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Red Internacional

Cerca de 150 personas trabajaban en condiciones precarias, vivían hacinados y en pésimas condiciones, en campos de San Juan y Corrientes. Había niños y niñas de 11 años. Aumenta el trabajo infantil en pandemia.

Martes 16 de marzo | 10:35

Aunque la superexplotación laboral se esconde detrás de muchos alambrados, tranqueras y galpones es conocida, no deja de indignar cada caso que se conoce.

Esta semana se conocieron otros casos. Fue en el departamento Sarmiento de la provincia de San Juan. Según los inspectores, al ingresar a una finca de olivos, encontraron 25 personas en condiciones de trata laboral. Vivían en 3 habitaciones pequeñas, hacinadas, compartidas por familias enteras, que dormían en el suelo sobre colchonetas de goma espuma, sin cocina ni heladera. La “instalación sanitaria” consistía en un espacio con un inodoro y una ducha, sin luz, ni puerta de acceso.

Cuando pudieron hablar, los trabajadores contaron que tampoco tenían acceso a agua potable.

Las familias habían llegado desde Salta con la promesa de trabajar en la cosecha de aceitunas. Una vez en el lugar les sacaron la documentación y les cambiaron las condiciones laborales y salariales. Cuando dijeron que entonces se iban, los “cuadrilleros”, como se llama a quienes “reclutan” para los empresarios del campo, les dijeron que antes debían pagar la deuda contraída por el traslado.

Entre quienes habían llegado para trabajar había chicos y chicas de 11 años. Pero no fue el único caso. Según el dirigente de UATRE, José Voytenco, “se detectaron 140 trabajadores traídos desde el norte del país”.

Es que al caso de San Juan se le sumaba otro en Corrientes, donde trabajadores forestales llevados desde Misiones fueron encontrados en pésimas condiciones, sin cobrar desde el mes de enero y “muertos” de hambre.

Un rescate que no resuelve la creciente precarización rural

El operativo, en el que participaron policías, gendarmes, oficiales de justicia y personal del RENATRE (Registro Nacional de Trabajo Rural), tuvo una importante promoción. Se lo mostró como una confirmación de que “el Estado está presente en la lucha contra la trata laboral”.

Lo cierto es que el Estado, UATRE y los empresarios del campo (que participan del RENATRE), realizan su “operativo mensual” mientras hacen la vista gorda todos los días del año.

El hecho lo reconoció el propio jefe nacional del gremio, José Voytenco. “Estos trabajadores desempeñaban sus tareas en varios establecimientos, lo que significa que la responsabilidad de su situación no es sólo del cuadrillero. Aquí también le cabe responsabilidad a los productores, a las empresas y al propio gobierno provincial, quien debe ejercer en primera instancia el poder de policía de trabajo”.

No es que de pronto Voytenco se volvió combativo. Sucede que UATRE está sumergido en una crisis interna, con acusaciones judiciales y amenazas de desplazamiento. Primero la muerte del Momo Venegas y luego de Ramón Ayala hicieron implosionar las distintas camarillas del gremio.

El trabajo semiesclavo en el campo ha permanecido durante todos los gobiernos, que mantienen a cientos de miles de peones sin registrar, y tiene una decena de inspectores para millones de héctareas y miles de establecimientos.

El sindicato, lejos de impulsar las denuncias y la organización en los lugares de trabajo, las evita.

Pandemia y explotación infantil

Pero vale detenerse en un dato preocupante: había chicos de 11 años contratados para la cosecha. Es cierto que es algo que se acostumbra en muchos cultivos. Lo que es alarmante es que con la pandemia, que castigó a los trabajadores “informales” y las familias más pobres, son más los niños y niñas que tiene que salir a trabajar.

La Organización Internacional del Trabajo advirtió a fines de 2020 sobre el aumento del trabajo infantil en América Latina. Según la OIT unos 300 mil niños volverían a realizar tareas laborales por el impacto de la crisis. Antes de la llegada de la pandemia había 10,5 millones de niños, niñas y adolescentes en trabajo infantil.

Algunos estudios aseguran que un aumento de un punto porcentual del nivel de pobreza conlleva un aumento del 0,7%, o más, del trabajo infantil.

Otro reflejo de sobre quienes quieren descargar la crisis. Los empresarios del campo, y el capitalismo en general, arrancan a miles de pibes de sus casas, de las plazas y escuelas, para convertirlas en sus bestias de carga.




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