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Charlando con la serpiente: entrevista a Rocío Muñoz Vergara sobre su nuevo libro

La poeta Rocío Muñoz Vergara acaba de publicar, por Ediciones Danke, su segundo libro de poemas: Lengua de serpiente. La contratapa a cargo de Celia Fontán invita a la lectura entre la animalidad, la tradición literaria y las batallas dadas y por dar. Compartimos entrevista a la autora y, al final, un poema.

Sábado 16 de septiembre | 14:31

Vestida de rojo, su color preferido, Rocío Muñóz Vergara abre las puertas de su casa a La Izquierda Diario, para sumergirnos juntas en una charla con Lengua de serpiente, su último libro de poemas, editado recientemente por Danke.

En la sala donde Rocío desarrolla talleres y clínicas literarias, se pueden observar sus marcas de origen. De un lado, la bandera de la república española. Del otro, pegada en la pared, una escena de la obra teatral de Ramón del Valle – Inclán, Luces de bohemia, en la cuál el protagonista, un antihéroe quijotesco y poeta, Max Estrella, explica que la literatura, contra el realismo, es un “espejo deformante”, que se encuentra “en el fondo del vaso”. Sobre la mesa, una serpiente formada por pequeñas piezas de madera pintadas, incrustadas de modo tal que al tomarla la criatura se mueve, trae aires de selva y Quiroga.

Nacida en Sevilla en 1982, licenciada en Filología Hispánica y Profesora de Lengua y Literatura, Rocío armó las valijas una noche de 2006 para cruzar el atlántico. Con un interín en Capital Federal, Rocío vive desde entonces en Rosario, donde se dedica a la docencia y la gestión cultural. Dirigió junto a Maia Morosano la Editorial Calipso y ahora se encamina a poner en pie la editorial El Salmón, junto con su compañero de vida, el misionero Alberto Steinmann. Junto con él y otros dos compañeros de letras y noches, Rocío impulsa el ciclo literario “A cuatro voces”, los primeros jueves de cada mes en el bar OUI. Allí es donde se presentó, hace algunas semanas, el nuevo título con el que nos invita a sumergirnos en un mundo poblado por animales, voluptuosidad y excesos, atenta siempre a una mirada crítica y desgarradora sobre el mundo que nos rodea.

El libro comienza con una cita de un poema de D.H. Lawrence, que dice: Y alzó la cabeza, soñadoramente, / como alguien que está un poco borracho, / y balanceó su lengua bífida en el aire. ¿Por qué, de todas las referencias literarias a las serpientes, elegiste este poema para encabezar el libro?

Llegue a ese poema a partir de un libro de Derrida que se llama La bestia y el soberano. Yo estoy haciendo el doctorado, investigando el tema de la animalidad en Horacio Quiroga y en el seminario de Derrida aparece el poema entero de Lawrence, que se llama La serpiente, y me encanta porque tiene que ver con la hospitalidad. Habla de la serpiente como alguien que el yo poético considera un huésped. El yo poético se siente privilegiado de que la serpiente vaya a tomar agua de la fuente de su jardín. Le parece que es algo mágico y precioso tener a un habitante de otro reino, de un reino subterráneo, habitando su casa. Sin embargo, las voces de su educación le dicen que habría que matarla porque es venenosa, pero él se queda fascinado por esa figura. De ese poema, que yo pongo la cita pero si a la gente le gusta me encantaría que lo buscase y lo leyesen entero, elegí la parte que me parecía que mejor representaba el libro, porque aparece la lengua, aparece lo bífido, aparece la noche, aparece lo borracho, que también es importante para el libro, el exceso, la borrachera. Y el tema de la noche como algo doble y bueno quedo ahí esa imagen de la serpiente agitando su lengua bífida en el aire.

Para seguir con lo bífido, el poemario está divido en dos partes, sutilmente divido porque no es explícito. En realidad recién al final nos damos cuenta cuando vemos el caligrama que oficia de índice y vemos que hay unos primero doce poemas, más referidos a España y unos últimos doce poemas más referidos a Argentina. En el medio está el poema Partir es partirse, como el divisor de aguas.

Yo lo pensé como el palito de la lengua. “Partir es partirse” es como el palito desde el cuál salen las dos puntas de la lengua. Un lado de la lengua es la que está más relacionada con España y que está marcado por un poema que está dedicado a mi tierra natal, Sevilla. Y la segunda parte empieza con el poema Misiones, que también tiene relación con lo geográfico. Y Partir y partirse esta en el medio para marcar esa división.

Bien, pero más allá de que están divididos, también cada poema de una parte se hace espejo con un poema de la otra. ¿Es una propuesta de segunda lectura en “espejo”?

Si, claro. No lo marcamos tan explícito para que no sea condicionante en una primera lectura, por eso el caligrama está al final. Es una propuesta de una segunda lectura, más laberíntica.

El primer poema del libro y que abre la primera punta de la lengua de serpiente es “Mi arma”. Ahí aparece la referencia a Luces de bohemia y a Max Estrella y su concepción de la literatura como espejo deformante. ¿Crees que la poesía es eso?

Si, claro. Y también construye una realidad que es más real que la real. Lo que dice Max es que se puede acceder a lo real a través de un espejo que a la misma vez deforma lo real.

Sin embargo en tu poema la relación esta invertida. En Luces de bohemia lo que está en el fondo del vaso es el espejo deformante, y en tu poema es el yo poético el que está ahí (Yo siempre seré tu Max Estrella, desde el fondo del vaso). Y a la que se le pide el espejo deformante es a España, a Sevilla, a la que se le habla citando a Luis Cernuda y a los poemas dedicados a la España republicada de César Vallejo.

Si claro, es interesante esa interpretación. Hay que decir que está Vallejo pero detrás Vallejo está Cristo. Yo le hago intertexto a Vallejo pero Vallejo le hace intertexto a Cristo y Cristo es muy importante porque Sevilla es fuertemente católica y tiene mucha relación con toda la simbología, con toda la imaginería católica, más que con la práctica. Entonces en un momento dice “no apartes de mi este caliz”. Es una inversión de “España aparta de mi este cáliz” de Vallejo y a la vez de la petición que Cristo le hace al padre.

Acá decimos no lo apartes…

Claro, vivimos con eso. Por eso también la cita de Cernuda “Tierra nativa, más mía cuanto más lejana”. Cernuda es sevillano. Podría entenderse como un poema a España, pero es a Sevilla y se ve que eso no se percibe mucho en Argentina. En Sevilla se le dice mi arma a mi gente, que es mi alma pero como en Andalucía occidental se troca la l por r, entonces queda “mi arma”- Me encantaba la idea de que justamente eso convierte el alma en arma y bueno lo aproveché, cualquier español entiende la referencia de manera más directa.

El poema que le hace espejo a “Mi arma” es “Misiones”. Y ahí aparece la referencia otra tradición literaria que es la de Horacio Quiroga, que de hecho fue una de las cosas que motivó tu viaje a la Argentina.

Hoy en día Quiroga, para mí, no es solo un maestro sino un compañero de viaje, alguien con quien dialogo y convivo todo el tiempo, algo que me constituye de manera muy íntima. Algo que leo y releo desde hace un monto de años, y me acompaña muy fuertemente. La salvajidad y la desmesura de sus textos siempre me atravesó desde chica. Esta posibilidad de lo desgarrador, de la lluvia desgarradora, de la naturaleza. Leonor Fleming dice que Quiroga es la persecución de la aspereza, y Leonardo Garet dice que es un intérprete de la desmesura. Todo eso me seduce mucho y es lo que, de alguna manera, traté de contar en el poema Misiones, contra toda esta propuesta tan actual de lo suave, lo armónico, lo equilibrado, la naturaleza como un lugar de sosiego, los paisajes como lugar de recreación, de contemplación y de meditación con estas filosofías orientales mediante. A mí me interesa lo contrario. El desasosiego, lo infernal, lo áspero, lo desgarrador que puede incluso contra la idea de civilización y la desarma. A mí es lo que más me interesa de la naturaleza, lo exagerado, no lo que te coloca sino lo que te descoloca.

Otros dos poemas que se hacen espejo son “A tu salud, abuelo”, que está dedicado a tu abuelo que fue combatiente en el bando republicano en la guerra civil Española, y La mañana de los lápices, dedicado a Claudia Falcone, desaparecida durante la última dictadura militar en Argentina. Por mi parte, yo leí estos dos poemas espejados como una idea de continuidad entre estos grandes combates que se dieron a un lado y otro del atlántico. ¿Considerás importante que la literatura se pare desde este lugar, dialogando no solo con la tradición literaria sino también con las tradiciones de luchas?

Me parece fundamental y también es un elogio de la gente que uno entiende como sus héroes. Su gente que peleó y que dio sentido también a la vida actualmente. Son dos elegías, porque las dos personas están muertas pero en realidad no morirán nunca.
También pensé mucho en ese hecho que le sucedió a mi abuelo, que era “no poder estar del lado que él quería”. Porque en España cuando el ejército fascista ocupó Sevilla obligó a todos los hombres a alistarse. Y mi abuelo termina desertando porque era trotskista, era republicano. Y eso de no poder estar del lado que uno quería, lo pensé mucho también en el poema de Claudia. Ella murió, pero hizo cosas en su corta vida que en mi vida, que ya es el doble que la de ella, yo no hice. A la edad que ella murió yo en España no encontré la posibilidad de hacer eso.

En esos años en España había más bien una transición pacífica que mantuvo la impunidad del franquismo…

Si y que la sigue manteniendo.

Ya que estos dos poemas nos remiten directamente a la actualidad, donde vemos que suceden atrocidades como la desaparición de Santiago Maldonado, ¿qué crees que podemos sacar de estas elegías a “nuestros héroes”, que podemos recuperar de los que combatieron en el pasado?

Creo que tenemos que seguir peleando y resistiendo y no considerar que lo que hacemos no vale o que lo que hacemos no sirve, sino todo lo contrario. Tenemos que seguir empoderándonos cada vez más, armando discurso, ideología, arte, considerando que el arte es algo que moviliza y puede cambiar el mundo y que puede estar también al servicio del mundo en el que creemos. Esto se hace estando juntos, festejando lo artístico. La palaba artística es una forma de estar unidos contra estas barbaridades que están ocurriendo.

En el poema Performance, donde un yo poético relata una performance en vivo y se arenga a sí misma, decis “Hazles mal, que para hacerles bien ya están todos los best Sellers del mundo”. ¿Qué es para vos una literatura que haga mal?

Ahí en el poema hay una cuestión explícita, porque dice clávales cosas, clávales tus esquirlas. Lo que pasa que es un poema muy contradictorio, porque justamente la personaja del poema, después de decir todo esto, se angustia y se queda en blanco y no sabe bien cómo responder ante su propia arenga. Esa arenga a ella misma la incomoda y justamente ella se baja del escenario y se cae.

Le hace mal también al que hace la literatura…

Claro, también. También. Es lo que estoy tratando de pensar, no yo solamente sino mucha gente. En realidad, una literatura que haga mal es una literatura que descoloca, que desnaturaliza. Una literatura que no repita lo concebido, lo consabido, lo consensuado, que no se limite a repetirlo de otra manera. El Best Seller clásico agarra lo que está en el status quo, agarra lo que está en el imaginario colectivo más estandarizado, más homogeneizado y lo hace relato. La novela histórica típica del Best seller habla de los grandes clichés de la historia según un discurso hegemónico y lo relata. Yo estoy convencida de que eso no puede generar sensación artística, a nadie, que eso genera entretenimiento, pasar el rato. Pero estoy completamente convencida que es imposible que eso genere sensación artística. Esa sensación de incomodidad y a la vez de plenitud que supone la experiencia artística. Y me da muchísima rabia que haya gente que tenga los Best Sellers en medio de la posibilidad de acceder a otra cosa, posibilidad que la tenemos todos; porque es una característica de lo humano poder disfrutar, ser receptor de lo artístico. Pero los best sellers hacen otra cosa, le hacen bien, generan tranquilidad, todo está más o menos ordenado, todo es más o menos como creían que era antes de empezar a leer. Y a la vez cuentan cosas sobre la historia, pequeños datos y entonces además de entretenerse uno se culturiza. Es como todo completito. Un poco más de cultura y ya está. Y estamos todos lo más tranquilos con esos autos que traquetean y todas esas palabras que están completamente por fuera de la manera en la que se dicen las cosas, completamente atemporales, sin marcas dialectales ni temporales.

“Arte táctil” es el poema que le hace espejo de a “Performance”. Ahí vos planteas una interpelación a los artistas contemporáneos para organizar una exposición táctil, un Aleph táctil, lo llamás vos, en un fuerte homenaje a Borges, otro obsesionado con los espejos. Incluso hay un homenaje numérico que podrías comentarnos

Claro. Piglia descubre que Borges tiene dice cincuenta veces la palabra “vi” en el Aleph. Y son cincuenta porque es sin-cuenta. Lo que no se puede contar. En el poema Arte táctil yo tengo veinticinco “toqué”, que es la mitad de lo que pone Borges.

¿Y qué peso tiene Borges en tu literatura?

Que pregunta complicada. Es alguien con quien según e día pienso y contra-pienso. Alguien dijo alguna vez, no recuerdo quien, que pensar es pensar contra. Uno puede generar literatura contra. En este caso contra la visión aristocrática y minoritaria de lo literario planteada por Borges, de división, de escribir solo para un pequeño grupo de intelectuales. Pero eso no desmerece su literatura. De hecho, trascendió ese pequeño grupo por completo y hoy es uno de los autores mundialmente más conocidos, no sé hasta que punto realmente leído, pero si muy reconocido.

Incluso llega a partir de otros autores influenciados por él aun desde posiciones políticas contrapuestas.

Claro porque no podemos dejar de citarlo o de homenajearlo porque fue extremadamente incluyente en la literatura universal y en la literatura argentina. O sea, vos pensás con Borges o contra Borges pero Borges siempre está ahí, en tu texto. No puede no estar, es demasiado importante, demasiado fundamental su trabajo con lo literario, demasiado inquietante como para que no esté. Tiene que estar, de una forma u otra. Es como vos decís, en lengua de serpiente está en el tema de los espejos por ejemplo, en el tema del laberinto también, ya que hay un intento que en un punto el libro se vuelva un laberinto. Y son fascinaciones muy fuertes las que Borges puso en primer plano.

En Arte táctil también hay una suerte de exigencia a que el mundo del arte dé cuenta del tacto y de los ciegos.

Bueno yo soy ciega entonces esto es difícil de defender. Pero yo no estoy pensando específicamente en los ciegos. Yo estoy pensando en lo fundamental que es el tacto para todos los seres humanos. Porque la piel es el sentido fundamental que tenemos. La vida se siente a partir del tacto. Sentirse vivo tiene que ver con el tacto, con el aire que entra por los pulmones, eso lo percibe el sentido del tacto, es algo completamente fundamental, es el sentido que más nos rodea, el que nos hace sentirnos parados cuando estamos de pie, cuando estamos parados, cuando estamos desnudos. Es el sentido con el que más nos vinculamos y sin embargo ha sido fuertemente perseguido a lo largo de la historia, por lujurioso, por relacionarse con lo sexual, y porque el tacto implica estar más juntos, tomarse de la mano, apretarse.

Va un poco en contra de la idea de museo, donde se puede ver pero no tocar…

Pero también podría tocarse tranquilamente. Va en contra de la idea de museo tal como está pensado ahora ¿por qué no pensarlo de otra manera? Y, por ejemplo, sexualmente el sentido que más se disfruta es el tacto y sin embargo, cuando se ponen los artistas a pensar posibilidades artísticas el tacto suele ser el sentido más olvidado. ¿Por qué? O sea, no creo que haga alta ser ciego para disfrutar de lo suave, de lo áspero. Por eso intente que las imágenes que aparecen en el poema fueran disfrutables, quizá más para mí que carezco de la vista, pero no solo para una persona ciega. El hecho de que un pincel te haga cosquillas ¿hay que ser ciego para disfrutarlo? O el hecho de tocar cactus con globos juntos ¿cómo hacer para que no se pinchen los globos? Sentir cómo cambian las texturas dentro del agua… Todas esas cosas son experiencias que son importantes para cualquier persona por más que vea. Y a pesar de ser importantes no las veo fuertemente desarrolladas en el arte, siempre está supeditado a lo audiovisual. Ahora, se está defendiendo mucho el arte culinario, que es el arte de los aromas, de los sabores, pero ¿y el tacto? Es como el gran olvidado de los sentidos en términos de arte y esto es una cuestión histórica y política, porque no tiene otra explicación. Y mirá, que todo el mundo inmediatamente relacione el taco con los ciegos: ¿pero los demás qué? ¿no tocan? O me han dicho: esta exposición estaría bueno hacerla con los ojos cerrados ¿pero realmente uno necesita cerrar los ojos para poder tocar el mundo? ¿tan anquilosado va a estar el sentido del tacto?

Tan alienado…

Claro, ¿tan alienado va a estar el sentido del tacto como para que haya que prescindir de otro sentido para poder disfrutarlo? Como si la gente dijera “para escuchar música hay que cerrar los ojos”. Bueno, puede ser, pero no pasa para nada que la gente vaya por la vida escuchando música con los ojos cerrados, o que diga “voy a cerrar los ojos para disfrutar de este perfume”. Y bueno, yo trate de defender un poco eso. Hubiera estado mejor que lo escriba una persona que no fuera ciega.

No, pero está bueno que ante la pregunta se explicite eso que es muy importante… Vos además de ser escritora das talleres y clínicas literarias. Y organizas un ciclo literario. ¿Considerás que hay un mayor interés por la literatura que en otros momentos? Me refiero que se ven muchos jóvenes escribiendo o yendo a lecturas, hay una movida importante.

Yo creo que si y me siento muy afortunada de compartir este momento actual en términos artísticos. Hay posiciones y posibilidades literarias todo el tiempo, convocatorias a escuchar autores, a escribir, a leer, a leerles. Los jóvenes están leyendo y escribiendo mucho.

¿A que lo atribuís?

Creo que actualmente la coyuntura política amerita y habilita este despliegue de posibilidades artísticas todo el tiempo. Siempre ha pasado en los periodos difíciles políticamente. No quiero decir que en los periodos oscuros el arte sale beneficiado porque no es así. Pero si se ha enriquecido, se ha posicionado muy fuertemente, si se ha acrecentado, se ha considerado más valioso, más fundamental o la gente se ha aferrado muy fuertemente a lo artístico para sobrevivir. En Rosario también tiene que ver con un trabajo que mucha gente viene haciendo desde hace muchos años. Hay muchos bares, más que en Capital. Hace mucho tiempo que hay gente peleando por sacar la literatura de los ámbitos más solemnes, más académicos y llevarla a las calles, a los bares, a las fiestas. Y eso de alguna manera ha ido creciendo, aparecimos nuevas generaciones que tomamos ese legado y lo hemos ido multiplicando y la sinergia se va haciendo más fuerte.

¿Querés agregar algo más?

No, simplemente agradecer al diario y a vos por la entrevista.

ARTE TÁCTIL, por Rocío Muñoz Vergara.

Imaginé una exposición de arte táctil.
Me imaginé en ella
y toqué.

Toqué cuadros de lija y seda, de fieltro y velcro, de cartón y celofán.
Toqué una casa de gomaespuma tibia.
Toqué algo que era frío y al mismo tiempo ardía.
Toqué un huso y me pinché, pero no me dormí, seguí adelante.
Toqué y atravesé cortinajes de diferentes telas y espesores.
Toqué una pileta llena de jugo de limón.
Toqué adentro peluches, animales nadando, papeles deshaciéndose.
Toqué afuera la luz.
Toqué un balde lleno de uñas.
Toqué en las paredes caligramas en braille.
Toqué reproducciones sintéticas de almohadillas de gatos.
Toqué una nube blanda.
Toqué un baño de espuma.
Toqué una escultura de sal y azúcar.
Toqué un circuito de cactus y globos.
Toqué una colección de gomas de borrar.
Toqué una red en una enredadera.
Toqué columnas que hacían olas y me deslizaban.
Toqué pinceles que hacían cosquillas y me perseguían.
Toqué una gruta de roca, de musgo, de algodón, de cristal.
Toqué tu cara.
Toqué un castillo de arena en el desierto.
Toqué estatuillas kitsch de alambre y plástico
rodeando un busto clásico de mármol y alabastro.
Toqué seguro muchas cosas más.
No puedo describirlas
porque tampoco alcanzo a recordarlas.
No soy artista plástica
pero quiero,
quiero esta exposición,
la reivindico.
Hagan una colecta para subvencionarla.
Depositen ahí sus buenas intenciones.
Hagan esta exposición
y llámenla "Aleph táctil".
A Borges también le gustaría.
Los artistas, los políticos culturales, los curadores de arte, los creativos,
hagan esta exposición,
construyan este Aleph,
dejen tocar al tacto,
permítanle a la piel impresionarse.








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