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Red Internacional

Conocida como “H”, la mujer reprodujo el relato policial según el cuál el joven de Pedro Luro (desaparecido en abril de 2020 tras ser detenido en la ruta) habría llegado hasta el cangrejal de Bahía Blanca donde, 107 días después, se halló su cuerpo. Al borde de un procesamiento por falso testimonio, ahora se perita su agenda personal. El lunes Cristina Castro participará de una audiencia pública en la Cámara de Diputados.

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Viernes 4 de noviembre | 12:03

Pese al paso del tiempo y a las mil y una maniobras del Poder Judicial y del gobierno de Axel Kicillof, particularmente a través «del» Ministerio de Seguridad que conduce Sergio Berni, la causa por la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Astudillo Castro sigue abierta y sumando pruebas y testimonios.

Como detalló La Izquierda Diario en un informe especial al cumplirse dos años de la desaparición, en los últimos meses declararon varios testigos en la causa. Esos testimonios fueron solicitados, en su mayoría, por la familia Castro (a través de sus abogados Leandro Aparicio y Luciano Peretto) y por la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), ambas en su calidad de querellantes.

Una de las declaraciones más esperadas durante largo tiempo era la de la productora rural E.R. (debe preservarse su identidad por ser -inentendiblemente- testigo reservada), a quien Sergio Berni y la Policía bautizaron “H” (inicial de su segundo nombre). Se trata de la persona que aseguró haber trasladado la tarde del 30 de abril de 2020 a Facundo desde la localidad de Teniente Origone (partido de Villarino) hasta las puertas de Bahía Blanca.

Se trata de un relato indispensable para hacer encajar la coartada policial y “alejar” lo máximo posible al joven de la escena en la que, se presume, fue detenido y asesinado por miembros de la fuerza represiva bonaerense.

Ante la insistencia de las querellas por más de un año, en febrero último E.R. fue llamada a declarar en la causa que se tramita en el Juzgado Federal 1 de Bahía Blanca, a cargo de Walter López da Silva. Pero no asistió. Volvieron a notificarla y le pusieron nueva fecha. Tampoco fue. Recién se dignó a concurrir el 16 de mayo. Se ve que necesitaba tiempo para coordinar con policías y funcionarios qué decir y qué callar.

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Falso testimonio

Cuando a mediados de julio de 2020 E.R. declaró por primera vez en la causa, dijo que durante esos meses había viajado varias veces a Bahía Blanca para atenderse en el Instituto de Rehabilitación Integral (IREL, ex Instituto de Rehabilitación del Lisiado). Uno de esos viajes, el jueves 30 de abril, es en el que según ella levantó a Facundo en la ruta a la altura de Origone.

Pero luego se comprobó que ese centro privado de salud no abrió sus puertas durante los largos meses de cuarentena por la pandemia de coronavirus, ni siquiera para pacientes “exclusivos” como ella.

Cuando declaró en mayo último (audiencia a la que concurrió con una abogada que insistió en estar presente, lo que finalmente no ocurrió), desde las querellas le preguntaron si ratificaba su relato original. Y le pusieron como ejemplo de sus tergiversaciones las imposibles idas al instituto de rehabilitación. “Sí, es cierto, no fui a IREL, mentí”, respondió sin inmutarse. “¿Y a dónde fue entonces?”, le repreguntaron los abogados. “A ver a una persona, pero no voy a decir a quién”, manifestó de forma provocadora.

Tras una sucesión de preguntas no respondidas (aunque declaraba bajo juramento de decir verdad), la Fiscalía debió explicarle a la mujer que estaba incurriendo en la figura procesal de testigo reticente, encuadrada en el delito de falso testimonio , que en casos como éste la ley castiga con penas de hasta cuatro años de cárcel. Pese a la advertencia, la señora siguió eludiendo preguntas.

La agenda

La mujer había acordado con la abogada que la acompañaba (probablemente enviada por el Ministerio de Seguridad) negarse a entregar su agenda personal, una evidencia clave ya que allí figuran anotaciones (y tachaduras) de interés para la causa. Ante el pedido de los abogados de Cristina Castro para que lo hiciera, dijo que no lo haría.

Las querellas pidieron entonces formalmente al juez que ordene a E.R. entregar esa evidencia. Pero ella sólo envió por e-mail dos imágenes de fotocopias de sus anotaciones de los días analizados. Allí resaltan varias tachaduras alrededor del nombre “Alberto”.

Un elemento clave es determinar si “Alberto” es el teniente González, quien dijo haber tenido el último contacto con Facundo en la ruta, antes de dejarlo ir y ver que era “levantado” por una camioneta, y a quien la testigo asegura no conocer. Para las querellas es muy importante que se perite la agenda a fin de analizar ése y otros datos.

López da Silva se tomó su tiempo para atender el pedido de la familia de Facundo. Primero, apelando a una generosidad a todas luces inexistente, le pidió nuevamente a E.R. que acercara la agenda al Juzgado. La mujer ni mosqueó. Finalmente al juez no le quedó otra alternativa y, hace algunas semanas, ordenó el secuestro de esa evidencia, lo que se concretó recién este miércoles.

Ahora el material (probablemente con hojas faltantes y con más tachaduras que letras a la vista) será peritado por la Dirección General de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal (Datip), dependiente del Ministerio Público Fiscal de la Nación.

“Más allá de la agenda en sí, lo que ya está claro es que esta señora mintió al menos dos veces en la causa, lo que objetivamente hace perder toda credibilidad en su testimonio”, dijo ante la consulta de este diario el doctor Leandro Aparicio. “Pero, obviamente, queremos saber todo lo que hay en esa agenda”, agregó.

Cristina no afloja

La declaración de E.R. de mayo de este año fue presenciada por Zoom por la madre de Facundo. “No hay dudas de que sus dichos fueron armados para desviar la investigación. Apenas se presentó dijo que era ‘alguien muy importante’ porque ‘volteó una causa’ y después dijo que quería verme y hablar conmigo para decirme lo que mi hijo le había dicho en ese viaje”, dijo Cristina a este medio para una nota anterior. Ella nunca creyó que la productora rural se hubiera siquiera cruzado con su hijo.

En esa audiencia de hace poco más de cinco meses, E.R. le dijo a los fiscales que quería encontrarse con Cristina y hablarle “cara a cara”. Otra mentira. “Cuando terminó de declarar, el fiscal (Horacio) Azzolin la despidió y a la vez me agradeció a mí por estar conectada en esa audiencia. Cuando me nombró, ella se dio cuenta de que yo había escuchado todo y ahí se le transformó la cara. Desde ese día nunca más pisó la estación de servicio donde trabajo”, recuerda.

Tras hacer conseguir que en la Shell de Pedro Luro le den el día, el próximo lunes Cristina estará en la Ciudad de Buenos Aires para participar de una audiencia pública en la Cámara de Diputados. Convocada por el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad, compartirá el encuentro con otras madres, padres y familiares de víctimas del gatillo fácil y la violencia estatal.

Allí llevará su testimonio de lucha, comentará las novedades de la causa, denunciará la impunidad y, como siempre lo hace, recordará con amor al hijo que hace dos años y medio le arrebató el Estado en el marco de la cuarentena represiva dictada por el gobierno del Frente de Todos.


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