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Red Internacional

A 5 años del primer #NiUnaMenos, desde La Izquierda Diario entrevistamos a Rosalía, la mujer condenada a 8 años de prisión por un fallo marcado por la misoginia y la condición de clase

El 19 de febrero de este año, en Bahía Blanca el Tribunal Criminal Nº 3 dictó sentencia sobre un hecho ocurrido en el año 2005, cuando en Argerich, partido de Villarino, pueblo cercano a Bahía Blanca, Rosalía, pobre, trabajadora y madre sola de 4 hijes, parió en soledad en el baño de su humilde casa. Se descompensó, se desmayó y permaneció inconsciente durante horas. Cuando despertó pudo ver que su bebé había fallecido.
Rosalía está presa desde mayo del 2019 y el vergonzoso fallo la condena a 8 años de prisión por "homicidio calificado por el vínculo mediando circunstancias de atenuación”.
Un caso donde se conjugan dos caras del capitalismo patriarcal: la opresión de género y la precarización laboral.
Hoy, cumple su condena en prisión domiciliaria debido a ser factor de riesgo frente a la pandemia del Covid 19, un fallo que se dio gracias al trabajo de su abogada defensora Fabiana Vaninni y a la presión del movimiento de mujeres.
A 5 años del primer #NiUnaMenos, desde La Izquierda Diario entrevistamos a Rosalía, quien nos contó lo siguiente:

¿Cómo era tu vida antes de lo que ocurrió aquella noche?
Mi vida antes de ocurrir, lo que desgraciadamente me pasó, tenía una vida normal, trabajaba muchas horas, estaba con mis hijas, vivíamos solas... alquilábamos. Una vida normal, feliz porque tenía trabajo, tenía para darles de comer a mis hijas. Si, lo que si no estaba nunca en mi casa, mis hijas se quedaron mucho con la ayuda de mi hermano mayor porque yo trabajaba todo el día. Eran muchas horas de trabajo, hacía a veces 12, 14 hasta 15 horas de trabajo. Entraba a las 3, casi 4 de la madrugada y salía 22:30, 23:00 y a veces a las 21:30 de la noche. Muchas horas, todo el día afuera de mi casa, pero siempre comunicada con mi hermano a través del celular.

¿Dónde trabajabas y en qué condiciones?
Bueno, trabajaba en ese entonces en la gleba, perteneciente a la Universidad de Bahía Blanca en Argerich, partido de Villarino. Ahí hacía prácticamente 7 años trabajando en ese frigorífico… mucho tiempo estuve trabajando como operaria y después, ya cuando pasó el tiempo trabajé, no sé si 8 o 9 meses de encargada de dirigir al operario.. igual siempre trabajé de operario, siempre ayudé.. faenábamos, envasábamos y después preparábamos el pollo, como era un pollo grado A, sin plumas sin nada los trozábamos, deshuesábamos, empaquetábamos y se guardaba en cámara y después se mandaba todo a la cooperativa. Ese era mi rol que cumplía en la gleba.
En unas condiciones… yo en ese momento no la vi tan así, porque bueno mi necesidad era trabajar, no importaban las horas, no me importaba nada. Lo único que me importaba era que a mis hijas les pudiera llevar el pan de cada día, alimentarlas.Porque lamentablemente con mis 4 hijos yo no tenía la ayuda de nadie digamos, ni del papá de ninguna de mis hijas ni de nadie. Así que me las tuve que rebuscar esforzándome, de muchas horas de trabajo,de mucho mal alimentada porque imaginate que ahí en la gleba nos teníamos que pagar la comida nosotros, así que cuando podíamos, cuando cobrábamos comprábamos un poco de fiambre, sino hacíamos mate todo el día a la hora de descanso... sino también lo que hacíamos eran los menuditos de pollo a la parrilla ahí nomás.
Y bueno, así, esas fueron mis condiciones de.. no teníamos derecho a nada y éramos monotributistas, no teníamos obra social, no teníamos horas al 50, no teníamos horas al 100, sólo cobrábamos un sueldo básico, en negro. Pero bueno por lo contrario yo estaba muy contenta porque al menos tenía trabajo y para llevarle el pan de cada día a mis hijas.

¿Cómo pensás que el Estado y sus instituciones tratan a mujeres que sufren esas mismas condiciones de vida?
Pienso que el Estado, yo hablo por mi caso, ustedes sabrán, pero también por otros casos, no toma en cuenta la forma en la que uno trabajaba, en una esclavitud. No toma en cuenta la posición en la que uno estaba, no toma en cuenta muchas cosas, pero bueno, fue en el 2005 quizás no estaban las cosas tal como están ahora. Hay muchos grupos, muchos en contra del femicidio y la violencia de género.El Estado lamentablemente te deja muy sola y muy de lado... las mujeres que realmente trabajamos y nos sacrificamos, hoy por hoy nos tocó, me tocó, pasar esta desgracia… pero bueno, así estamos.

¿Luego de lo ocurrido qué sensaciones/sentimientos tuviste? ¿A quién pediste ayuda?
Tuve una sensación desgarradora, muy triste, donde me invadía mucho la tristeza de lo que me pasó, de cómo no reaccioné, de por qué justo en ese momento me desmayé, de por qué no pude asistir a mi hija, mi bebé y bueno... demás cosas. Estaba muy triste, lloraba mucho,me hizo muy mal. Como que me digo “todo lo que luché por mis hijas, hoy lo estoy tirando a la basura”, pero bueno, fue un momento que me tocó pasar sin poder yo reaccionar. Le pedí ayuda a la psicóloga porque lloraba mucho, estaba muy triste, no quería comer. Pero mis hijas siempre me dieron las fuerzas, mis hijas que hoy son grandes siempre me dieron las fuerzas “mamá te necesitamos” y después, eso me llevó mucho a salir adelante.

¿Cómo crees que actuó la justicia en aquel momento?
La justicia en aquel momento mal. En un momento, yo me fui porque le dijeron a mi hermana que me iban a dar cadena perpetua. Yo en ese tiempo tenía a mis hijas Vanesa de 13 años, Mayra de 8 y Belén de 7 meses y Braian de 4 años. Yo no quería estar sin mis hijos si yo era la mamá y el papá para ellos, yo era el sostén, era la cabecera de mis hijos y no lo podía permitir que me los sacaran. Y me llegó la perpetua, quien los iba a cuidar, los iba a dejar muy desamparados. Y bueno, eso hizo que tomara esa decisión de irme, alzar a mis 4 hijos, ya que la justicia me quería condenar… irme con mis 4 hijos, irme de Bahía Blanca que fue ahí donde me fui a Zárate. Donde una familia me dio lugar y le comenté mi caso y con el tiempo comencé a trabajar. Tenía miedo, vivía atormentada, no podía ver un patrullero porque me escondía, no estaba tranquila. Eso fue mucho tiempo, pero igual tuve que salir a trabajar para darle asistencia a mis hijos, de a poquito fui tomando coraje saliendo. Fui haciendo una vida normal, pasó el tiempo… fui mamá otra vez, trabajé hasta que en el 2019 viajé a Buenos Aires y me agarró la cámara facial. Pero desde ese entonces pasaron 13 años, donde hice una vida normal.

¿Y ahora?
Y ahora la justicia está más accesible y más si tenés mucho apoyo. Yo la verdad hoy por hoy, digo que sí está bien, fueron 8 años los que me dieron, pero lo que en ese entonces me quería dar lo acepté. No sé si lo acepté o al menos era lo que me querían dar. Y ahora sí, la justicia está más accesible.

¿Cómo te vinculaste con Fabiana y el grupo de abogadas que hoy te defienden?
Con mi defensora, la doctora Fabiana Vanini, mi vínculo es de agradecimiento, mi vínculo es todo. Todo lo que ella me dice es que me va a llamar la abogada, me van a llamar de violencia de género y yo nunca le digo que no, le digo que sí a todo lo que sea para ayudarme en mi causa. La verdad que tengo un vínculo sin palabras hacia la doctora, puso todo lo mejor de ella, estoy agradecida de la vida con ella. Y con el grupo de abogadas también, hoy me siento muy acompañada, mucha contención, lo mejor quiero para que todo se aclare de una vez por todas.

¿Sentiste el apoyo del movimiento de mujeres?
Sí, sentí el movimiento de mujeres, agradecida por las mujeres feministas, la abuela de plaza de mayo, la verdad sin palabras. Desde que tuve la unidad hasta hoy, me siento protegida, siento que me dan mucha fuerza para seguir adelante, todo lo que sea para ayudar a mi causa estoy dispuesta. Siempre se los digo a ellas, tanto a mi abogada, a las mujeres hicieron las marchas cuando fui al juicio, no me lo esperaba.
Hoy por hoy, estoy en mi casa y veo los videos, todo lo que se hizo, la verdad sin palabras, me siento más que acompañado. Siento como que ellas me ayudaron a mirar un poco hacia adelante, mucho más y a darme mucha fuerza por todo lo que pasé y lo que estoy pasando.

¿Cómo es tu vida hoy en prisión domiciliaria?
Hoy mi vida con prisión domiciliaria ha cambiado porque antes de que me detengan tenía un trabajo, toda la vida trabajé, más allá de que tengo marido, siempre sigo siendo trabajadora. Porque a pesar de que tengo a mis hijas grandes, hoy tengo mi hijo de 18 y la nena de 9 años. No me puedo quejar, hoy en día tengo el apoyo del papá de ella y les doy a mis demás hijos lo que mucho no les pude dar. Entonces, hoy sí les puedo dar, entonces me siento bien, pero bien y mal porque tengo que estar en mi domicilio más allá de que todos los días hablo con ella. Pero mi vida estaba acostumbrada a otra forma de ganarse el pan día a día, a salir adelante, a ayudar a cada una de mis hijas que son grandes, pero bueno,me siento bien.
Con esta prisión domiciliaria, con el apoyo de mi familia incondicional puse un microemprendimiento donde hago milanesas, hamburguesas, como siempre trabajé de cocina. Y bueno gracias a dios me va bien, por lo menos, tengo para todos los días. Algo tuve que hacer, así que en lo posible, sobretodo estoy tranquila, que es lo más importante.

¿Cómo sigue tu caso?
Mi caso sigue avanzando gracias a dios, gracias al apoyo incondicional de todas las mujeres de todos los grupos, muy enfocada en mi doctora Vanini también. Ojalá que siga avanzando para que todo se resuelva de una buena vez e irme a mi pago, a Zárate, donde allá tengo a mis hijas más grandes… y se resuelva de una vez por todas y estar con mis nietos, que tanto anhelo y amo y estar con mis hijas mayores. Sólo voy a confiar y pensar que todo va a salir bien, que lo que se me juzgó a mi, ojalá que nunca a nadie le pase porque es un dolor que llevás para toda la vida. Voy a dejar todo en manos de dios y que salga todo a la luz.

Este 3 de junio volvemos a tomar las calles, con distanciamiento social y todas las medidas de seguridad e higiene, donde una de las consignas principales será la exigencia de ¡libertad y absolución para Rosalía!


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