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Carne: negocios, superexplotación y consecuencias ambientales

Los altos precios de la carne son la forma más visible del negocio. La vorágine por aumentar la rentabilidad empieza en el campo, pasa por frigoríficos y desembarca en los buques de exportación. Las estrategias para aumentar las ganancias de la industria de la carne al máximo, se multiplican.

Luján Calderaro

@tete_calderaro

Sábado 20 de febrero | 21:31

Fotomontaje Enfoque Rojo

En otra nota mostramos cómo la industria de la carne es casi un calco de lo que era en el siglo anterior: los frigoríficos escupen trabjadores rotos, y tragan jóvenes a costa de una precarización extrema. La rueda sigue girando, por los siglos de los siglos, para que la carne continúe siendo lo que siempre fue: un privilegio más.

Los empresarios de la carne hablan de un mercado abastecido. Otros, en cambio, dicen que son cada vez menos quienes pueden demandarla; los precios altos hacen de la carne un lujo que pocos pueden darse. Con estos números, son pocos también quienes se benefician. Los precios, en realidad, son la forma más visible del negocio.

La vorágine por aumentar la rentabilidad que ofrece la carne, empieza en el campo. ¿Cuáles son las estrategias de los empresarios y terratenientes en la industria de la carne? Desde el campo, pasando por los frigoríficos y la bicicleta financiera hasta los buques de exportación, las artimañas para aumentar las ganancias al máximo, se multiplican.

Abastecidos ¿Quiénes?

Según declaró Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) en una nota del diario Clarín, el mercado interno está “muy bien abastecido”, en volumen suficiente de carne bovina, porcina y aviar, superando el consumo per cápita los 115 kg/habitante/año (52 de carne vacuna, 48 de carne aviar y 17 de carne porcina).

Desde los ojos de quienes están detrás del mostrador, se ve otra cosa. Según el presidente de la Asociación de Carniceros de la Capital Federal, Alberto Williams, el consumo de carne “viene mal” porque la carne está cara y a la gente le cuesta comprar. Tanto es así, que el consumo de carne de vaca por persona sigue cayendo por tercer año consecutivo, mientras que Argentina es la quinta proveedora mundial de carne vacuna.

El presidente de la FIFRA agregó que el mercado “abastecido”, “permite que los precios se adecuen en función de las leyes de la oferta y la demanda, atendiendo tanto al mercado doméstico como a la exportación". Pero ¿los precios realmente se adecúan a las leyes de la oferta y la demanda?

Según economistas de diarios como La Nación, Clarín o El Litoral, los precios altos de la carne responden [a la presión de los altos impuestos que pesan sobre la cadena productiva. Especialistas en el tema, por el contrario, afirman que los empresarios remarcan los precios (en pesos) en el territorio nacional, para intentar equiparar la ganancia que obtendrían si a esa misma carne, la exportan al extranjero (en dólares). Como afirmó Hector Polino para este diario, “los precios aumentan todos los días, y los impuestos no”.

Para Martin, trabajador del frigorífico ex Penta, quienes pueden darse el lujo de “demandar” carne, son unos pocos: “no se vende carne porque está re caro, ¿Quién va a comer carne hoy? Por eso no se hacen tantas horas en faena ahora. 8, 10 años atrás, estábamos las 9 horas todos los días. Hacíamos 1000 y pico de animales por día, vendían carne a full. Hoy nadie come carne. Te vas a comprar un kilo de carne y está arriba de los 500 mangos y la gente se cuida mucho. Por eso buscan la exportación, para ver si pueden levantar”.

Los empresarios califican de “abastecido” a un mercado al que acceden solo quienes tienen la capacidad de pagar. No olvidemos, que casi el 90 % de las familias del país están endeudadas, y que se registra una tendencia mayoritaria a destinar parte de esta deuda a la compra de alimentos[1]. La gente se endeuda cada vez más, para comer. La noticia de un hombre que fue interceptado por la policía luego de robarse una tira de asado en Córdoba, es un claro efecto de esa misma exclusión.

Y la exclusión de grandes sectores de la población del consumo, no es nueva en esta parte del continente. En 1905, trabajadores chilenos reclamaban contra los altos precios de la carne argentina en su país. La respuesta que lograron también tuvo como protagonista a la policía: “los subidos precios de los más esenciales alimentos de consumo, junto con el impuesto al ganado argentino fue objeto de que la clase proletaria, la más perjudicada con estas continuas imposiciones, organizara un meeting donde emitir su protesta con respeto y seriedad, la que ha degenerado en la más horrible carnicería humana”[2].

Maltrato animal y contaminación ambiental: el método “Feedlot”

Cuando te subís a un subte y está atestado de gente, decís: “viajamos como ganado”. La frase, nos lleva directamente al campo.

“Ganado” es hoy sinónimo de un método de producción implantado en los ´90, más conocido como “feedlot”: engordar más cantidad de vacas, en menos tiempo y espacio. Así, el peso del ganado se aumenta en menos tiempo. En una nota de Clarín, se sintetiza muy bien esta idea: “Sin duda, la exportación es la carta que hace brillar los ojos de la cadena de la carne, que está alineada con el Estado en la apertura de nuevos mercados y en la búsqueda de esquemas que sirvan para balancear la puja entre los mercados interno y externo. El objetivo: asegurar el consumo de los argentinos y a su vez potenciar el ingreso de divisas por la venta de carne de calidad. La clave: aumentar el peso de faena.”

El engorde intensivo del ganado en corrales, permitió criar vacas en parcelas más chicas de tierra, algo necesario cuando la producción de soja había ocupado la mayoría del suelo cultivable en la Argentina. Así, las vacas dejaron de alimentarse a base de pasturas a campo abierto, y lo hacen a base de cereales, suplementos proteicos y vitamínicos. Con el nuevo método, se requieren entre 12 y 18 meses para llegar a un animal de 300 kilos, mientras que, con el anterior, se tardaba mínimo 2 años. ¿Redondo no?

Aproximadamente, 30 % de la oferta de carne del país proviene de este sistema de producción; y más del 80 % de los novillos que se faenan en la Argentina se terminan a corral. El método funciona. Los terratenientes viven como reyes, realizan banquetes para rematar el semen del mejor toro por millones de pesos (la genética fue la “vedette” de la muestra ganadera en La Rural), frenan leyes que tocan sus bolsillos (como “La 125”, ley que buscaba cobrarle retenciones –impuestos- a las millonarias ganancias del campo) y disponen del brazo armado del Estado, cuando la propiedad privada se cuestiona (históricamente, de ahí la masacre de la Patagonia Trágica, de ahí la desaparición y muerte de Santiago Maldonado).

Carlos Alonso, Carne congelada, 1974.
Carlos Alonso, Carne congelada, 1974.

El método funciona para ellos. Desde el Área de Divulgación Científica y Tecnológica de la Facultad de agronomía de la UBA, Ileana Ciapparelli, docente de la cátedra de Química Inorgánica y Analítica de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), señaló que “los establecimientos se convierten en fuentes de contaminación de aguas superficiales y sub superficiales, y de los suelos sobre los cuales se ubican”, a causa de las grandes concentraciones de nutrientes, sales, antibióticos y compuestos orgánicos que se encuentran en los miles de toneladas de estiércol. Un estudio registró cantidades elevadas de fósforo en el suelo de los campos con cría de ganado. Otra investigadora, hizo hincapié en que las grandes concentraciones de estas sales en el agua pueden hacer que el agua deje de ser potable.

Juan, trabaja en Ecocarnes S.A, frigorífico que exporta a China. El mercado asiático representa alrededor del 70 % del volumen exportado de la carne argentina. Con la venta de la “vaca flaca”, los empresarios de la carne encuentran otra forma de ganar: comprar vacas viejas a bajo costo, y venderlas a China como si fueran jóvenes.

Juan lo describe así: “los mataderos ahora aprovechan la exportación de la “vaca china”: vacas muy viejas, que antiguamente se morían en el campo, vacas lecheras, vacas para cría, que ya no dan más; la “vaca flaca” le dicen. Porque compran la vaca barata que se está muriendo en el campo, y esa vaca la están exportando. El consumidor normal no compraría ni de casualidad una vaca de esas, y no la vende en la carnicería. Porque la miras y decís, “esta vaca está toda podrida”. Y es así, está toda podrida, toda flaca, toda desarmada, no tiene casi carne, puro cuero y hueso. Exportar vaca vieja para China, ese es el negocio hoy”.

Un mes trabajó Esteban, en uno de estos frigoríficos en Nueva Zelanda, y se hizo vegetariano.

Carlos Alonso, Carne de primera, 1977
Carlos Alonso, Carne de primera, 1977

Menos, es más: la explotación en el frigorífico

En la fábrica funciona bastante bien otro método: producir más con menos brazos (salarios) y en menos tiempo. En el frigorífico Penta, el “garca” del dueño implementó un sistema que en recursos humanos se hace llamar “reducción de gente”: en laburos donde deberían trabajar 3, quieren hacer trabajar a dos. Martín, trabajador de la ex Penta dice “redujeron gente para pagar menos sueldos, total para ellos el trabajo puede salir igual. Los tres frigoríficos laburan con menos gente”.

Otra estrategia empresarial que también podríamos calificar como “bien garca”: el cambio de firma de las empresas. El frigorífico Penta cerró en 2020, y luego reabrió, bajo otro nombre. En cuanto al cierre, dice una nota de La Nación: “Apareció una nueva sociedad que fue recientemente inscripta ante la AFIP donde Ganadera de las Pampas figura como la principal planta frigorífica del grupo que sustituirá a Penta. Mientras que Avellaneda Carnes, que anteriormente formaba parte del holding empresarial, ahora pasó a llamarse Ganadera Varela”. Un trabajador de frigorífico lo explicó: “Le cambian el nombre para evadir impuestos, para limpiar las deudas, pero sigue siendo el mismo dueño”.

A Martín no lo despidieron, la empresa directamente cerró en marzo de 2020: “No le mandó telegrama a nadie, así se ahorraba la indemnización. Mucha gente que no reincorporó cuando reabrió con una nueva firma, envió carta documento. No les reconocen todos los años laburados”. En un país donde se gobierna para “los garcas”, a estos delitos les sigue la impunidad, mientras son ocultados por los grandes medios de comunicación.

En el sector de ganados y carnes, se detectó que “algunos operadores habrían instrumentado lo que se denominó "rulo cambiario", una maniobra por la cual se habrían subfacturado algunas exportaciones, para dejar parte del monto real depositado en alguna cuenta del extranjero, para luego ingresarlo al circuito "en blanco" a través de las operaciones de "contado con liquidación". En el mundo financiero, también se gana.

La cadena vacuna

Antes de llegar a la góndola, la carne recorrió un largo camino con un solo objetivo: convertirse en la mayor cantidad de ganancia. Para esto, el proceso productivo se exprime al máximo generando consecuencias ambientales y maltrato animal, golpeando salarios y cuerpos que son números. A esta cadena de producción la podríamos resumir así: ganar la mayor cantidad de riqueza con el menor esfuerzo (propio) posible, y explotando (al máximo) el esfuerzo ajeno.

Este tipo de empresarios son los que se espera que “ganen” en el crecimiento económico que proyecta el Gobierno Nacional y economistas para el 2020. ¿Cuánto de ese crecimiento será para los trabajadores que dejan la vida en las fábricas? ¿Cuánto de esas ganancias serán dirigidas a responder a las emergencias sociales más graves como la pandemia, la pobreza y la violencia machista y no a seguir multiplicándose en rulos cambiarios?

[1] Gago, Verónica (2019) La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo. Tinta Limón, Buenos Aires.
[2] Esta nota fue escrita por la corresponsal Eloísa Zurita de Vergara desde Antofagasta, Chile, en el periódico La Alborada, editado en Valparaíso e impulsado por el feminismo obrero, una corriente de trabajadoras organizadas en el Partido Socialista dirigido por Luis Recabarren. Ver: Quay, Hutchinson, E. (2014) Labores propias de su sexo: Género, políticas y trabajo en Chile urbano 1900-1930. LOM Ediciones, Santiago de Chile.







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