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¿DÓNDE ESTÁ SANTIAGO?

Caso Maldonado: gendarmes, pericias y una “guardia” que no cierra

A 57 días de la desaparición del joven, las pericias realizadas sobre los teléfonos de los gendarmes plantean varios interrogantes que el nuevo juez debería intentar resolver en busca de la verdad.

Miércoles 27 de septiembre | Edición del día

Mientras se espera que el juez federal de Rawson Gustavo Lleral realice sus primeras acciones en la investigación sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado, varios son los interrogantes que se abren a partir de los peritajes realizados sobre los teléfonos de los gendarmes que participaron de la violenta represión del 1° de agosto en el territorio de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen.

Entre ellos, surge una pregunta importante: ¿qué sucedió entre el momento en que una docena de gendarmes subió de la vera del Río Chubut, donde se vio por última vez a Santiago, y su regreso a los escuadrones? Según los relatos de algunos de ellos, pasado el mediodía se comenzó con el secuestro de materiales y la redacción de actas sobre el “procedimiento” realizado.

A las 18 de ese día, aproximadamente, terminaban de retirarse del territorio mapuche los efectivos y los vehículos. Según consta en la foja 163 del expediente, de los 14 vehículos que usó Gendarmería Nacional ese 1° de agosto (foja 16), sólo 5 “participaron e ingresaron al Lof Cushamen”: dos camionetas Ford Ranger (OLW 237 y OVI 549) pertenecientes al Escuadrón 36 de Esquel y dos camionetas Volkswagen Amarok (AB140DD y AB234KT) más un camión marca Iveco, modelo Eurocargo (GSR 401), pertenencias del Escuadrón 35 de El Bolsón.

A esa hora la comunidad y el defensor oficial Fernando Machado ya denunciaban que faltaba un integrante del grupo. Era Santiago. Machado lo indicó en el acta que utilizó para iniciar la búsqueda. Desde ese momento, los miembros de la Lof en Resistencia, junto a amigos y organismos de derechos humanos, comenzaron su recorrido por comisarías y escuadrones en búsqueda del “Brujo”. Como relató la semana pasada una de las testigos mapuches: “En esa recorrida, con la respuesta que nos daban, me dí cuenta que algo había pasado”.

Pero ¿qué hicieron desde que se retiraron de la Lof hasta el reingreso a sus escuadrones, el 35 de El Bolsón y el 36 de Esquel, los hombres que habían participado de la represión?

Según figura en el “diario de guardia” del Escuadrón 35 de El Bolsón, cuya transcripción está incorporada al expediente en sus fojas 1171/1172/1773 como resultado de la pericia realizada por la Dirección de Inteligencia Criminal de la Policía Federal a un teléfono Samsung modelo GT-I8550L del cual no figura ni el abonado ni el propietario, los reingresos del personal que actuó en el operativo comienzan a las 18 horas. Pero finalizan a las 5.30 AM del día siguiente.

Una lectura detallada de ese material, que al parecer no le interesó realizar ni al recusado juez Guido Otranto ni a la fiscal Silvina Ávila (que sigue al frente de la causa), obliga a realizarse varios interrogantes cuyas respuestas podrían brindar nuevos elementos de prueba.

Veamos...

Fabián Méndez, jefe del Escuadrón, al igual que el subalférez Emanuel Echazú retornaron a las 5.30 AM, como lo denunció este martes el periodista Sebastián Premici en Página|12. Méndez lo hizo junto al alférez Daniel Gómez y la suboficial Marianela Roldán en la camioneta Amarok con patente AB140DB conducida por el sargento primero Hugo Díaz. Vale recordar que ese vehículo fue uno de los que ingresó a la Lof. Echazú en cambio retornó en uno de los vehículos que no ingresó al territorio mapuche: el Unimog U400, dominio KGS799, conducido por el suboficial Alegre, junto a 14 de los uniformados que fueron parte del “operativo”. Entre ellos el gendarme Neri Robledo, quien reconoció haber herido con una piedra a uno de los integrantes de la Lof.

¿Qué hicieron estos uniformados durante casi 12 horas? ¿Por qué Echazú, que había sido herido “brutalmente” según la fuerza, redactó el acta, se mantuvo en la guardia y regresó a las 5:30 horas del día posterior?.

¿Qué hizo durante todas esas horas el comandante Méndez? Había partido rumbo al corte de ruta el lunes 31 a bordo de la camioneta Amarok conducida por el sargento Sergio Sartirana, conocido por un audio en su teléfono donde otro gendarme le cuenta “dijo que el que tenía a Maldonado en la camioneta era la sargento Sartirana”. Luego se alejó de la zona varias horas durante el día 1°, para regresar finalmente al escuadrón a las 5:30 del día 2 en otro vehículo.

El “operativo” realizado por Gendarmería, bajo la atenta mirada de Pablo Noceti que estuvo presente en la zona, finalizó cerca de las 18 según consignan diversos testigos, incluidos los uniformados.

Si ya había cesado el “delito”: ¿cuál era el motivo de su presencia en la zona, desde el puesto de Leleque hasta la bifurcación de la ruta 40 y 40 vieja?, ¿cuáles fueron los movimientos de los vehículos en esas horas? No sólo de los que se detallan aquí y en el “diario de guardia” del “35 de El Bolsón”, sino también de los aportados por el Escuadrón 36 de Esquel, como las dos Ford Ranger que ingresaron junto a los gendarmes al territorio mapuche o la ambulancia Peugeot Boxer con dominio DPP565. ¿Qué sucedió en esas horas en la subcomisaría de Leleque, la estancia Benetton y los escuadrones?

Un cruce de llamadas y de geolocalización de los teléfonos de los gendarmes que actuaron desde el mediodía del 1° hasta la madrugada del 2 podría ayudar a determinar sus comunicaciones, pero también sus movimientos y el de los vehículos, ya que casualmente no tienen GPS. También nuevas declaraciones de los gendarmes, que por lo que trascendió se concentraron en lo que ocurrió entre las 11 y la media tarde del 1°. O, quizás más importante: ¿qué comunicaciones tuvo el viceministro de Seguridad Pablo Noceti en esas horas y los días siguientes?

Lo cierto es que la zona de Leleque estuvo militarizada hasta varios días después de la desaparición de Santiago. ¿Por qué se mantuvo a la Gendarmería en la zona, cuando ya había sido librado el primer habeas corpus y la fuerza estaba ya sindicado como la responsables de los hechos?

Los organismos de derechos humanos denunciaron esa presencia intimidante planteando que acrecentaba el “clima de terror” que viven cotidianamente los miembros de la comunidad. Pero que además, desde allí se podía operar para borrar, adulterar o eliminar pruebas.

Muchas preguntas que el nuevo juez debería intentar resolver. Ya hace 57 días que no tenemos a Santiago.






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