, generaron las condiciones del incremento de la deuda privada y la actual burbuja inmobiliaria.

Exportación de capitales

El exceso de capacidad en territorio chino junto con la necesidad de virar hacia un modelo que incremente los rasgos mercadointernistas, actuaron como motor de la acelerada exportación de capitales durante los últimos años. En efecto, si en 2005 y según la UNCTAD, China se encontraba en el puesto número 16 como emisor de inversión extranjera directa, actualmente representa el tercer emisor con una IED equivalente a un tercio de la de Estados Unidos y el 70% de la de Japón.

El diario Financial Times señala en un artículo reciente que los proyectos faraónicos que planean unir los Océanos Atlántico y Pacífico mediante un ferrocarril atravesando Brasil y Perú o la iniciativa de la “Nueva Ruta de la Seda” que prevé construir una gigantesca infraestructura de transporte a través de Eurasia, el Mar de China Meridional y el Océano Índico, están en gran parte alentados por la necesidad de ayudar a los productores de cemento, acero, barcos y equipo pesado a exportar su exceso de capacidad.

La naturaleza de megaproyectos de infraestructura de este tipo, añade el periódico, le permitiría a China conceder créditos a determinados países para construir obras de infraestructura –que se desarrollarían durante un largo período y abarcarían grandes territorios nacionales- que faciliten sus exportaciones dando salida a la sobrecapacidad. Efectivamente y como se señaló más arriba, China es víctima de un proceso de sobreacumulación de capitales. El origen del asunto se encuentra en que este país se convirtió en gran medida en destino de los capitales sobrantes norteamericanos, particularmente desde la entrada de China a la OMC desde 2001. De modo que la sobreacumulación de capitales en China hoy es en parte consecuencia de que el país devino un sector clave de desagote para una porción de la sobrecapacidad mundial durante la última década.

Zona de riesgo

Según el mencionado artículo de Financial Times, China habría estado tomando demasiado riesgo en préstamos establecidos mediante acuerdos bilaterales destinados a regiones inestables como África, América Latina y algunos países asiáticos. Algunos analistas señalan que el fin del superciclo de las materias primas y el bajo precio del petróleo pondrá en dificultades a varias de las economías que China apoyó más enérgicamente.

Destinatarios como Venezuela, Ecuador o Argentina, están sufriendo diversos grados de dificultad económica poniendo en duda su capacidad de pago. Pero hay cambios en el modelo de la diplomacia económica china que mostrarían que Pekín se estaría volviendo menos tolerante a los mayores riesgos. Algunas estimaciones señalan que los préstamos chinos a América Latina, relacionados con los gobiernos, totalizaron 119 mil millones de dólares desde 2005. Venezuela en particular habría recibido 56,3 mil millones de dólares y Beijín rechazó la súplica de Maduro solicitando un rescate a principios de 2014.

El enfriamiento de la relación de China con Venezuela provendría no sólo de la reducción de la capacidad de pago de Venezuela sino también del hecho de que el apetito voraz por petróleo y materias primas se está disipando a medida que la economía china se desacelera. China habría suspendido también proyectos de inversión en Ucrania –tras la caída de Yanukovich- y en algunos países de África. Según Financial Times, la política de China –que posee las mayores reservas de moneda extranjera del mundo, cercanas a los 4 billones de dólares- habría tomado nota del riesgo al que la exponen este tipo de acuerdos bilaterales, impulsándola a desarrollar la financiación a través de canales “institucionales” y multilaterales. Este giro estaría asociado también a un abandono del interés central por acceder a los recursos naturales y a la necesidad de abrir mercados de “ultramar” para las grandes empresas chinas.

Banco asiático

El recientemente lanzado Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII) así como el Banco de Desarrollo, constituyen síntomas de que China está intentando definir una política de exportación de capitales más agresiva, más “institucional” y de mayor gravitación internacional. La decisión del Reino Unido primero y luego de Alemania y Francia de convertirse en miembros fundadores del BAII, causó escozor en Estados Unidos que teme que el nuevo banco pueda devenir un rival potencial del Banco Mundial. The New York Times publicó que “El gobierno de Obama para su vergüenza, fue desairado por sus aliados occidentales que se unieron a un banco de desarrollo asiático encabezado por China, desafiando las súplicas de la Casa Blanca de que retrocedieran”.

Sin embargo y según el mismo diario, la decisión de las mayores economías de Europa prueba que, aún siendo fundadores junto a Estados Unidos del orden de la Segunda Posguerra, no pueden resistir los encantos de la segunda economía del mundo y mayor mercado de inversión y exportación. A decir verdad los temores The New York Times –que suenan bastante exagerados- están íntimamente ligados a una política de exigencia al Congreso norteamericano para que incremente el poder de voto de China en el FMI. China no obstante, se encuentra en una encrucijada.

Los índices de crecimiento decrecen, la sobreacumulación de capitales es un hecho y la burbuja inmobiliaria, una amenaza. El Banco asiático no es garantía –como es evidente- de la efectivización de planes de inversión faraónicos. Múltiples contradicciones y debilidadesasolan a la economía china y aún está por verse si será capaz de superar los elementos de crisis que la amenazan de modo tal que le permita desarrollar un plan de inversiones de “ultramar” en el camino de consolidar incipientes rasgos imperialistas.







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