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REBELIÓN EN CHILE

Chile: después del paro, la Mesa de Unidad Social se sienta a negociar con el Gobierno

Previo al llamado a “huelga general” convocada por la Mesa de Unidad Social para inicios de esta semana, el Gobierno de Piñera había invitado a los dirigentes a sentarse a negociar. Estos aceptaron, y el día de hoy se reunirá el bloque sindical con el Gobierno ¿Para qué el paro nacional? ¿Es momento de negociar con un Gobierno criminal?

Dauno Tótoro

Santiago

Jueves 28 de noviembre | 09:30

Luego de 40 días de movilizaciones el gobierno decidió sentarse a negociar con la Mesa de Unidad Social y la Mesa del Sector Público. Los dirigentes de estos espacios sociales y sindicales, militantes, principalmente, del Partido Comunista (PC), el Frente Amplio (FA) y el Partido Socialista (PS), decidieron aceptar la invitación.

“Es para presentar propuestas, no para una cocina” trató de aclarar Mario Aguilar, dirigente del Colegio de Profesores, tratando de explicar la decisión. Si bien la reunión se llevaría a cabo el miércoles, no se pudo concretar por problemas logísticos.

Al mismo tiempo, el mismo Mario Aguilar sostenía ante los medios, horas antes de la convocatoria a “huelga general”: “hay que seguir presionando a los que deciden, al gobierno y a la clase política, que ha creído que negociando entre ellos, esto va a tener una solución o un acallamiento de lo que se ha levantado. Ha quedado claro que no es así. A pesar de los acuerdos entre ellos, la gente no legitima eso y sigue el reclamo muy fuerte.”

Pero, ¿ese es el objetivo de la movilización y de las convocatorias de la Mesa de Unidad Social? ¿Mejores posiciones para negociar?

Esta estrategia solo llevará a nuevas frustraciones, en un viejo camino ya probado. El Gobierno se ha mostrado profundamente intransigente: solo ha ofrecido, con una mano, una agenda social absolutamente neoliberal y de migajas que llegan a ser humillantes, y con la otra, represión pura y dura, persecución política y crímenes contra quienes se movilizan. Ahora incluso amenazan con sacar nuevamente a los militares a las calles para “cuidar sectores estratégicos”.

¿Será este gobierno el que entregará soluciones realmente de fondo, o duraderas, para el pueblo trabajador? ¿Esas conquistas pueden depender de la capacidad negociadora de un puñado de dirigentes?

La derecha ya dejó en claro que no permitirá ningún cambio estructural. Hoy no es posible negociar con este gobierno criminal, que está por el piso, marcando mínimos históricos de aprobación, y que mantiene su insultante y soberbia intransigencia.
Hay fuerzas para mucho más, para que los muertos, torturados, mutilados y golpeados no sean en vano.

Esa fuerza está en la clase trabajadora, que poco a poco ha comenzado a entrar en escena. Lo vimos con potencialidad el 12 de noviembre, en la huelga general que mostró una potencia movilizadora enorme.

Pero, también, en el valiente paro de la salud, protagonizado por sus trabajadores de base, que llevan más de un mes luchando por una salud digna para todos y todas. O en la pelea de los recolectores de la basura de la Región Metropolitana. Incluso en los trabajadores del Metro de Santiago que se organizaron y se negaron a que los costos de la reparación de las estaciones cayeran sobre sus hombros.

Esos valiosos ejemplos, entre muchos otros, son un gran punto de apoyo para desplegar una fuerza mayor, para que se movilicen los trabajadores y trabajadoras de los sectores estratégicos de la economía como los mineros, forestales, salmoneros o del transporte público.

Para esto es necesario que se desarrolle un verdadero plan de lucha y movilización, que parta por la base de no sentarse a negociar con estos criminales, porque cualquier mesa de conversación con este gobierno entregará nada más que migajas a costa de debilitar al movimiento, facilitando que se aplaste la lucha con la represión, como hemos visto estos días en la población La Bonilla en Antofagasta, como ejemplo entre tantos otros.

Un plan de lucha para derrotar al Gobierno y su represión, y sobre esa base proponerse la conquista de las justas reivindicaciones que han estado sobre la palestra: acabar con los salarios y pensiones de hambre, terminar con las AFPs, conquistar un sistema de salud público, de calidad y digno para el pueblo trabajador, acabar con el maldito subcontrato y el trabajo precario, alcanzar un salario mínimo igual a la canasta básica familiar, entre tantas otras demandas que han motorizado la lucha en las calles por más de 40 días.

Hoy está en juego esa perspectiva, y los dirigentes sindicales de la Mesa de Unidad Social han decidido seguir un camino probado de desvíos y traiciones, un camino que incluso permitirá legitimar la brutal agenda represiva del Gobierno y de los partidos políticos tradicionales, donde personajes como Jaime Quintana, presidente de la Cámara del Senado, dijo que no se negaría a un nuevo Estado de Excepción, mientras se cocinan rápidamente leyes para criminalizar la protesta social en los salones del Parlamento.

Tenemos que ir por una vía alternativa, confiando en la fuerza de la clase trabajadora. Allí se alberga la posibilidad de que este movimiento avance y se desarrolle con una potencia no antes vista.







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