[ENTREVISTAS] El 17 DE OCTUBRE Y EL PERONISMO

Caruso: “El peronismo desde su emergencia se proyectó como un movimiento policlasista”

Valeria Caruso es Doctora en Historia, docente universitaria e investigadora del CONICET/IIEGE. Se especializa en historia intelectual argentina durante el periodo de la proscripción al peronismo.

Jueves 15 de octubre | 21:06

LID: ¿Qué fue el 17 de Octubre y qué significado tiene hoy?

Valeria Caruso: El 17 de octubre de 1945 puede ser pensado como un acontecimiento multidimensional, ya que ese evento condensa múltiples interpretaciones y significaciones. Para algunos, fue el momento que marcó la entrada inaugural del peronismo a la escena pública como expresión de aquellos sectores que hasta entonces habían sido excluidos del juego político, reclamando la liberación de Perón y su rehabilitación como candidato presidencial, tal como lo expresara la conocida crónica de Raúl Scalabrini Ortiz.

Para otros, significó advertir el advenimiento de un “Otro” extraño y amenazante al modelo social instituido. Distintos escritos sobre esa jornada de octubre, que van desde los de Félix Luna a Jorge Luis Borges, pasando por Julio Cortázar y Ezequiel Martinez Estrada, nos permiten observar la sensación de extrañamiento y aversión que la llegada de los trabajadores a las zonas respetables de la ciudad provocó entre los sectores medios y altos. Si bien las manifestaciones obreras no eran una novedad en la vida cívica local, lo que sí resultó inédito - según podemos apreciar a través de la pluma de estos observadores de la época- fue el aspecto y los modos que los manifestantes desplegaban a su paso por la ciudad, contradiciendo los estándares de comportamiento y decoro. Su avance fue descripto como si estuviera aconteciendo la invasión de la “barbarie” que hasta entonces parecía perimida.

Claro que las condiciones de posibilidad de “superación” de la “barbarie” implicó la negación de las condiciones de existencia de la plebe obrera y suburbana. Su exclusión no fue sólo en términos materiales, sino también simbólica y cultural. Teniendo en cuenta esta consideración, no resulta accidental la percepción de estos escritores sobre la irrupción de las multitudes que se manifestaron el 17 de octubre de 1945. Quienes entonces se manifestaron transgredieron los cánones de solemnidad y decoro esperados. Esta cuestión ha sido indagada por Daniel James en su clásico texto sobre el 17 de octubre. Para James, la participación obrera en esa jornada expresó una contienda por el acceso a la esfera pública hasta entonces negada por las elites políticas y culturales. La demanda por la liberación de quien hasta entonces había actuado como mediador estatal en los conflictos entre capital y trabajo devino en un cuestionamiento a los símbolos culturales de la elite que se articuló a través de las tradiciones y experiencias obreras, y reclamaron para sí un lugar de reconocimiento como parte activa de la sociedad argentina y ciudadanos de pleno derecho.

En los años sucesivos, durante las dos primeras presidencias peronistas, el 17 de octubre comenzó a conmemorarse con el “día de la lealtad” a Perón y al peronismo. La institucionalización de esta celebración, y a la vez, su ingreso a la liturgia peronista como hecho fundacional del movimiento, no implicó -ni implica- la dilución del carácter conflictivo que condensa toda conmemoración. Conmemorar supone hacer memoria con los otros, y al hacerlo se construye sentidos y narrativas sobre el fenómeno conmemorado. En este caso, pueden señalarse por lo menos dos disputas: hacia afuera, es decir, respecto a los no peronistas; y hacia el interior del propio movimiento, entre quienes se dirime la potestad de la “verdad” del peronismo y de quienes son los “verdaderos peronistas”. Claro que esta cuestión no es exclusiva del peronismo, sino que es constitutiva de toda identidad política, en tanto ésta deviene y se configura a través de los elementos simbólicos en los que edifica su propia tradición.

Durante el periodo de la proscripción del peronismo que se inició en 1955, la conmemoración del 17 de octubre devino en el “día de la resistencia” a los intentos institucionales de borrar de la vida política del país al movimiento liderado por Perón. Muchos de los actos y rituales conmemorativos que se organizaron a lo largo de los dieciocho años en los que el peronismo estuvo prohibido buscaron exponer en la escena pública la existencia de una fuerza política que seguía vigente más allá de las proscripciones que sobre ella se imponían.

Hoy el 17 de octubre, como desde la institucionalización de su conmemoración como acontecimiento fundacional del movimiento, es un momento de reactualización del legado peronista en función de las demandas y conflictos del presente, en el que los peronistas y las peronistas manifiestan las características de su presencia en la escena pública nacional.

LID: Se han planteado diferentes interpretaciones respecto al peronismo como fenómeno político, entre otras, su emergencia como expresión de la burguesía nacional ¿Qué opina de esta visión? ¿Y de las lecturas y debates a que dio lugar?

Valeria Caruso: El peronismo, desde su emergencia en la escena política argentina, se proyectó como un movimiento policlasista. Esto es, de posicionarse como mediador y armonizador de la conflictividad política y social existente en el país. Un elemento constitutivo de esta proyección fue la propuesta de forjar una “alianza de clases” como alternativa a la “lucha de clases”. Claro que la intención de Perón de diluir la “lucha de clases” a través de la mediación del Estado puede ser leída como expresión de la política burguesa por erradicar/negar una cuestión que es intrínseca de las sociedades capitalista, como la nuestra. No obstante, el peronismo, por momentos, parece presentarnos un misterio: la persistente identificación de la clase obrera con esa fuerza política. Omar Acha en su libro Crónica sentimental de la argentina peronista nos ofrece algunas claves para pensar sobre esa pregnante identificación de la clase obrera argentina con el peronismo.

LID: ¿Cuál ha sido la relación del peronismo con las clases medias y otros actores sociales?

Valeria Caruso: La relación del peronismo con las clases medias y otros actores sociales ha sido conflictiva y variable a lo largo de su historia, más allá de las pretensiones de armonizar las diferencias de intereses y demandas sociales que intentó articular. Tal como ha estudiado Ezequiel Adamovsky en su libro sobre las clases medias, ya en los primeros años de la primer década peronista pueden observarse iniciativas estatales tendientes a estrechar lazos con los sectores medios, no siempre fructíferos. No obstante, durante las casi dos décadas que duró la proscripción, jóvenes provenientes de los sectores medios se aproximaron al peronismo en tanto entendían que era el vehículo para materializar la revolución social anhelada. Luego de la derrota del paradigma revolucionario de los ´60 y´70 y el posterior triunfo del dogma neoliberal en el país, la presidencia de Carlos Menem puede ser pensada como uno de los momentos en los que ciertos sectores de las clases medias se sintieron representadas por el peronismo en sus demandas de consumo y en la promesa de ingresar a la Argentina al primer mundo. Posteriormente, y en un sentido diametralmente opuesto, la década kirchnerista cobijó a fracciones del progresismo de clase media. Hoy es pensada por estos últimos como alternativa de poder a la derecha macrista.

LID: Distintos historiadores han definido la existencia de tres y de cuatro peronismos, ¿Cómo plantearía esa posible periodización hasta el presente? ¿Qué es el peronismo en la actualidad?

Valeria Caruso: La obra de Ricardo Sidicaro ha contribuido a pensar las dinámicas de poder y las relaciones económicas y sociales que se desarrollaron durante los gobiernos presididos por peronistas. De allí que nuevos investigadores e investigadoras hayan intentado estudiar las características de los gobiernos kirchneristas en relación con las premisas interpretativas presentes en el trabajo de Sidicaro.

No obstante, me parece necesario indagar acerca de las particularidades que adquirió el peronismo fuera del poder del Estado en cada una de las coyunturas históricas en las que no fue gobierno, y sobre todo, cómo tramitaron los y las peronistas esa cuestión. Dado que los contextos y condiciones de posibilidad para la existencia del peronismo en la vida política argentina dependió – y depende-, en gran medida, de las modalidades de intervención que desarrollaron no sólo las primeras líneas dirigenciales sino también los y las militantes de a pie. Reconsiderar la periodización y analizar esta última cuestión puede ayudarnos a comprender mejor la vigencia del peronismo en la escena política nacional.

Hoy el peronismo, como en el pasado, es muchas cosas a la vez. Claro que muchas de esas “cosas” variaron en el tiempo en relación con las demandas de cada coyuntura histórica. Sin embargo, a mí entender, es posible advertir ciertos elementos del gobierno de Fernández que lo aúnan con las experiencias peronistas anteriores. A pesar de la existencia de ciertas críticas internas que cuestionan su carácter peronista en relación - entre otras cuestiones- a su reivindicación recurrente a Ricardo Alfonsín, considero que la filiación que el presidente establece con el líder radical condensa -implícitamente- la intención de fundar un relato que lo diferencie de la experiencia kirchnerista anterior, al mismo tiempo que potenciar su capacidad como mediador de la conflictividad política de los últimos años. Lo cual nos permite advertir un objetivo sustancial de este gobierno que lo vincula con las experiencias peronistas pretéritas, en particular, con las de las primeras presidencias de Perón. Es decir, la intención de promover la “conciliación” social desde el Estado por la gestión de Fernández como un “nuevo pacto social”. Claro que los actores involucrados en ese pacto “marcan la cancha” acerca de lo que están dispuestos a negociar y a ceder en pos de la conciliación social propuesta por el presidente. Esto explica -en parte- las marchas y contramarchas de ciertas iniciativas -como la expropiación de Vicentin- y proyectos de ley -como el de la contribución extraordinaria a las grandes fortunas-.

LID: Lectura sugerida

Omar Acha, Crónica sentimental de la Argentina peronista: Sexo, inconsciente e ideología, 1945-. 1955, Buenos Aires, Prometeo, 2013; Omar Acha y Nicolás Quiroga, El hecho maldito. Conversaciones para otra historia del peronismo, Rosario, Prohistoria, 2012; Ezequiel Adamovsky, Historia de la clase media argentina: Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003, Buenos Aires, Planeta, 2009; Fernando Alberto Balbi ‘...esa avalancha de homenajes’: campo de poder, lealtad y concepciones de política en el primer peronismo, en Anuario de Estudios en Antropología Social, 2004; Marcela Ferrari y Mellado Virginia, “Renovación peronista y juegos de escala en la reconstrucción democrática argentina (1983-1991). Aportes en clave subnacional”, en Boletín Americanista, Barcelona, 2020; Daniel James, “17 y 18 de octubre de 1945: el peronismo, La protesta de masas y la clase obrera argentina”, en Desarrollo Económico, v. 27. N° 107, 1987; Silvana Ferreyra, El peronismo denunciado. Antiperonismo, corrupción y comisiones investigadoras durante el golpe de 1955, Buenos Aires: Eudem-GEU, 2018; Mariana Garzón Rogé, “De enigma a paradoja. Reensamblar la política de los primeros peronistas (1945-1955). Boletín Del Instituto De Historia Argentina Y Americana Dr. Emilio Ravignani, Nº 51, 2019; Julieta Quirós, El porqué de los que van. Peronistas y piqueteros en el Gran Buenos Aires (una antropología de la política vivida), Editorial Antropofagia, 2011.

Dado que los contextos y condiciones de posibilidad para la existencia del peronismo en la vida política argentina dependió – y depende-, en gran medida, de las modalidades de intervención que desarrollaron no sólo las primeras líneas dirigenciales sino también los y las militantes de a pie. Reconsiderar la periodización y analizar esta última cuestión puede ayudarnos a comprender mejor la vigencia del peronismo en la escena política nacional.

Valeria Caruso es Doctora en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Docente en la carrera de historia en esa facultad y desarrolla tareas de investigación como becaria posdoctoral del CONICET/IIEGE. Se especializa en historia intelectual argentina durante el periodo de la proscripción al peronismo. Su proyecto de investigación posdoctoral indaga sobre el proceso formativo del campo intelectual feminista en la Argentina durante la transición democrática. Entre sus últimos artículos publicados se encuentran “Del nacionalismo a los cauces de la izquierda peronista: Un recorrido posible por la trayectoria política e intelectual de Alicia Eguren durante el período de proscripción del peronismo”, Revista Izquierdas, Nº49, junio 2020; “Raimundo Ongaro, un intelectual para la liberación de las bases”, Claves. Revista de Historia, Vol. 5, Nº8, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República, Uruguay; “La Izquierda peronista como cultura política”, Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda, Buenos Aires, Año VIII, Nº15.







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