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Red Internacional

Héctor Cámpora fue presidente por 45 días. Su gobierno fue sinónimo de la primavera frentepopulista de 1973, antes de ser obligado a renunciar por un golpe de palacio de la derecha peronista. ¿Cuál era el contenido del camporismo? ¿Es La Cámpora su sucesora?

Facundo AguirreIG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Viernes 18 de diciembre de 2020 | 23:08

Cámpora se apoyó durante su campaña electoral en la Tendencia Revolucionaria del peronismo y la JP. La relación de Cámpora y la JP no era una construcción que alternativizara a Perón, sino fundamentalmente que servía a Perón. Le permitió atraer el voto de la juventud pequeñoburguesa de las grandes ciudades, históricamente gorila, para ganar en primera vuelta en marzo de 1973. A su vez contenía a esa juventud que se radicalizaba y creía ver en el peronismo una fuerza antiimperialista y para luchar por la “patria socialista”, dentro de su política de desvío del ascenso de masas abierto en Córdoba en mayo de 1969.

Montoneros y el Cordobazo

Montoneros hace su aparición pública con la ejecución del general Pedro Eugenio Aramburu el 29 de mayo de 1970. Mario Firmenich y Norma Arrostito, definieron que: “El día en que el pueblo festejaba el primer aniversario del Cordobazo. Habían nacido los Montoneros. El "Aramburazo", como lo bautizó el pueblo, que jamás tuvo dudas respecto de los autores del operativo, fue el lanzamiento público de una organización político militar que habría de transformarse, en poco tiempo en ejemplo y bandera del peronismo, en la máxima expresión de la lucha del pueblo contra el imperialismo y todos sus aliados y sirvientes nativos”

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Para Montoneros su existencia es la máxima expresión de la lucha de clases, es decir una superación del Cordobazo. Pero su objetivo consistía en traer de regreso a Perón por la vía de la lucha guerrillera, no profundizando en el camino del Cordobazo y la unidad obrero-estudiantil, sino separando a la juventud combatiente de las luchas de la clase obrera, la gran protagonista de la insurgencia. Perón los va a concebir como las “formaciones especiales” que le permitía al líder exiliado inclinar la mesa con la amenaza de la radicalización y negociar los términos del Gran Acuerdo Nacional que proponía el general Alejandro Lanusse.

En 1972, Montoneros se suma con todo a la campaña electoral del peronismo y desde ese momento hegemoniza e impone su impronta al conjunto de la JP y la Tendencia Revolucionaria. La guerrilla peronista va a ponerse en sus hombros la campaña por Héctor Cámpora y el conservador popular Vicente Solano Lima. Ambos, se impusieron con el apoyo de Perón impedido de presentar su propia candidatura, sobre el aparato de la burocracia sindical que, a través de la UOM, financió la misma.

En cierto sentido la candidatura de Cámpora fue vista por la JP como una victoria propia y una señal de que Perón haría real su promesa de instaurar el “socialismo nacional”. En este período Montoneros gana peso de masas y su política llevará a la juventud radicalizada a plegarse al desvío del ascenso obrero y popular que consistía en salvar el régimen de dominio y las instituciones del Estado burgués, sobre todo a las FFAA, del proceso de insurgencia social, mediante la salida electoral.

Cámpora al gobierno, Perón al poder

Tal fue el grito de guerra de la JP en la campaña electoral. Cámpora en el cierre de campaña en la cancha de Independiente sostuvo que los comicios del 11 de marzo de 1973 no eran “una elección más, porque ese día hay que producir el argentinazo a través de las urnas”, es decir que, su campaña prometía cumplir con la tarea iniciada en el Cordobazo de terminar con la dictadura, claro que, ya no por medio de la acción de masas sino por los mecanismos del sufragio universal.

Se suele celebrar el 25 de mayo de 1973 como el punto cúlmine de la primavera camporista. El día de la asunción presidencial fue festejado como una auténtica victoria popular contra al régimen proscriptivo que inauguró la Revolución Fusiladora de 1955. Decenas de miles se lanzaron a las calles y pujaban por entrar a la Casa de Gobierno. Fueron los cordones de militantes de la JP y Montoneros los que impidieron y pusieron orden a la movilización. En la ceremonia Cámpora se abrazaba con Salvador Allende (presidente de Chile) y Osvaldo Dorticós (presidente de Cuba).

En las calles otros tantos de miles se movilizaron al penal de Villa Devoto para arrancar de la cárcel a los presos políticos de la dictadura. El llamado Devotazo constituyó quizás el homenaje que las manifestaciones le hicieron al Cordobazo, obligando al gobierno de Cámpora a declarar esa misma noche la amnistía para los presos políticos.

En éste acto también Cámpora se muestra como un gobierno débil para lidiar con la iniciativa de las masas y toda su autoridad frente a ellas provenía de Perón y del apoyo de la JP. Pero el peronismo, para su líder, no retornaba al poder para profundizar el camino de la lucha anti-imperialista, sino para negociar con el imperialismo, mostrándose capaz de restaurar el orden y controlar la acción de las masas.

Las tomas

El gobierno de Cámpora debe su carácter frentepopulista a su tarea: contener a los sectores radicalizados. El hecho de no lograrlo es lo que sella su suerte final. Cámpora tenía que aplicar el Pacto Social y eso implicaba restaurar la disciplina. Con el Pacto Social diseñado por José Bel Gelbard, Perón cerró un acuerdo con la burocracia sindical de la CGT y los empresarios de la CGE que restablecía el orden fabril. Un acuerdo de precios y salarios que iba en detrimento de los ingresos de los trabajadores, que fortalecía a la odiada burocracia sindical y daba más poderes a la legislación represiva del Estado.

Por el contrario, ni bien asume Cámpora se da un proceso masivo de ocupaciones de empresas, universidades, escuelas y oficinas públicas sin precedentes. Había un reclamo generalizado de impedir que los personeros de la dictadura se queden refugiados en el sector público y ocupaciones que respondían a demandas postergadas y reivindicaciones urgentes. Entre el 4 y 15 de junio donde se da el pico del movimiento se suceden más de 500 ocupaciones. Como sostiene el investigador Flavian Nievas: “Nada quedaba fuera del alcance de este movimiento: hoteles, organismos oficiales, hospitales, universidades, diarios, radios, canales de televisión, fábricas, teatros, ministerios, la Casa de Gobierno de Tierra del Fuego, pensiones, inquilinatos, departamentos, etc, ¡hasta un circuito automovilístico y la República de los niños fueron ocupados”. En el movimiento obrero se produjeron 120 huelgas entre junio y septiembre de 1973, en el 43% de ellas, se producen las ocupaciones de plantas.

El conflicto más emblemático del período será la toma de los Astilleros Astarsa. Ante la muerte de un obrero los trabajadores del Astillero divididos en dos plantas y dos gremios, UOM y navales, deciden unificadamente en asamblea la toma de la fábrica pese a la fuerte oposición de la burocracia. La ocupación obligó al ministro de trabajo a hacerse presente y negociar directamente con el comité de lucha. A partir de entonces los obreros impusieron la Comisión de Seguridad e Higiene que funcionará hasta el golpe de 1976. Astarsa será una de las tantas huelgas salvajes y rebeliones anti-burocráticas que protagonizará la vanguardia obrera durante todo el periodo.

La capitulación

El 20 de junio de 1973, se produce la Masacre de Ezeiza. Cámpora entregará la comisión organizadora a manos del teniente coronel Jorge Osinde, del burócrata José Ignacio Rucci y la peronista de ultraderecha Norma Kennedy el control del palco donde debía hablar Perón y desde allí llevan adelante una masacre contra los manifestantes. Perón responsabilizará a los Montoneros de dicha acción y le bajará el dedo a Héctor Cámpora, exigiéndole su renuncia. El 12 de julio Cámpora y Solano Lima hacen formal la decisión de renunciar y asume la presidencia interina Raúl Lastiri, yerno de José López Rega y cabeza política de las bandas de ultraderecha del peronismo. Ese mismo día matones armados enviados por la burocracia sindical ocupan a punta de pistola el local de la CGT Córdoba liderada por el vicegobernador Atilio López, símbolo del Cordobazo y en cuya directiva se encontraba Agustín Tosco.

Cámpora entregó el gobierno sin resistir y los Montoneros justificaron el golpe porque el pueblo quería que Perón fuera presidente. Si la masacre de Ezeiza fue el bautismo de fuego de la derecha peronista que va a formar la Triple A, la renuncia de Cámpora fue su primer gran victoria política. Se va a imponer una política de ataques contrarrevolucionarios a la vanguardia obrera y juvenil, golpeando a la propia JP, como forma de enfrentar la insurgencia fabril.

Camporismo y contrarrevolución

El frentepopulismo de la primavera camporista lejos de ser un momento de construcción de un “gobierno popular” en disputa, resultó el primer capítulo de una política cuya finalidad fue darle fin a la insurgencia obrera y juvenil que ponía en jaque a la Argentina capitalista. La función del camporismo consistió en desarmar políticamente a una extendida vanguardia juvenil y separarla de la lucha de la clase obrera para reconducirla bajo la dirección del peronismo a la conciliación con la sociedad burguesa.

Ya en aquellos tiempos Mario Santucho adelantaba una especie de teoría del “gobierno en disputa”, en su famosa carta a Cámpora "Porque el ERP no dejará de combatir". Allí se sostiene “El gobierno que el Dr. Cámpora presidirá representa la voluntad popular. Respetuosos de esa voluntad, nuestra organización no atacará al nuevo gobierno mientras éste no ataque al pueblo y a la guerrilla. Nuestra organización seguirá combatiendo militarmente a las empresas y a las fuerzas armadas contrarrevolucionarias. Pero no dirigirá sus ataques contra las instituciones gubernamentales ni contra ningún miembro del gobierno del presidente Cámpora”.

Santucho separa al gobierno que expresa la “voluntad popular” del Estado que es quien garantiza la dominación política de la burguesía. Advirtiendo correctamente que el llamado a una tregua en la lucha es una trampa, culmina su carta llamando “al presidente Cámpora, a los miembros del nuevo gobierno y a la clase obrera y el pueblo en general a no dar tregua al enemigo”. Es decir que concebía posible un bloque común con un sector del peronismo en el poder como parte de los objetivos de la lucha por la liberación nacional, una versión fierrera del frentepopulismo que les otorgaba cualidades revolucionarias a los miembros de la política burguesa.

Camporismo posmoderno

La Cámpora, agrupación que conducen Máximo Kirchner y Andrés Larroque se arroga a si misma la mística de ser la realización de un gobierno popular y democrático, no sólo evitando que la derecha avance, sino que la izquierda no cometa los errores que cometió el setentismo desafiando a Perón. A diferencia de Montoneros y la JP que creció como producto de la radicalización de la insurgencia obrera y popular y la lucha contra la dictadura de Lanusse, La Cámpora fue formada desde el Estado, cooptando cuadros profesionales rentados y distribuyendo cargos y dinero por doquier. No fueron nunca una expresión de lucha, sino una burocracia estatal.

Como contrapeso a los sectores reaccionarios del peronismo en el gobierno de Alberto Fernández tienen el mérito de haber impulsado la derechización de la agenda y acompañado la represión de Sergio Berni en Guernica, el encubrimiento por el crimen de Facundo Astudillo Castro, la capitulación frente a la asonada de la policía bonaerense, la votación del acuerdo con los bonistas, el presupuesto de ajuste y el ataque de los haberes jubilatorios ordenado por el FMI, entre otras cosas. Uno de sus referentes, Larroque, salió a reivindicar a Rucci, uno de los conspiradores que dieron el golpe palaciego contra Cámpora, mientras preparaban la represión en Guernica.

Lejos del camporismo que prometía la “patria socialista”, los camporistas posmodernos del kirchnerismo que tanto se llenan la boca del relato, proponen la épica del malmenorismo de aceptar el ajuste y el empobrecimiento general porque peor sería que lo haga Mauricio Macri. Sin los ribetes trágicos del original, el neo camporismo le abre camino a la derecha mientras denosta con los mismos métodos macartistas de la burocracia sindical cualquier critica por izquierda.

Para los marxistas revolucionarios, la lección que deja Cámpora en la historia es que ningún gobierno burgués, por más progresista que sea, es vía para luchar por la liberación nacional y la derrota de las políticas capitalistas contra los trabajadores. Mucho menos por el socialismo. La independencia política de los trabajadores, las mujeres y la juventud y su autoorganización, es la condición para derrotar a la derecha y barrer con el régimen de empobrecimiento y entrega del FMI.




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